Scene thirteen.

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Maratón 2/3.

Alejandra.

-No te va a llamar, supéralo- rueda los ojos Fabiola al ver como observaba esperanzada el maldito celular en donde de fondo tenía esa foto que ella me había tomado con él, abrazados.

Aún recuerdo su aroma y me atonta demasiado, me traslada a otro sitio diferente a este. Rayos ¿así se siente cuando vuelves a sentir esas mariposas revolotear en tu estómago? Pregunto pues hace dos años no me sentía así.

Mi pantalla de inicio tiene la foto de ambos sonrientes, él me tiene tomada de la cintura y yo le abracé, ambas fotos se me hacen tan tiernas y hermosas que siéndoles honesta, las tengo en unos bonitos cuadros en mi habitación, fabi no lo sabe todavía y no quiero que sepa aún, ya veo venir sus comentarios relativos a esas fotos, más por el hecho de tenerlas en cuadros.

Lo vuelvo a bloquear y suspiro rendida, maldita sea, no me llama para nada, debía de suponerlo, no quiere tener nada que ver conmigo, ni siquiera le intereso, probablemente sólo me invitó a salir para yo aceptar y a fin de cuentas mandarme por un tubo, estoy acostumbrada a eso. A lo único que me dedico es a seguir comiendo de mis macarrones con queso junto a un vaso de fría soda.

-Saldré con fred a comprar un poco de mandado, regreso en un par de horas- avisa mi mejor amiga al tomar su saco gris que termina por ponerse- cuídate y si ese grandote viene, diviértanse- sonríe y se va dejándome sola.

Sola con mi soledad, qué sorprendente. Nótese el sarcasmo.

Dan las seis de la tarde y José sigue sin darme señales de vida, me preocupa demasiado ¿qué tal si le pasó algo y yo estoy aquí de dramática porque no llama?

« Buzón Telcel, la llamada se cobrará... » Cuelgo.

Decido darme una ducha para poder arreglarme y verme presentable, tal vez quiera darme la sorpresa de que vendrá o qué sé yo pero sería lindo. El agua artificial me destensa y relaja, haciendo un magnífico trabajo, pensamientos negativos desaparecen y me termino por sentir bien; diez minutos después, salgo, me seco bien el cuerpo con la toalla y enredo otra en mi cabello, me pongo la ropa interior rápidamente, salgo para dirigirme a mi clóset, de éste tomo una blusa color ciruela de manga larga, unos leggins negros y me pongo unas vans del mismo color, dejo mi cabello caer hasta mis caderas y comienzo a cepillarlo, conecto la secadora y empiezo a secarlo.

Una coleta alta me hago y la alacio, finalizo al maquillarme y rociarme un poco de perfume, ya estoy lista. Me espero en la sala mientras veo televisión, están esas caricaturas que hasta ahora he amado: hora de aventura. Son divertidas.

Dan las ocho con quince y José nunca se dignó a llamar, yo lo hago pero me envía a buzón, le envío mensajes y no responde. ¿Dónde diablos estará?

Me arreglé en vano, mierda.

*-*-*-*-*-*-*-*

De: Ale.
Para: José.
Asunto: Te odio.
Sí no podías, por lo menos me hubieses llamado y no hacérmelo saber dejándome plantada como un maldito hongo.
Ya sabía que lo tuyo no era en serio.

Lanzo el celular lejos de mi vista sin importar el daño que llegue a tener, a fin de cuentas, da igual. Tomo la almohada y grito lo más fuerte que puedo para desahogarme, sollozo y termino llorando sin control, manchando la almohada de maquillaje, golpeo la cama con coraje ¿por qué a mí? Nunca me toman en serio. Detesto esto.

Sigo llorando con sentimiento, esto apesta, peor aún estoy sola y no sé a dónde ir, tengo poco aquí y no conozco casi nada.

« Y de ahí te llevo a conocer el DF cuando la noche nos visita. » recordé aquel mensaje del día de ayer, si claro, puras mentiras.

Como siempre, los chicos guapos así son y duele.

-Qué horror- digo al verme en el espejo del baño, parezco un intento de la niña del exorcista con todo el maquillaje corrido y mi cabello alborotado.

Abro el grifo del lavamanos, mojo mi cara y luego aplico jabón para deshacerme del maquillaje hasta verme natural, la seco con una toalla y regreso para cambiarme de ropa a una pijama. Cepillo mi cabello volviendo a rehacer una coleta pero esta vez baja.

De: Fabi.
Para: Ale.
Asunto: Llegaré tarde.
Digamos que... me estoy divirtiendo en el centro comercial y luego iremos a pasear, es increíble. ¿Qué tal tu cita con el grandote?

Lo que me faltaba, sola hasta que mi mejor amiga se le dé la regalada gana de volver. No le respondo, no quiero que sepa que me dejó plantada y lloré por eso. Carajo.

Escucho como tocan repetitivas veces la puerta que me empieza a fastidiar.

-¡Ya voy, joder!- grito desde mi habitación.

Salgo despavorida, seguramente es algún vecino que necesita ayuda para algo o que quiera un poco de azúcar (muy cliché pero cierto), abro la puerta y ahí está... camisa manga larga de cuadros azules y negros, pantalones de mezclilla oscuros, converse y ese sombrero, tan radiante y guapo.

Veo sus manos ocupadas por un ramo de rosas, varias películas y algo de botana, esto yo no me lo creo.

-¿Aún está en pie la cita aunque no sea en el cine?- sonríe.

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