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Me quedé muda, no podía salir nada de mi boca, y tampoco es que fuese una buena noticia para mi, eso era algo que definitivamente no me esperaba, no podría darle la espalda a mi madre, pero, ¿de quien era ese hijo que mi madre estaba esperando?

Mi madre carraspeó su garganta esperando mi respuesta -Y bien, ¿cómo te lo tomaste?-

-Y-yo, bueno, l-la verdad es q-que- resoplé -¿De quién es...?- señale su barriga.

Al instante bajo la cabeza y calló por unos minutos -Y-yo, n-no lo s-se- tartamudeó nerviosamente. Mis ojos se abrieron como platos -¿¡Qué?!, ¿¡Cómo es que no lo sabes?!- exclamé casi furiosa por su respuesta tan incoherente. Como en esos casos que la hija sale embarazada a los 16 y no sabe de quien es, pero esta vez, fue al revés.

-No me levantes la voz Grace Hamilton- se sobó las sienes con el dedo índice.

Bufé -Es enserio mamá, ¿y que se supone que vamos a hacer?-

Ella suspiro y apoyó los codos en la mesa para recargar su cabeza sobre sus manos -Sólo, no digas más, ¿si? Y escúchame lo que te voy a decir-

Rodé mis ojos y me crucé de brazos asintiendo -¿Recuerdas ese viaje de negocios? ¿De hace ya varias semanas?- Asentí -Bien, fuimos a una cena con unos empresarios con los que firmaríamos un contrato para un nuevo proyecto, ahí lo conocí, ese hombre alto, con barba, bronceado y con- no la deje terminar -No me interesa como era, sólo dilo ya mamá- tragó con dificultad y suspiro -Estábamos hablando de negocios entre nosotros, tomamos champaña, vinos, y entre otras bebidas y sin darnos cuenta, perdimos el conocimiento. No sabía lo que hacía Grace, no podía darme cuenta de que lo que hacia estaba mal-

-Ah claro, por supuesto mamá, mientras yo estaba aquí sola, tu estabas allá revolcándote con un señor que ni su nombre conoces, que buen ejemplo me estas dando- le aplaudí hipócritamente.

Y sin poder reaccionar sentí un fuerte dolor en mi mejilla derecha, mi madre me había golpeado. Fantástico.

-¡No tienes ningún derecho a hablarme así Grace, eres una menor de edad y vives bajo mi techo y yo te mantengo y mientras las cosas sean así, no puedes contradecirme y mucho menos gritarme!- contestó furiosa, casi lanzaba llamas por sus ojos.

-¿Sabes? Saldré por un tiempo, no me esperes- tomó su abrigo y salió, así sin más.

La frustración comenzó a invadirme y me tiré sobre el suelo a llorar, no debía haberle gritado de esa manera, pero sin duda eso que ella hizo estuvo mal, muy mal, obviamente no reaccionaria como "claro mami, no importa que ese hijo sea de alguien que ni conoces, eso es realmente bueno".

Y ahora me quedé sola, completamente sola.

Subí a mi habitación a encerrarme a llorar, digo, ¿qué más podía hacer?

Un fuerte sonido me sobresaltó haciéndome despertar, estiré mi brazo para apagar de donde provenía este sonido, lo que la mayoría de la gente odia, "La alarma".

Refregué mis ojos adaptándome a la luz del sol que se colaba por mi ventana, mire la hora y eran las 6:40 am, día de escuela, y en realidad no tenía muchas ganas de levantarme, mi mamá aún no volvía, lo sé porque normalmente la escuchaba usar su secadora de cabello por las mañanas, y además no es como si le importara mucho.

Me sentía muy sola, más sola que nunca y sin ánimos de hacer nada, por lo que preferí quedarme en la cama por todo el día, no me interesaba morir de hambre aquí adentro, que más da.

Me levanté a cerrar bien las cortinas y prendí la televisión mientras me quedaba dormida.

-Vamos, será sólo un rato- casi se ponía de rodillas ante mi.

Dreams; Chandler Riggs (EDITANDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora