38.

404 41 11
                                        


Caminaba lo más rápido que podía con mis pies descalzos sobre la húmeda y fría acera.

Había retirado el antifaz de mi rostro y estaba segura de que lucía fatal. Mi cabello ahora húmedo y esponjado y con la máscara de pestañas corrida alrededor de mis ojos. Y mis lágrimas se confundían con la ligera lluvia que adornaba las calles de Atlanta.

Parecía un mapache. No más Catwoman.

Rodeé mi cuerpo con mis brazos intentando darme un poco de calor y largué un fuerte sollozo, nadie podría escucharme.

Las imágenes de lo sucedido rondaban por toda mi cabeza.

Chandler estuvo a punto de acostarse con alguien. Y esta vez no fue Rachel, ni si quiera yo. Una simple desconocida.

Limpié mis lágrimas con la manga de mi disfraz y suspiré. Detestaba esto, sentirme así.

-¡Grace!- gritaron a lo lejos.

No hacia falta voltear la cabeza para saber quien era, eso claro estaba. Rodé los ojos, siempre sucedía lo mismo, hacía algo estúpido, se disculpaba y terminaba mencionando que no debía pedir disculpas porque no éramos nada. Ya debía estar acostumbrada.

Esta vez opté por no hacerle caso y simplemente lo ignoré.

Corrió hacia mi y llamó mi atención tocando mi hombro con su dedo índice, por obvias razones no me di la vuelta.

Suspiró y comenzó a sollozar; vamos Grace, solo quiere que le tengas lástima, sé fuerte.

Y sin previo aviso, me estrechó en sus brazos fuertemente, pero yo, no le correspondí el abrazo, no tenía porque.

Intentó tranquilizarse -P-puedo ex-plicarlo- limpió sus ojos irritados por las lágrimas que no dejaban de salir de sus ojos. Rodé los ojos de nuevo, me crucé de brazos y recargué mi peso sobre mi lado derecho esperando su ''explicación''. Su mirada transmitía mucho arrepentimiento.

No llores Grace... me repetía a mi misma una y otra vez.

Pero, ¿por qué debía escucharlo a él cuando se ha equivocado incontables veces?

Es decir, yo también me he equivocado, pero esto ya ha llegado muy lejos, estaba harta de ser tan buena y paciente con el; seguro se repetiría lo mismo.

Lo perdonaría y a los 3 días se volvería a equivocar.

Y eso me hizo explotar -¿Sabes algo?- busqué las palabras correctas mientras el esperaba cabizbajo -Estoy tan harta de todo esto, siempre te equivocas, estoy comenzando a sentirme usada- su cabeza pasó de mirar del suelo hacia mi, mis palabras lo hicieron sentir mal, su expresión lo decía todo.

Frunció el ceño -¿Qué es lo qué estas diciendo Grace? yo jamás te usaría, no puedo creer que esa sea tu opinión acerca de mi- sus ojos comenzaban a empañarse por las lágrimas que amenazaban con caer.

Solté una risa sarcástica, sentí que comenzaba a comportarme como una perra ahora mismo, pero se lo merecía -¿Y tu cuál esperas que sea mi opinión si lo único que has hecho desde que te conocí ha sido confundirme y nada más que eso? me besas y dices que sientes cosas por mí, y esto es lo que siempre pasa- señalé con mi mano hacia la dirección en la que se encontraba la fiesta, me sentía frustrada, era una sensación tan horrible no saber que hacer con la situación.

Bajó la cabeza y susurró con la voz quebrada -Y lo hago, siento cosas por ti, pero, tu sólo no me dejas explicarme- sollozó.

-¡Ya basta! no quiero escucharte más, yo no tengo la culpa de que seas un estúpido niñato que no sabe lo que quiere- y eso bastó para desahogarme, me di la vuelta y me fui corriendo hacia mi casa con lágrimas en mi rostro y el corazón destrozado.

Dreams; Chandler Riggs (EDITANDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora