Huir es mi meta y objetivo, nada ni nadie se va a interponer en ello. Mucho menos el escuchar que no hay salida, que no hay escape.
Yo deje atrás algo por lo que seguir y no importa que tan verdes sean los ojos de ese hombre egocéntrico, que me reco...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Sadasha
Solo su presencia hace estragos en mi sistema, mis terminaciones nerviosas están como si estuviese ardiendo en llamas. Sus ojos verdes furiosos me observan el rostro con detalle ansiando una respuesta de mi parte.
—Estoy esperando maldita sea y, ¿por qué aún no me haces reverencia? —hastiado replica y mis ojos se le quedan fijo a los suyos.
—Solo, solo... —Trago grueso con sus intensas miradas—. Solo estoy perdida —hablo con un leve hilo de voz casi inaudible.
Trataba solamente de encontrar a alguien en alguna habitación que estuviese limpiando, para que me ayudase a salir a comer algo.
—¿Perdida? —pregunta dudoso pues es lo que menos esperaba escuchar al parecer.
Lo veo que suspira con frustración pasándose la mano por la nuca.
—Emm sí —admito con un susurro.
—¿Espera... eras tú la que me espiabas esta mañana cuando llegaste? Las que son como tú acaban muy mal paradas aquí —confiesa serio pero menos furioso esta vez.
¡Estoy teniendo una conversación con el príncipe heredero! ¿Espera qué?
—¿Qué?
¿Me vio cuando lo miré?
¡Estúpida Sadasha, no es que lo mirabas, es que hasta la baba se te caía!
—Lárgate ya, no quiero que me vuelvas a interrumpir, ¿oíste? —ladra otra vez y se gira de espaldas.
Sus músculos tonificados hacen que el sofisticado traje se le pegue a ellos, me le quedo atolondrada viéndole la espalda y el trasero. Nunca he tenido un hombre así parado frente a mí en toda mi vida. Los que conozco no le llegan ni a el dedo meñique del pie, no se comparan.
—¿Qué rayos esperas para largarte esclava? —espeta nuevamente y me sobresalto—. Sino quieres que te torture de la forma en que solo yo se hacerlo y no vuelvas a ver la luz del día, ¡lár-ga-te!
¡Lo que tiene de galante lo tiene de gilipollas al parecer!
Toda su vida viviendo como quiere y tratado como tal, nada que miserables personas como yo siquiera puede imaginarse.
—Lo siento alteza —digo inclinándome en una reverencia para salir de aquí.
Siento que mi pecho no para de retumbar y no sé si es por miedo o por que otra cosa pudiese ser, solo sé que no me gusta lo que siento porque jamás he expermientado algo así. Por si lo preguntan, sí hay que hincarse de rodillas casi al verlos, aún recuerdo el día que llegaron a mi pueblucho.
Un pobre mendigo fue decapitado ante todos por no hincarse antes los reyes. Solo tenía 10 años cuando presencié semejante barbarie.
Salgo con rapidez y termino dando vueltas por todos lados sin atreverme a volver a abrir otra puerta. Hasta que me cruzo con otra esclava en el pasillo y me ayuda a ubicarme. Llego al comedor inmenso del palacio y el olor a comida me hace casi levitar.