Huir es mi meta y objetivo, nada ni nadie se va a interponer en ello. Mucho menos el escuchar que no hay salida, que no hay escape.
Yo deje atrás algo por lo que seguir y no importa que tan verdes sean los ojos de ese hombre egocéntrico, que me reco...
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Sadasha
Han pasado casi diez días de los latigazos, mi cuerpo aún los recuerda , las heridas aún son visibles en el. Cada vez que me estiro o jorobo, me arden.
Pero han sanado, los primeros días no podía ni caminar. Donde único no me dio el látigo fue en la cara, porque todas las partes de mi cuerpo dan testimonio de el.
El látigo era bastante grande y gordo, por eso han demorado tanto en sanar. El ungüento que me ha proporcionado Anna también ha sido de muchísima ayuda.
Desde esa última vez no ha venido a por mí. Escuché que deja sanar para volver a lastimar. Y en estos días trato de idear un plan. Pero nada ilumina mi cabeza.
Las pequeñas manitas de Rubik interrumpen mis pensamientos.
—Sadasha, ¿me ayudas a tomarme el jarabe? —su vocecita se gana toda mi atención
Mi corazón se hincha sintiendo una emoción albergarse dentro de mí.
—Claro enana —le respondo.
La trepo encima de mis muslos haciendo una mueca de dolor por las heridas en ellos. Tomo el jarabe y la cuchara, echo un poco en ella y muevo la cuchara de un lado a otro haciendo sonidos infantiles, hasta que la deposito en su boquita.
La niña desde que la vi se ha ganado mi corazón. Es la hija de Anna y Rick, tiene solo cuatro añitos. Sus cabellos son negros llenos de diminutos ricitos. Sus ojitos cafés me dan un reflejo de cómo es mi hermana.
Se parecen tanto que eso ha influido demasiado en el aprecio que sentí por ella, desde que la conocí hace ocho días atrás.
Sus labios hacen una preciosa sonrisa que me deja derretida en el lugar viéndola. Me susurra un gracias solo para mí y yo beso su mejilla.
—Rub baja de encima de Sadasha —le regaña Anna que llega con una bandeja en sus manos.
—Mamá pero..
—Baja Rub —impone su madre y esta asiente callada y obedece.
—Estoy bien no te preocupes —hablo y ella niega.
—No me mientas sé que no lo estás.
Anna me ha ayudado a curar mis heridas todos estos días. Ella perfectamente sabe el grado y el dolor que provocan. Pero dejo de lado eso que dice prestándole atención a la niña que quiere jugar conmigo y una muñeca.
—¿Ahora sí podemos hablar? —pregunta y sé perfectamente a lo que se refiere.
***
Y así pasan casi quince días más, mis heridas ya están cicatrizando y no duelen. Salgo de la habitación a ayudar a Anna en lo que puedo. Hassie no se ha presentado frente a mí desde la conversación en la habitación, cosa que agradezco.