Chapter 13

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Sadasha

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Sadasha

Veo con detenimiento todo lo que me rodea, los nervios no se relajan y ya no sé ni que pensar. Es una gran frustración acumulada con miedo y ansias en mí. Y todo eso me pone en este estado, no tener el control de las cosas me pone en muy mal frustrada.

¿A qué se referirá con juegos? Aún su voz hace erizar mi piel, sus ojos mirándome de esa forma como si fuese... no sé, porque no sé que rayos pasa por su cabeza. Solo sé que ella dejó una chica muerta en los laberintos, por ende se rumoraba en los servicios que cada rato alguien desaparecía o que moría en el intento.

No tengo que contar dos más dos para saber y darme cuenta de que lo que en la cabeza de esa «princesa» se planee, yo soy su nueva protagonista. 

Escucho el crugido de la puerta al abrirse sin tocar y me giro de pronto hacia allí.

—Lo siento, la princesa me pidió traerte esto —comenta una mujer con voz tímida.

Ni siquiera me mira a los ojos, su mirada está estancada en la bandeja con alimentos que trae en su mano. Camino hacia ella y la tomo, pero aún sigue sin mirarme.

Cuando noto que se gira para salir de aquí la detengo.

—¿Qué hago aquí? —pregunto buscando aclarar algo en mi mente.

Ella vuelve a enderezarse y ahora sí me mira a los ojos.

—No debo conversar contigo... —Se queda ahí por unos segundos y cuando voy a replicar me corta para seguir—: pero trata de ser fuerte y hacer todo lo que te pida sin rechistar.

¿Qué?

—¿Pero quién es ella?, nunca oí hablar de princesa alguna.

—Ella es la princesa, lo que está oculta todo el tiempo —me responde.

Un gran signo de interrogación se abre paso en mi cabeza. Jamás Esteban dijo nada sobre ella, y obvio nunca me diría nada si lo único que quería todo el escaso tiempo que estuvimos juntos era follar.

La chica de mi edad o un poco más joven que yo, se vuelve a girar para salir pero ahora le sostengo la mano.

—¿No crees que al menos que debarías decirme más sobre la dichosa princesa, ya que estoy aquí y debo pintar algo en todo este cuadro?

Sus ojos casi se critalizan y su mirada se torna triste hacia mí. ¡Joder! ¿Por qué me ve de esa forma?

—Tienes razón, debes saber un poco más. Te lo diré pero ella no puede saber que te lo comenté yo —pide y se acerca con confianza a mí.

—Ella es la hija del rey, pero no de la reina y está muy enferma.

Vaya, la hija bastarda del rey oculta en el ala Este del castillo. Tiene razón, su delgadez no es algo normal, no así.

Dueña de sus VidasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora