Chapter 20

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Sadasha

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Sadasha

Los días pasan conmigo en el inodoro descargando todo lo que tengo en el estómago desde que me levanto, me siento fatal debido a los mareos y las náuseas. Dejando de lado que tengo hambre y sueño todo el tiempo.

Acatando lo que demandó la reina , no he salido más fuera de las cuatro paredes de la habitación de Esteban. Solo me paro en el balcón viendo el sol ponerse y esconderse cada día que pasa.

Llevo ya un mes así en esta rutina. Esteban se despierta diariamente me besa y se marcha a sus labores, viene en el almuerzo y los días que no tienen visitas en el palacio se queda a almorzar conmigo. Luego llega en la noche mimándome con flores y dulces rellenos de chocolate y miel. No sé que tengo con esa liga , pues solo lo preparan especialmente para mí, y me encanta. La boca se me hace agua solo de pensar en esos panecillos dulces rellenos con miel y chocolate.

Hoy me levanto tras Esteban dejar un húmedo beso por mi cuello como seña de que se marcha fuera. Me ha insistido mil veces para que salga a tomar aire pero me excuso diciéndole que estoy indispuesta, cosa que a veces es cierta debido a mis náuseas.

Las esclavas entran como todos los días a traerme el desayuno y el delicioso olor a tostadas con huevo me ponen de pie al instante. Me siento en mi butaca preferida últimamente, desayuno ahí con ellas en una esquina de la habitación.

Trago terminando de comer y las miro ahora para luego llamarlas.

—¿Helen puedes mandar a buscar a Grasiele aquí?

Ella me sonríe y asiente para salir de la recámara. La otra chica sale por la puerta igualemente con la bandeja en sus manos. Me pongo de pie y salgo al balcón a tomar aire. Mis ojos miran abajo a los jardines a las mesas de té de mármol. En ellas sentadas la reina y Hanna. Estoy en un quinto piso y ambas me ven desde mi lugar.

La reina ladea una sonrisa maliciosa y Hanna solo se burla de mí. Mantenemos las miradas por unos segundos hasta que llega el príncipe heredero hasta ellas. Él no me ve desde mi lugar, está de espaldas a mí  y sus manos están a sus espaldas. Hanna se pone de pie y se levanta hasta él, deposita un beso suave en su mejilla. Esteban no se mueve , se queda inmóvil en su sitio , incluso ni sus manos hacen ademán de tocarla. Ella tras el beso lo sigue tocando.

Siento algo intenso atorado en mi garganta cuando los veo caminando hasta sentarse. Él pone la mano en su espalda y echa la silla atrás para que ella se siente. Está más que feliz la rubia con el heredero haciendo todo esto por ella. Cuando Esteban se sienta a su lado , Hanna mira a mi dirección ahora y me dedica una sonrisa malvada.

Esteban le sigue la mirada y me ve, sus ojos se abren con sorpresa al observar que lo estaba mirando. Me alejo del balcón con un sabor amargo en la boca. Aunque ella es su esposa realmente y no sienta nada por ella , no puedo dejar que mi mente repita una y otra vez el beso que ella le dio y él no hizo nada para apartarla.

Dueña de sus VidasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora