Chapter 11

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Sadasha

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Sadasha

Han pasado casi tres días de la fiesta de compromiso de Esteban con la rubia duquesa. Aún siento el pecho comprimido al recordarlo juntos, al recordar sus ojos en sus tetas. Su mirada detenida e intensa en ellas. Mis puños agarran la sábana que tengo en la mano, la aprieto pensado en esa imágen que mi mente no quiere dejar pasar.

Es un descarado, él haciendo eso para luego decirme que a la única que desea es a mí. Es un maldito, pero no puedo dejar de negar que algo se remueve dentro de mí al verlo. Ninguno de los chicos que estaban junto a él le hacen competencia, todos son unos simples peones en un tablero con rey.

Sé que solo faltan días para la celebración oficial del matrimonio. Él tiene que desvirgarla, luego de consumar el matrimonio los sacerdotes deben hacer la inspección. Así es aquí, ellos deben ver con sus propios ojos que el matrimonio fue consumado. Y mi rabia crece por dentro de pensarlo a él con ella.

Me la topo a cada rato en el palacio, está viniendo todos los días a prepararlo todo junto a la reina. Ella ni se fija en mi presencia siquiera, cosa que agradezco pues la última vez me trato bastante mal. Tampoco he visto más a el príncipe, seguro que está bastante ocupado, ya que todos lo estamos, no paramos de trabajar en exceso estos días.

Ha sido un trabajo constante. Salgo de la habitación concluyendo el trabajdo en ellas y siguiendo con el otro que tengo asignado. Bajo por las gigantes escaleras hasta el primer piso hacia la entrada principal. Veo la figura de Esteban al inicio de la escalera.

¡Rayos!

Sus ojos ahora me captan y comienza a subir. Yo sigo mi camino hacia abajo, miro a mis alrededores percatándome de que nadie nos vea. Debemos ir al gran jardín que se encuentra en la entrada a organizarlo. La boda será en dos días y ese lugar es inmenso, la cantidad de jardineros que normalemente se ocupan de él, no son suficientes.

Él se queda justo frente a mí, interceptando mi trayecto.

—¿Pensaste en lo que te dije?

Mi mirada se pone rígida hacia la suya, mis puños se aprietan a los lados. Odio que siga con lo mismo, por mucho que otras deseen ese puesto, yo no quiero, no quiero estar más días aquí de lo necesario y mucho menos con el plan que tengo en mente.

—Ya te di mi respuesta la noche anterior —añado moviéndome hacia un lado para poder bajar.

Nadie puede o debe vernos juntos ni hablando. Intento bajar pero su mano sostiene la mía.

—No me hagas hacer esto a las malas —replica girado de lado con sus cejas fruncidas.

—Harás al final lo que quieras ¿o no?, pero no te voy a dar ese gusto, para cuando vayas a enumerar tu lista de esclavas ya no estaré aquí —confieso seria.

Sus ojos se achican mirándome con detenimiento pensando en lo que acabo de decirle. Siento su mano apretar con fuerza la mía.

—¿Huirás...

Dueña de sus VidasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora