𝒞𝒶𝓅í𝓉𝓊𝓁ℴ 𝒸𝓊𝒶𝓇ℯ𝓃𝓉𝒶

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Inglaterra, 1710.

Sintió un torbellino de luces y murmullos, vueltas y vueltas que terminaron por dejarla nauseabunda y cansada, después de desaparecer entre los brazos de la mujer que amaba, ahora estaba encima de algo, pero no sabía qué era.
¿Dónde estaba? Trataba de abrir los ojos, pero estos le pesaban demasiado, un viaje en el tiempo era suficiente energía gastada como para hacer dormir a la milicia británica completa, pero por alguna razón, Bonnibel Cavendish no estaba inconsciente está vez.
Escuchó unos pasos delicados que se acercaban, pequeños y delicados zapatos que pisaban algo similar a la paja, sí, podía identificarlo por el tipo de sonido que emitía. Ni siquiera se sentía capaz de alzar la cabeza o moverse de donde fuera que estuviese acostada. ¿Para qué? El sólo hecho de pensar que en tres siglos más nacería Marceline Abadeer, el sólo hecho de pensar que no existía, le quitaba todo el aliento. ¿Ella como Bubblegum ya habría despertado en el siglo 21? "Pero existe la campesina, Marceline sí existe en esta época" pensó con un deje de esperanza, antes de escuchar una voz infantil a su lado.
~XX: ¿Quién es usted? –Dijo una voz ladina.
~Bonnibel: –Confundida se paró de inmediato, pero las náuseas fueron mucho más fuertes ahora –Mi cabeza, Dios –Alcanzó a apoyarse en un pilar de madera para cobrar un poco la calma, su respiración comenzó a hacerse regular antes de abrir los ojos y observar un poco atolondrada su alrededor. ¿Qué hacía dentro de un granero?- ¿Esto es Exeter?
~XX: Sí señora, estamos en Exeter, pero con mis padres vivimos un poco más lejos que este granero –Señaló con su pequeño dedito hacia la puerta de madera, estaba húmeda y gastada, podían entrar rayos de luz por ella- Vine a darle de comer a las gallinas.
~Bonnibel: -"Campesinos" pensó. ¿Qué tan lejos podían estar de la mansión Cavendish? Necesitaba pensar la manera en la que llegaría hasta ellos para que su desaparición fuese creíble, de pronto tuvo una duda- Pequeño, ¿en qué mes estamos?
~Alban: Estamos a 5 de mayo. ¿Quién es usted? –La voz gruesa de un hombre inundó el lugar, no se había dado cuenta de que abrieron el granero- Conteste. ¡¿Quién es usted?!

15 minutos después, tanto Alban Kolgers como su esposa Doris se miraban con los ojos más que abiertos. Dentro de una humilde cocina estaban los dos, también su hijo Robbie y por supuesto la nueva inquilina, Bonnibel. No podían creer que frente a ellos estuviese la hija del duque de Devonshire, incluso comenzaban a sentirse más que poca cosa cuando en su hogar, exactamente en esa cocina pequeña, estaba aquella bella mujer con su vestido fastuoso que debió costar varias libras.
La rosada podía leer sus miradas que se pasaron de asombro a la incomodidad, sabía que mucha gente humilde se sentía mal cuando alguien aristócrata está cerca de ellos. Doris buscó la manera de iniciar una conversación sin caer en un desmayo. ¿Cómo era posible que la desaparecida hija de William Cavendish estuviese con ellos?
~Doris: Señorita Cavendish –Sus mejillas se pusieron más rojas al hablar, apenas levantaba la mirada- Espero me escuche y no piense mal de mi persona, pero ¿cómo ha llegado a nuestro granero?
~Bonnibel: No lo sé, solo escuché una voz masculina y luego terminé quedándome dormida, después desperté y su pequeño hijo me encontró -Tenía que empezar desde ya con su mentira, incluso con estas personas- No sé cómo, pero sólo me lastimé el brazo cuando caí del tercer piso de la mansión, aquella noche de la fiesta que mi padre efectuó en nuestro hogar, cuando desperté un hombre me tenía amarrada. Fui secuestrada.
~Alban: ¿Ha estado un mes completo fuera? –El tiempo la regresó un mes después del "accidente" cuando en realidad estuvo cinco meses en el siglo 21. Mierda, sintió un dolor en su corazón cuando recordó que ya no estaba en aquel fabuloso tiempo, ni con aquella fabulosa mujer- ¿No pudo escapar antes?
~Bonnibel: No y al parecer mis secuestradores me tiraron en su granero antes de que pudiese identificarlos, no recuerdo sus rostros, ni sus nombres, siempre procuraron andar cubiertos -Silenció porque hablar con mentiras le molestaba, los campesinos lucían preocupados y no le gustaba preocupar a personas que no tuviesen la culpa de los juegos del destino- Pido perdón por el susto que mi presencia le ha provocado a su hijo y a ustedes.
~Alban: Lamento haber sido rudo, señorita Cavendish –Apretaba con sus manos el sombrero de genero que tenía, se sentía cohibido- Es sólo qué...
~Bonnibel: Sólo actuó como debía ser, no pida perdón ante la presencia de un extraño.
~Alban: ¡Es qué no fue un extraño! Es decir, usted es la hija del duque, todo el pueblo ha comentado su desaparición y mi hogar es tan humilde para recibirla que no puedo evitar sentirme más inferior de lo que puedo ser, ruego su perdón.
~Bonnibel: -Negó con cuidado, nunca tuvo una personalidad que mirase en menos a otros y el pueblo la reconocía por ello- Señor Kolgers, no sienta vergüenza de lo que es, tiene un techo donde quedarse, un trabajo para alimentar a su familia, hay que estar agradecidos a Dios por ello. No soy nadie para juzgarlo, soy yo la que pide perdón por invadir su privacidad, y puede mirarme a la cara cuando hablamos, no es menos que yo, así que hágalo por favor.
Alban rascó su barbilla y sonrió con timidez al igual que su esposa e hijo. Bonnibel se sintió tan miserable por provocar que otros se sintieran así, por supuesto que tenían mucho menos dinero que ella, pero no le gustaba que otros creyeran que esa fuera una justificación válida para sentirse menos y agachar sus rostros al hablarle como si fuera un deber.
Con un tono modesto, Doris le preguntó a Bonnibel si tenía hambre, en una olla calentaba una deliciosa sopa de pollo, aunque al preguntar también empezó a contradecirse diciendo que no era la comida digna de una mujer de la nobleza.
Los ojos de Cavendish brillaron emocionados, aceptó de inmediato el plato de sopa porque tenía hambre y esta le estaba consumiendo el estómago. Durante el almuerzo el señor y la señora Kolgers se miraron curiosos, por supuesto que no debería sorprenderle los modales de una mujer como Bonnibel Cavendish, en ningún momento perdía su educación, se limpiaba las comisuras labiales con gracia y sostenía los utensilios de manera diferente, era novedoso verla alimentarse.
~Bonnibel: Disculpe, ¿qué tan lejos estamos de la mansión Cavendish?
~Alban: A 40 minutos en carruaje señorita, sin embargo, podrá entender que no tenemos carruaje, sólo una simple carreta y las condiciones del tiempo no nos permiten darle las comodidades que merece, está a punto de llover.
~Camila: ¿Podría quedarme aquí? –Alban y Doris abrieron sus bocas en una perfecta "O"- No piensen cosas del tipo ¿cómo podríamos recibirla? No importa, incluso si me dan espacio en el granero estaría agradecida, necesito tiempo para pensar, es decir, fui secuestrada, y comprenderá que regresar de golpe es peligroso, tengo que preparar la llegada a la mansión como corresponde. Por favor, los compensaré con creces cuando llegue.
~Doris: -Miró a su esposo, luego observó con ternura a Bonnibel, era prácticamente la única mujer de la aristocracia que se expresaba de tan dulce manera con unos simples campesinos- No se preocupe, tenemos un pequeño cuarto y una cama, si no le incomoda la dispondré para usted.
~Bonnibel: Estaría agradecida, de verdad –Sus ojos se humedecieron de inmediato. ¿Por qué en este siglo podían llegar a tratar tan mal a los más humildes? Siguió comiendo con gusto escuchando al niño relatar cómo alimentaba a las gallinas y sus pequeños pollitos, miró su plato y la poca sopa que quedaba. De pronto recordó a Marceline Abadeer, pero al mismo tiempo pensó en aquella campesina de maravillosos ojos verdes. "¿Dónde estás?"

ℬℯ𝓉𝓌ℯℯ𝓃 𝓁ℴ𝓋ℯ 𝒶𝓃𝒹 𝓉𝒾𝓂ℯ [𝒜𝒹𝒶𝓅𝓉𝒶𝒸𝒾ℴ𝓃 ℬ𝓊𝒷𝒷𝓁𝒾𝓃ℯ♡]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora