Capitulo Uno.

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Presente.

—¿Puedes dejar de empujar comida en tu boca mientras hablas con nosotros? Eso raya el limite de la mala educación. Y Jesús, ¿acaso nadie te ha enseñado a masticar con la boca cerrada? Tener un primer plano de la comida procesada bajando por tu garganta es la quinta cosa más asquerosa que he visto en mi vida. Estas logrando que mi propio desayuno me siente mal.

Sin molestarse en levantar la mirada de su plato, Dylan masticó alrededor de la rosquilla entera que había empujado en su boca, intentando procesarla antes de que esta se hiciese lugar más allá de su garganta y lo matase asfixiado. Morir comiendo no era la peor muerte que se le podía ocurrir, pero era demasiado joven para tener un final tan triste. Tomando el vaso de malteada, bebió un par de largos tragos del dulce líquido, intentando ayudar a la comida a bajar.

Al otro lado de la mesa, Michael hizo una mueca de asco, mientras Lauren simplemente volteaba la mirada lejos del desastre en que estaba convirtiendo su desayuno. Ellos habían sido quienes habían llegado a su apartamento para invitarlo a salir, no tenían derecho a comportarse tan delicaditos. Talvez, debía pensar en conseguirse nuevos amigos... eso si sobrevivía a la rosquilla asesina atascada entre su garganta y su mandibula.

—Te conviertes en un cerdo cuando ponen un plato de comida frente a ti —Michael murmuró, empujando algunas servilletas hacia él—. Limpiate la barbilla, por favor, la cosa en tu boca esta chorreando por todos lados.

Lauren dejó su taza de café sobre la superficie, parecía estar luchando con la mueca de asco que quería retorcer sus labios cuando sus ojos verdes se posaron en él—. Por más que pasamos por esto, no logramos aprender la lección: mostrarte al público en general es un error enorme. Deberiamos mantenerte encerrado, en una jaula, con paredes oscuras y solo una pequeña rejilla para pasarte un plato de comida en las horas indicadas. —murmuró—. Simplemente, mantenerte lejos de cualquiera que pueda ver el desastre que eres.

Me amas. —Dylan murmuró hacia ella, aunque con toda la comida en su boca, sonó más como un "Ghe ghas". Algo chorreó por su barbilla y goteó sobre la mesa.

Ella hizo un sonido de asco, siguiendo con la mirada el recorrido de la comida procesada escapando de su boca—. Tan grotesco.

Se encogió de hombros hacia ella, ignorando su nariz altiva y la forma en que sus labios pintados de rojo se retorcian con cada cierre de su mandibula alrededor de la rosquilla. Se habían conocido por tres años y no recordaba una vez en que Lauren no se viese avergonzada de ser vista con él. Extrañamente, ella seguía volviendo a acercarsele, así que tan mal no la tenía.

—¿Por que insistimos en invitarlo a desayunar? —las largas uñas pintadas de negro de Lauren sonaron sobre la superficie de la mesa—. ¿O en hablarle?

—No seas mala con él —más servilletas fueron empujadas en su dirección de la mano de Michael—. No puede evitar ser lo que es. Un cerdo. Hasta su propio padre se lo dice.

Dylan hizo una mueca ante la mención del apodo, dejando de empujarse comida en la boca para lanzarle una mala mirada al joven. Él jamás debería haber atendido una llamada de su padre con el telefono en altavoz delante de estos dos, más cuando su fastidioso progenitor insistía en llamarlo "Cerdito", agregando apelativos cariñosos delante que no hacian nada por mejorar el tonto apodo. Eso se iba a quedar por siempre entre ellos, estaba seguro de que no había manera de que lo olvidaran.

Ignoró completamente la risa apenas contenida de Lauren y se negó a reconocer los burlones sonidos de cerdo que Michael estaba haciendo. Esos bastardos no iban a obtener lo mejor de él tan temprano en la mañana, su día estaba recién comenzando y no iba a permitir que nada lo arruinara, ni siquiera esos dos idiotas y sus burlas desgastadas.

Una parte de mi |Blue/Damon|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora