Capitulo 3

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-Matías. – escuche la voz de Tomas, de golpe, a mis espaldas. Al voltearme a verlo, estaba con ropa ligera de entre casa, algo agitado y con cara de preocupación. Con un paraguas en la mano, así que estaba seco. –

- ¿Tomas? – sinceramente no se que hace ahí. Casi en la entrada de mi casa conmigo, con cara de consternado. Si él no es el que tuvo un día del asco. Dios, si fue un día del asco. - ¿Necesitas algo? – deje de mirarlo, para que no me viera a la cara cuando se acercó, cerrando el paraguas. Me pare, y trate de calmarme para que no me viera lo mal que estaba. –

-Yo nada. Pero te vi pasar mientras leía cerca de la ventana de mi pieza que da a la calle, bajo toda la lluvia. Supongo que volviendo del trabajo. Pero vi que no terminabas de entrar a tu casa. Cuando me asome estabas de rodillas en la puerta inmóvil. Supuse que algo malo paso y vine.

-Estoy bien, como podrás ver. Solo olvide en algún lugar mi llave y no puedo entrar. Encima era la de repuesto, la que dejaba escondida por si perdía la original. Pero como jamás hice otra copia para ser la de repuesto, ahora no tengo una para abrir y todas las ventanas están cerradas por dentro. Y por la hora mis tías deben estar en la cama, no me da mandarles por la que ellas tienen de emergencia. – seguía dándole la espalda. No estoy para esto ahora, no mentalmente. Suspire, tratando de calmarme, explicar lo que me estaba pasando me daban ganas de llorar. – Así que te podes ir ahora. – aún estaba mirando la puerta, como si así se fuera a abrir sola. –

Tomas suspiro, como resignado. Pensé que se iría, pero hizo todo lo contrario. – Terco es poco. Jamás voy a entender el porque te cuesta tanto pedir ayuda, hasta en loa extremos. – volvió a abrir el paraguas, agarro mi mochila rápido para que no pudiera frenarlo y la paso a la misma mano con la que sostenía el paraguas. Yo lo miraba sin entender nada. Hasta que me agarro de la muñeca con la mano libre y me casi arrastro hasta su casa. –

- ¿Que estas haciendo? Soltame. – mientras iba a los tirones atrás de él. –

-Te llevo a mi casa. No es muy complicado de analizar. No podes entrar a tu casa seguramente hasta mañana que tus tías vengan a abrirte con su llave. Hace frio y llueve a diluvios. Si te quedas en la entrada de tu casa todo mojado y con el frio, si no te morir de hipotermia, mañana apareces con un cuadro bronquial o neumonía. Y por ignorarte, si te pasa algo malo, seria negligencia o abandono de persona. No quiero problemas legales si te morís. – llegamos a la puerta de la casa, la empujo con el pie, se nota que ni la trabo. Y casi que me tiro adentro de una jalada. Dejo mi mochila en el piso al lado de la puerta, después de cerrarla, y el paraguas lo cerro y lo dejo en un porta paraguas que había en una esquina en la entrada. Se saco las zapatillas y las dejo en un mueblecito que había ahí. – Sacate las zapatillas y déjalas nomas, después veo que hago con ellas. El baño esta al fondo a la derecha. Solo tenes que abrir la canilla y ajustar la temperatura. Veo si tengo algo que te quede, aunque lo dudo con la diferencia de tamaños. – me iba explicando a medida que entraba a la casa y prendía las luces. –

-No voy a bañarme ni a quedarme en tu casa. – me cruce de brazos en el lugar donde estaba, parado en la entrada. – Te dije muchas veces que no necesito tu ayuda. – si soy un terco y desagradecido, pero esta no es una situación que quiera vivir. –

- ¿Cenaste en el trabajo? Creo que tengo como para prepararte algo. – ignora lo que le digo y se va a la cocina a revisar la heladera. –

-Te estoy diciendo que no me voy a quedar a nada.

-Y yo te estoy ignorando para no darte un sopapo y mandarte de prepo. – se dio la vuelta y me miró directamente. Su expresión era dura, seria, como un padre peleando con su hijo. – Anda a bañarte. Si queres después, mañana, mejor dicho. Podes volver a tu actitud huraña de siempre conmigo y la humanidad. Pero por hoy, trágate tu orgullo y acepta mi ayuda. La necesitas. Dudo que tengas mejores opciones que está ahora.

Malos entendidos.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora