Todos conocemos a nuestro coronel Christopher Morgan el cual tiene una relación pésima con su padre con un odió compartido hacia su madre.
¿Qué sucede cuando se entera que no es hijo de Sara?
¿Dónde está su madre?
¿Cómo le dirá a esa mujer que es e...
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Abro la puerta con brusquedad, llevo esperando a Alex toda la jodida mañana pero el muy maldito no se dignó a llegar temprano.
— ¡¿Dónde mierda está Alex y a quien fue a recoger?! — Todos me miran en dudas, algunos bajan la cabeza y otros fingen una jodida demencia.
La puerta de la sala de juntas se abre y me giro para ver a una mujer de cabellos rojos, sus ojos azules me parecen familiares. Mi ceño se frunce al ver la increíble cantidad de medallas en su traje militar. Con molestia le dedico un saludo militar provocando que todos me imiten.
— Buenos días. — La élite habla en coro y los miro con irritación.
— No estamos en la primaria ¿Qué clase de recibimiento es este? — Mira a Alex de inmediato y este se encoje en silencio provocando que yo alce una ceja.
— ¿Quién es esta? — Digo tosco pues solo entró a regañar cuando ese es mi trabajo.
— ¿Quién es este igualado? — Me reta.
— Además de no tener nombre es irrespetuosa. — Contraataque.
— Seguro mordiste tu lengua en el proceso. — Me responde.
Alex garraspea llamando la atención de todos. — Ella es...
— Lambiscona. — Susurro.
— Igualado.
— Presumida.
— Pobreton.
— ¡Cómo te atreves a siquiera compararme contigo! — La miro de forma amenazante pero ella se burla en mi cara con una sonrisa.
— Eso es un insulto para mi. Ya quisieras que fuera un plebeyo como tú.
— ¡Basta! — Alex vuelve a alzar la voz con molestia. — Christopher compórtate, ella es la Sultana Meryem a la que pedimos una alianza contra la pirámide. — Dice entre dientes.
— Como sea. — Susurre.
— Meryem él es mi hijo Christopher.
La miro de brazos cruzados y por reflejo ambos nos miramos de arriba a abajo para ver a otro lado con molestia.
— Asqueroso — Soltamos ambos.
Escucho una pequeña risa que me hace voltear a ver a un Patrick que de inmediato cubre su boca.
— Linguini — Susurra Alex con molestía.
— Disculpen — Susurra Linguini para ver a otro lado de inmediato.
— Con este Coronel no tengo ganas ni de poner a su mando un sirviente.
— Si así como te comportas gobiernas no quiero imaginar el desastre que tienes.
— Si así como hablas eres el coronel a cargo ya entendí porque no ha caído la pirámide.
Todos guardan silencio, mi rostro se contrae de ira y quiero acercarme a ella provocando que de inmediato se ponga frente a mí.
— No vuelvas a insinuar algo como eso.
— Y tú no vuelvas a hablarme como si fuéramos iguales que incluso los pasaportes y dinero que cargas están a mi nombre. — Se quitó los lentes para verme fijamente a los ojos. — P-L-E-B-E-Y-O.
— Ni mierda voy a empezar a trabajar con una desconocida que seguro renunció a Londres por cobarde. No va a poder ni controlar una simple tropa.
— A tu edad me encontraba en campaña trayendo más territorio y riquezas que ni tú podrías hacer, a mis diez años tenía controlada a la pirámide perfectamente no es mi culpa que después de Elijah hubiera un ministro tan incompetente como para dejar caer el apellido Morgan de esa manera. — Me toma de los cachetes con una sola mano.
— ¡Ya basta! — Alex me empuja haciendo que me siente. — Están actuando como unos chiquillos frente a toda la gente.
— A mi ninguna vergüenza de ministro va a venir intentando darme órdenes, tú me necesitas Morgan no yo a ti. — Se burla.
— Vinimos a hablar de negocios y alianzas — Me ignoran — ¿Por qué no tomamos asiento? — Alex empuja mi silla para darle una nueva a la cabeza de la mesa a ella.
Nadie de la Élite dice una sola palabra que me exaspera de inmediato golpeando la mesa. — ¡Van a hablar o a ver el espectáculo! — Todos saltan en su lugar para comenzar a explicar todos los pros de una alianza temporal.
Le entregan las carpetas con la información de los Mascherano que comienza a analizar a detalle.
Tiene tanto poder que incluso la Bratva prefiere mantenerse en términos de paz con ellos e incluso fuera de sus territorio como en lugares en dónde estén.
Mientras permanezca en Londres tendrán cuidado de donde pisan si no quieren una guerra con ellos. Algo sensato de Ilenko si me permito pensar.
— ¿Qué piensa? — Alex habla a voz baja hacia Meryem.
Cierra la carpeta para entregársela a uno de sus hombres, juega con su anillo en silenció. Por un lado el sustento depende de ella al igual que el estado lo cual es beneficioso para la FEMF.
Una carta es usar a los Mascherano para destruir la pirámide completa o apoderarme de ella para que ninguno me vea la cara en tiempo futuros ya pensando en dejar mi apellido marcado en la historia.
Garraspea sacandome de mis pensamientos negando y soltando su anillo para acomodar el broche que trae en su ropa.
— Tenemos que pensarlo, agregaron muchas cosas después de enviarme la información hasta Estambul. Mañana les daré una respuesta por lo tanto no quiero ningún problema ahora que permanezco aquí o tiraré Londres bajo sus cabezas.
Miro mi reloj para levantarme, todos me hacen un saludo militar, miro a Meryem por última vez quien no me aparta la mirada de encima con un toque de burla.
— Insoportable. — Simulo con mis labios.
— Plebeyo. — dicr en voz alta para salir de ahí con una sonrisa. — Reúne a todos sin excepciones en el campo voy a evaluarlos y si son eficientes aceptaremos con mis condiciones.
— Soy tu sirvienta o que mierda.
— Si yo quiero que seas mi sirviente lo vas a ser, desde aquí se nota que no vistes adecuadamente. — Rueda los ojos.
— Deja de llamarme de esa manera — Masculle.
— No lo creo, me he topado con más seda que merece mi respeto y preguntas correspondientes cualquier cosa que ocupe. — Se río.
— Que humilde eres — Ironice.
— Igual que tu. Ahora todos al campo o juro que me las van a pagar caro a quien desobedezca. No olviden que tengo la capacidad y autoridad desde que nací que los puedo bajar de rango. Me importa una mierda los años que tengan trabajando aquí. — Suelto la copa.