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2015

-¡Por fin llegó la invitación!- gritó Pablo con entusiasmo mirando fijamente la pantalla de su computadora donde el mail de recursos humanos anunciaba la fecha de la tan esperada fiesta de fin de año. Mel lo miraba sin entender muy bien de qué hablaba y entonces Felicitas se puso de pie y caminó hasta su lado.

-Todos los años la empresa organiza una fiesta de fin de año. ¡Son hermosas! Eligen hoteles lujosos o estancias enormes. ¿Dónde dice que es, Pablito?.- El aludido chequeó el mail nuevamente y dijo.

- En el hotel Hilton, acá cerca. - Los dos gritaron con entusiasmo, parecían felices y no podían entender cómo Melany no los acompañaba.

-Mel, por Dios, es un fiestón, mostrá un poco de alegría, mujer. - le reprochó Pablo. Pero Melany solo podía imaginar su encuentro con Alejandro y sentía que no sería capaz de verlo acompañado por otra mujer.

-¿Es por el vestido?- le preguntó Pablo.

-No te preocupes, tengo un amigo que trabaja para la televisión y puede conseguirnos cosas hermosas. Mientras no las manchemos, podemos ser cenicientos por una noche. -continuó explicandole, sumergido en su fantasía. Mel por fin sonrió, no podía contarles su preocupación y decidió que sería mejor seguirles la corriente y buscar una excusa de último momento para no asistir.

La semana volvió a pasar sin noticias de Alejandro y cuando Pablo le entregó una bolsa con un hermoso vestido rojo y zapatos que jamás hubiera siquiera soñado, no se sintió capaz de herir sus sentimientos.

Se recogió el cabello en una coleta alta, se enfundó en el vestido de un solo bretel que se adaptó como un guante a su figura y se subió a los tacones con la esperanza de no cruzarse con Alejandro.

El salón era enorme, las arañas de decenas de caireles parecían no terminar nunca. Los pisos con alfombras que le daban suavidad a sus pasos y floreros enormes iluminados desde la parte inferior le daban un toque de modernidad. Hacia el final del salón un enorme ventanal llevaba a una terraza con muchos sillones y mecheros encendidos. Un centenar de luces pequeñas cruzaban el techo y el río se veía sereno, dando la sensación de nunca acabar.

Felicitas, Pablo y Melany recorrían tímidos el lugar, sin dejar de sentir la mirada curiosa que despertaban al pasar. Felicitas y Mel estaban realmente hermosas. Sin perder el tiempo Pablo entabló conversación con cuanta persona se cruzaba y Felicitas por su parte se sintió perdida cuando Gonzalo, el chico de marketing que tanto le gustaba, la invitó a bailar.

Por su parte Mel, luego de hacerle señas para que disfrutara se dirigió hacia la terraza. Había poca gente porque el viento había comenzado a soplar, pero ella se sentía más a salvo. Perdió su mirada en el horizonte y se frotó los brazos cuando la baja temperatura comenzó a hacerse sentir.

-¿Acá también habrá otro amanecer? - dijo una voz grave que conocía demasiado bien. Se dio vuelta y sus miradas se cruzaron. Alejandro llevaba un traje oscuro y se había afeitado la barba. Mel tuvo que sostenerse de la baranda detrás de ella para mantener el equilibrio. Por su parte Alejandro la había seguido con la mirada desde que había entrado y no había rincón de su fisionomía que no encontrara hermoso. Ella por fin habló. - Hola.- le dijo apretando los labios.

- Hola- respondió él acercándose.

-No me contestaste. - insistió.

La distancia era cada vez más corta entre ellos y un ligero calor invadió las mejillas de Mel.

-Sabes lo que quise decir. Perdón por irme mientras dormías, me pareció lo mejor. - dijo sintiendose acorralada.

- ¿Mejor para quién? - le preguntó a escasos centímetros. Ella bajó la vista y él la volvió a buscar con la mirada.

-Mejor para los dos. - dijo sin ganas.

- ¿Por qué? - le preguntó asomando una ligera sonrisa.

- ¿Cómo por qué? Porque somos de lugares diferentes, ya lo intentamos y no funcionó. - cuando terminó de hablar intentó retirarse pero él colocó ambos brazos sobre la baranda para evitar que lo haga.

Las presionaba con fuerza, conteniendo sus sentimientos. Sus palabras le dolieron más de lo que esperaba. Emitió un largo suspiro y por fin habló.

- Es diferente ahora. Somos diferentes ahora. ¿A qué le tenes miedo? - Se miraban con una mezcla de deseo y temor.

- ¿Estuvo lindo? - le preguntó irónico, recordando su nota. Mel frunció los labios y arrugó los ojos sintiéndose un poco arrepentida de lo que había escrito.

- Ale. -dijo en voz baja.

- Te escucho. - le dijo él.

- Este no es el lugar para hablar de esto. - Él se soltó de la baranda y le respondió.

-Tenes razón. - la tomó de la mano sin darle tiempo a reaccionar para guiarla por un ventanal diferente al que daba al salón. Salieron a un pasillo y a los pocos metros Alejandro tomó una tarjeta y abrió la puerta de una habitación.

-¿Acá está mejor?- le preguntó sin dejar de mirarla.

-No, Ale, en serio. - le dijo Mel mirando hacia la puerta pero sin poder mover sus pies.

- ¿Me tenes miedo? - le preguntó desafiante.

- Me tengo más miedo a mi.- le respondió curvando ligeramente sus labios y eso fue suficiente para que Alejandro se acercara.

La besó como llevaba días deseando. Recorrió su cintura con sus manos y la apoyó contra la puerta. Mel respondió al beso con tanto deseo como él. Metió sus manos bajo su camisa para recorrer su abdomen con caricias. Sintió su erección presionando justo donde más lo deseaba. Alejandro le subió el vestido e introdujo sus dedos bajo su diminuta ropa interior. La sintió húmeda y excitada. Comenzó a rozarla con delicadeza primero y movimientos rápidos después. Cuando estaba a punto de alcanzar el orgasmo le susurró.

-No te vayas. - ella abrió los ojos y lo miró. Sin dejar de darle placer volvió a hablarle.

- No vuelvas a escaparte. - ella asintió con la cabeza y Alejandro la llevó al cielo con dos movimientos certeros.

Le dio unos segundos para recuperarse y la alzó para llevarla hasta la cama. Bajó el cierre del vestido y este cayó a sus pies. se desabrochó la camisa y luego el pantalón. La invitó a acostarse en la cama y con cuidado separó sus piernas. Comenzó con pequeños besos por la cara interna de su muslo y llegó con delicadeza hasta su sexo. La saboreó con calma mientras la escuchaba gemir suavemente. Mel entrelazó sus dedos en su cabello y se incorporó. Lo miró a los ojos y le pidió que la poseyera. Alejandro no se demoró. La penetró con desesperación. Ella lo abrazaba con fuerza, lo quería cerca, más y más. Él la vio sonreír con los ojos cerrados y se dejó ir en su interior.

Ella intentó abrazarlo pero él se incorporó rápidamente.

-¿Estuvo lindo? - le preguntó sin mirarla. Mel se sentó cubriéndose el pecho con su brazo. No sabía qué responder. Buscó su vestido del piso y volvió a ponérselo. Iba a abandonar el cuarto sin poder perdonarse a sí misma por haber vuelto a caer en su juego, cuando Alejandro la tomó del brazo.

-Perdoname.- le dijo al oído.

- Perdoname por todo. - le repitió. Mel con los ojos empañados se dio vuelta y le dijo.

- No nos lastimemos más. - Al verla llorar él la soltó. No quería volver a hacerla sufrir. Mel dudó un instante pero finalmente abandonó el cuarto.

Otro amanecerDonde viven las historias. Descúbrelo ahora