Esta vez, a Wonwoo no se le revolvió el estómago. Se lo esperaba.
—Ese tipo de cosas (lo de llevarse trofeos, provocar a la gente o, en tu caso, entregar regalos) son típicas de un comportamiento similar al que se observa en los vampiros que se dejan llevar por la sed de sangre por primera vez. A esas alturas, son más animales que humanos.
—Eso lo sabemos, cazador. —Hyelim hizo que la última palabra sonara como un insulto, y borró de un plumazo cualquier sentimiento positivo que Wonwoo hubiera podido albergar con respecto a la actitud de la arcángel hacia los humanos.
—En ese caso, no puedo daros nada más. —Estaba fuera de su ámbito, y no tenía sentido fingir otra cosa. Ningún cazador había rastreado jamás a un arcángel—. Aunque te diré una cosa: Minho es mucho más audaz que cualquier vampiro. Estaba allí, dando golpecitos en tu ventana. —Vio que Hyelim se estremecía, y no pudo culparla por sentirse asustada—. Si sigue a este ritmo, dejará atrás la etapa animal y empezará con el razonamiento elevado en menos de una semana.
—¿Tan pronto? —inquirió Mingyu.
El hizo un gesto afirmativo con la cabeza.
—La mayoría de los asesinatos de los vampiros involucionados son muy descuidados al principio, igual que estos. Pero Minho ha mantenido los suyos en secreto. Sabía que lo atraparían si no ocultaba la matanza.
Mingyu asintió.
—Y los vampiros atrapados por la sed de sangre no piensan con tanta claridad. — La sed de sangre era un estado entre la lujuria y la estupefacción que dejaba a los vampiros ajenos a todo lo que los rodeaba. Wonwoo se había tropezado una vez con uno en aquel estado: el tipo no se había movido, ni siquiera cuando le puso el collarín; tenía una sonrisa beatífica y las manos enterradas aún en el pecho de su víctima—. Tengo el presentimiento —añadió mientras descartaba ese recuerdo—, de que Minho nunca llegará a ser esclavo de la sangre. De lo contrario, los corazones no habrían estado calientes.
—Eso es... inesperado —dijo Mingyu—. La esclavitud de la sangre lo habría retrasado.
—Pero ni siquiera el peor de los vampiros asesinos mata todas las noches — añadió Wonwoo—. Tiene que haber un momento de calma. Ha saciado su sed, está rebosante de poder, de...
—Olvidas una cosa: que no es un auténtico vampiro. —La silueta de Mingyu quedó a la vista cuando cambió un poco de posición—. No se detendrá. Parece que por ahora caza de noche y a primera hora de la mañana, así que contamos con las horas del día para organizarnos. Si involuciona tan rápido como supones, empezará a
cazar también durante las horas de luz.
Wonwoo abrió los ojos de par en par.
—Estás diciendo que está en un estado de sed de sangre permanente.
—Sí.
—Joder... —Aquello convertía a Minho en un monstruo inconcebible.
Se oyó el chirrido de una silla; el ruido quedó algo amortiguado por la alfombra, pero aun así fue brusco.
Wonwoo alzó la vista y descubrió que Hyelim se había puesto en pie.
—No puedo quedarme aquí sentada oyéndote hablar de Minho de esa manera. Tú no comprendes lo que es perder a alguien a quien conoces desde hace quinientos años. —Miró a los ojos a Wonwoo, y en aquel instante, el cazador le creyó.
—No —dijo—. Lo siento.
Hyelim rechazó su compasión.
—No necesito que una mortal se apiade de mí. Mingyu, quiero hablar contigo.
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