Wonwoo atravesó la puerta de la Torre y siguió andando, sin hacer caso del taxi que la aguardaba. Una ira incandescente, más profunda y letal que cualquiera que hubiera sentido antes, ardía en sus terminaciones nerviosas; le causaba dolor, pero también lo mantenía con vida, le permitía seguir adelante.
¡Ese cabrón...! ¡Ese maldito cabrón de mierda!
Se le llenaron los ojos de lágrimas, pero se negó a derramarlas. Eso sería como admitir que había esperado algo más de Mingyu, algo humano.
Percibió una esencia familiar y se dio la vuelta con la daga en la mano.
—Lárgate, vampiro. —Su voz destilaba furia.
Dmitri se inclinó en una reverencia.
—Me encantaría cumplir los deseos de mi dama, pero por desgracia... —Se enderezó y sus gafas de sol reflejaron el rostro encolerizado de Wonwoo—... tengo otras órdenes.
—¿Siempre haces lo que te ordena tu amo?
Sus labios se apretaron.
—Permanezco junto a Mingyu por lealtad.
—Sí, claro... Como un perrito faldero. —Sacó las garras. Tenía ganas de hacer sangrar a alguien—. ¿También te sientas y suplicas cuando él te lo pide?
De repente, Dmitri se encontraba frente a el. Se había movido tan rápido que había logrado sujetar su daga antes de que el pudiera coger aire.
—No me presiones, cazador. Estoy al mando de las fuerzas de seguridad de Mingyu. Si por mí fuera, estarías atado con cadenas, gritando mientras alguien te arranca la carne de los huesos.
El aroma sensual del vampiro hizo que la imagen resultara aún más brutal.
—¿No te dijo Mingyu que dejaras a un lado el jueguecito de los aromas? —Dejó caer la daga que guardaba en la funda del brazo y la situó en la palma de su mano menos habilidosa. Pero que fuera menos habilidosa no quería decir que no lo fuera. Todos los cazadores sabían utilizar las dos manos.
—Eso fue anoche. —Se inclinó hacia delante. Los rasgos de su rostro eran
exquisitos, aunque la curva de sus labios tenía un leve matiz de crueldad—. Hoy, lo más probable es que esté cabreado contigo. No le importará que te dé un discreto mordisco. —Le mostró a propósito los colmillos por un instante.
—¿Aquí mismo, en la calle? —preguntó Wonwoo con la mirada fija en su cuello y muy consciente de la erección que se apretaba contra el.
Él no se molestó en mirar a su alrededor.
—Estamos junto a la Torre del Arcángel. Estas calles nos pertenecen.
—Pero... —Wonwoo esbozó una sonrisa—... ¡yo no, joder! —Movió la daga y dibujó una línea en su garganta.
La sangre empezó a manar con la fuerza de los latidos arteriales, pero Wonwoo ya se había quitado de en medio. Dmitri se aferró el cuello y cayó de rodillas. Sus gafas de sol resbalaron y dejaron expuestos unos ojos que despedían fuego. Pudo ver la muerte en aquellos ojos
—No seas crío —murmuró mientras limpiaba la daga en la hierba antes de volver a guardarla en su funda—. Ambos sabemos que un vampiro de tu edad se recuperará en menos de diez minutos. —Una violenta ráfaga de esencia de vampiro asaltó sus sentidos—. Y aquí vienen tus lacayos a ayudarte. Ha sido un placer charlar contigo, Dmitri.
—Imbecil... —Su voz sonó como un gorgoteo líquido.
—Gracias.
El vampiro tuvo el valor de sonreír; y fue una sonrisa dura, letal, totalmente aterradora.
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