¡Ese bastardo!

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Katherine camina de un lado a otro por la cera a las afueras de la empresa. No puede creer lo que ha acabado de descubrir ¡Ella se ha estado acostando con su jefe! Ese jefe que tanto odia. Pero ¿Cómo demonios es posible? ¿Él no es un prostituto? ¿Ha estado burlandose de ella?

—¡Ese bastardo! Me ha estado viendo la cara... —su cara es una explosión de emociones, abre un poco la boca y enchueca la mandíbula mientras hunde su labio inferior cubriendo sus dientes de abajo. Con su mano agita su pelo tratando de liberar su tensión.

Por un momento se para y dirige su cara al cielo cerrando los ojos con fuerza.

—¡Ahhh! ¡Qué vergüenza! —gruñe impotente, ya no sabe si de enfado o de pena— ¿Cómo pudo suceder esto? Yo contraté a un caballero, ¿por qué apareció él en mi puerta?... Debo aclarar esto con él y enfrentarlo como la adulta madura que soy —niega con la cabeza—. Naaa, me gusta el drama, no sé porque razón él se prestó a esto, pero ahora tendrá que soportar las consecuencias de meterse con una escritora lunática, le mostraré lo tan buena que soy ideando...

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Ha llegado la cita prevista que tenían Katherine y Karl, el domingo. Hoy Katherine por primera vez lo vera por quien realmente es, su jefe y no un prostituto, pero eso no quiere decir que lo dejará de tratar así.

Tocan la puerta y Katherine se aproxima a abrirla, y ahí está él, con esa forma de vestir tan elegante y esa manera de pararse, son un dúo perfecto. Elegancia y porte. Lleva puesto pantalones negros formales y un suéter verde opaco de cuello Perkins ceñido al cuerpo detonando fuerza y viralidad. Sus pectorales y cuello firme resaltan a la vista.

Katherine por un momento se queda en silencio estudiandolo. «¿Por qué tiene que ser un bombón andante? Ya no sé quién le mira la cara a quien».

—¿No me dejarás pasar? —le pregunta Karl interrumpiendo su viaje astral.

—Claro, claro —dice al reaccionar, su voz es fría.

Pasan directamente a la cocina. Katherine se dispone a servir a la mesa, las facciones de su cara lucen endurecidas.

—Pareces de mal humor —le menciona Karl.

—Sí, he tenido un mal dia en el trabajo. A veces quisiera mandar a todos a... al demonio. Ya me enfadé de trabajar, necesito que me mantengan. Creo que he cambiado de idea y me casaré.

—¿Casarte? —le pregunta alterado Karl— ¿Con quién?

—Con un hombre que sea billetudo, que me compre todo lo que yo quiera y me consienta todos mis caprichos. Eso sí, pero bien billetudo, no cualquier cosa. Con mucho dinero. Porque yo no pienso bajar mi estilo de vida, no pido menos de lo que yo he conseguido por mi cuenta.

Karl se queda trastornado escuchando a Katherine.

—Y supongo que ya tienes a alguien en mente —Karl aprieta la mandíbula y sus fosas nasales se han dilatado.

—Pues no a muchos, solo a uno ¿Quieres saber a quién? —Kartherine arquea una ceja tentandolo.

—Solo si tú quieres...

—Bueno, él es soltero, dueño de una gran empresa y heredero único, sobre todo dicen que es muy atractivo... Pero lo malo es que dicen que tiene un carácter de los mil infiernos y es muy delicadito, ahh, pero nada que no pueda domar o manejar. —Y suelta la bomba—: Se trata de mi jefe, quiero salir con él, tiene mucho dinero.

Karl frunce el rostro completo, las entrañas casi se le colapsan. Le indigna lo que ha dicho.

—¿Solo saldrías con él por dinero?

DE CEO A PROSTITUTODonde viven las historias. Descúbrelo ahora