—¿Por qué más? Ya te dije, el tipo tiene un carácter difícil, al menos tendría que obtener algo por soportar, además él me tendría a mí. ¿Los hombres pueden siempre pedir sexo sin tacharlos de nada, pero las mujeres no pueden pedir dinero porque se nos acusa de interesadas? ¿Qué mierda es esa?
Las expresiones de Karl se han endurecido aún más.
—No se supone que una pareja desea el sexo...
—¿Y no se supone que una pareja lo comparte todo?
—Pero no debe ser el motivo principal por el que se tenga una pareja, eso es indignante. El dinero no hará que tu matrimonio sea de algo feliz Katherine —le dice serio. Él no juega con lo que dice.
Katherine dibuja una sonrisa de placer.
—Oye, lo mío es sarcasmo pero lo tuyo ya es cómo historia personal. ¿No?
Puñalada directo al corazón de Karl. Él baja la mirada.
—Hablando en serio, ¿en verdad te gusta tanto el dinero? —le pregunta Karl serio, esperando una respuesta que le quite esa opresión que siente en el pecho.
Katherine prosigue:
—A quién no le gusta el dinero, por supuesto que el dinero no da la felicidad, pero si te compra casa, comida, medicinas, ropa, esas cosas que se necesitan para vivir. Y lamentablemente si no las tienes siempre vives estresado. Esa es la triste realidad de la vida, un matrimonio se deteriorara tarde o temprano si no se tiene lo necesario para subsistir. Entonces, ¿elegir amor o estabilidad? En cualquiera se sufre.
El semblante de Karl se suaviza a conforme la escucha.
Prosigue Katherine:
—Y es que aunque no te cases con un millonario, sí debes tener la ambición de casarte con alguien con metas y que no se conforme. Y sobré todo que no te límite a su perspectiva, si no que te impulse a crecer.
A Katherine para esto, al mencionar esto último su pésimo humor ha vuelto. Pero Karl la mira diferente, como si le hubiera abierto la mente. Como si algo hubiera hecho click en su cerebro.
«No sabía que queria esto, pensaba que quería a alguien que no fuera interesada, pero en verdad lo que quería era a alguien sincera. Creo que tendré que trabajar más», piensa Karl.
«¿Por qué me mira así? No parece ya molesto, demonios, me salí del guión», reniega en sus adentros Katherine. Por lo cual Katherine se levanta molesta de la mesa como una niña berrinchuda.
—Me iré un momento arriba... Tú puedes encargarte de los platos.
Se marcha dejando a Karl en la cocina.
«Ya he sido demasiada servicial y tonta en siempre sirviéndole en todo, ni crea que yo estaré tratándolo como a un niño, él también puede hacer las cosas, tiene manos», expresa en sus adentros Katherine.
Y es que cuando ella esta molesta, no puede ser racional.
Una hora más tarde Katherine baja a la cocina, sorprendentemente encuentra todo ordenado, los platos perfectamente limpios y acomodados, la mesa recogida, sin migajas en el piso. Él no solo lavó los platos, sino que aseó toda la cocina, nunca había estado tan impecable. Katherine creyó que simplemente no lo haría, que era un hombre que no estaba familiarizado en hacer ese tipo de cosas y en lugar de hacerlo se iría indignado por como lo trató. Y más siendo un CEO tan arrogante. Pero no, él sigue aquí.
Y allí esta él afuera en el patio sentado en los escalones con Peiton, luce como perro sin dueño.
Ella se asoma por la puerta.
—Entremos —le dice a Karl, él obedece y entra.
—¿Ya no estás enojada?
—Yo no estaba enojada, tú eres el que te atacaste por lo que dije. Hasta pensé que te irías —su voz aún suena ruda.
—Yo no me iría sin despedirme Kathe. Tú aún pareces molesta, y yo no puedo irme así sin quitarte el enojo.
—¿Quitarme el enojó? Aja, ¿Sí, cómo?
—De esta forma...
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DE CEO A PROSTITUTO
RomanceKatherine es una escritora famosa que, en un día sin inspiración, decide contratar a un caballero de compañía para experimentar el calor humano y así mejorar sus descripciones. Sin embargo, esto la lleva a una terrible confusión cuando se encuentra...
