Katherine
El hombre que amo, sabe que lo amo. Y su nombre es Karl.
Él es todo lo diferente a lo que siempre he tenido, un hombre seguro de sí mismo. A algunos les molesta su gran ego, pero esa es una de las facetas que más amo de él. Sabe lo que vale. Las personas que no saben lo que valen siempre intentan apagar el brillo de otros, y por no saber lo que valen creen que no son dignos de ser amados. Harán todo por merecerte, pero a costa de hacerte añicos para que al final creas que no vales nada y es ahí cuando tocas fondo, recibes lo mismo que ellos creen merecer, migajas de amor. Un hombre que se quiere así mismo no necesita bajar a nadie para sentirse mejor.
A pesar de que he rechazado continuamente a Karl, él no ha tomado represalias contra mí, en cambio se ha seguido portando como un profesional, caballero. Mi serie tendrá una segunda temporada, una propuesta que él apoyó. Demuestra ser un hombre de verdad, no un niño caprichoso que por no obtener lo que quiere destruye todo a su paso. No, él se ha mantenido sereno y centrado.
Lo estoy amando más ahora que estamos lejos, tanto que hace una semana me peleé con una ejecutiva, ¿y cuándo no? Típico de mí.
Aunque trato de preservar la paz y la buena energía, la gente pendeja no coopera.
La muy estúpida empezó a destilar veneno en contra de Karl como si lo conociera:
—Ese hombre se siente superior a los demás, cómo si no valieramos nada.
—Es un desgraciado que no valora el trabajo de sus empleados. Como si él fuera la gran cosa.
—Demasiado soberbio y autoritario. Nos exige tanto, pues claro como él solo está sentado detrás de su escritorio sin hacer nada. Quiere que saquemos a flote todo lo que él no hace.
—Tienes razón, los jefes nunca saben hacer nada, siempre explotan a sus empleados.
—Él espera a que todo le resuelvan. Sigue siendo un niño de papis. De seguro siempre le hicieron todo por lo que ni siquiera debe saber lavar un plato.
El grupito de esas tres mujeres se atacaron de risa.
Para esto yo exploté. Ya no pude contenerme. Ellas no saben cuánto pueden afectar sus palabras. No saben la pieza de hombre que es.
«Delante de mí no estaran hablando de mi hombre», pensé. Me acerque a ellas y las encaré.
—Retractesen de lo que han dicho «perras» —(me ahorré esa última palabra) primero se los pedí de buena manera—, él no es así.
—¿Y tú quién eres? Ah ya sé, eres esa estúpida escritora. Por favor, solo llevas unos meses trabajando aquí para que sepas como es. Yo que llevo una decada, sí lo sé y puedo hablar de él como se me de la gana. Y reitero es un idiota y no sabe nada.
Uy, empuñé las manos. Desbordaba chispas de irá. Traté de controlar a la perra callejera que habita dentro de mí.
—La única que no sabe nada y es un idiota eres tú, hablas por hablar. Está empresa sigue siendo la mejor gracias a su liderazgo, no a tus ideas obsoletas —recordé que ya la había visto antes, es la ejecutiva que Karl regañó el primer día que lo iba a enfrentar—. Sigue así de ponzoñosa para que te largues pronto, porque te recuerdo que él ya te ha dejado muy claro que no eres intocable por más ejecutiva que seas.
El rostro de ella se tornó totalmente rojo, no le agradó nada de las verdades que le dije.
—La única que se largara de aquí eres tú, tengo el poder para correrte.
«Ah perra, nos ponemos intensas», pensé. Pero yo siempre soy más perra.
—Eso nunca lo veran tus ojos. En cambio yo si lo veré. Le diré de inmediato que te despida. No se negara en cuanto sepa todo esto.
Y cuando estoy brava no puedo pensar sensatamente. Mucho menos comportarme. Y eso pasó en ese momento.
—Por supuesto, y él lo hará nada más porque se lo dices tú. Despierta, ¿por qué se creería las palabras de una simple escritora que no conoce? Es tu palabra contra una ejecutiva que tiene años que la respaldan —repitió.
Y mi lengua se desenvaino con un filo electrizante...
—Claro que lo conozco, y muy bien, sobre todo las pieles que ni siquiera el sol le toca. Le conozco todo.
Ella me miró con una expresión de desconcierto que luego se tornó en una de asombro.
—¿Estás diciendo qué...?
—Sí, sí, sí. Quieres que te lo diga con palabras explicitas. Me ha cogido y no sabes cuántas veces y lo magnífico que sabe hacerlo, porque no hay nada que él no haga, que no sea perfecto. Así que dejen de hablar sin razon malditas perras resentidas prejuiciosas.
Toda educación y profesionalismo que me describía como la escritora exitosa, quedó atras. Ellas se quedaron boquiabiertas, no sé si de la envidia o por mis palabras altisonantes.
Ah qué más da.
Total, cabé mi tumba.
Que estupida fuí.
Creyéndome algo que no era, que no soy, como si fuera algo de Karl... Estuve fuera de sí. Ahora todos saben que Karl y yo cogíamos, no obstante sin tener el detalle que era mi fiel prostituto.
Pero por más raro que parezca, no he escuchado ofensas en contra mía.
Esto ya era incómodo y ahora lo es más. No sé cómo lo tomó Karl. Sé que está enterado. No soy capaz de verlo, debe estar muy avergonzado, lo expuse junto conmigo. He manchado su reputación. Debe estar muy molesto, furioso. Lo creo porque desde entonces ya no me ha buscado más.
Por estás cosas dudo en estar con él, no sé controlarme. No soy una mujer fácil, muy posiblemente solo le traería problemas a su vida. Y no quiero eso, estoy mejor sola sin hacer infeliz a nadie...
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DE CEO A PROSTITUTO
RomanceKatherine es una escritora famosa que, en un día sin inspiración, decide contratar a un caballero de compañía para experimentar el calor humano y así mejorar sus descripciones. Sin embargo, esto la lleva a una terrible confusión cuando se encuentra...
