Sin meditarlo Katherine le lanza la correa de Peiton a Karl, él se queda pasmado con la correa en manos.
«¿Qué hace?», se pregunta Karl.
—¡Qué barbaridad! ¿Cómo puede haber dueños tan irresponsables? —crea un alboroto la señora.
Kartherine se aleja de Karl simulando no conocerlo.
Él se queda boquiabierto, lo ha dejado morir solo, y todavía hace cómo que se indigna.
...
Han pasado treinta minutos desde que Katherine dejó a Karl morir solo. Seguro está furioso, ella se pregunta si él había logrado arreglar la penosa situación.
La oscura noche ha caído ya, ella camina por la playa buscandolos. Grita su nombre.
—¡Karl!
—Aqui estoy —responde Karl, su voz grave suena lúgubre.
Él esta parado frente a la playa. Llega hasta él.
—Karl...
—No me hables, no quiero hablar contigo. —Su ceño está fruncido.
Katherine hunde sus labios hacia dentro. Nunca lo ha visto tan molesto, no con ella. «En verdad cuando está de ese humor, al lado de él te puedes sentir tan chiquita».
—Por favor discúlpame.
—Me abandonaste...
—Es que me dió mucha vergüenza.
—Y preferiste huir y que yo cargara solo con la vergüenza.
—Alguien tenia que sacrificarse. ¿Por qué morir los dos?
Karl agranda los ojos, le impresiona su descaro «Pero si es tu perro», piensa. Mejor cruza los brazos y se voltea dándole la espalda. Karl también tiene su mal genio.
Respira cansado y comienza a caminar por la playa, Katherine lo sigue por detrás.
Ella sin saber que más hacer para que a él se le esfume el enojo salta sobre él colgándose de su espalda sorprendiendolo, Karl vuelve a agrandar los ojos y a quedarse pasmado.
Finalmente Katherine le da un tierno beso en la mejilla y lo abraza con amor. Hunde su cara en su cuello sintiendo su calor que la reconforta.
—No estes enojado conmigo por favor. Te extraño.
Y a él no se le puede evitar derretirse el corazón con esas acciones y palabras. Sin esperar más le corresponde agarrándola y comenzando a caminar con ella en la espalda.
—No estaba enojado, solo preocupado. No sabía donde estabas.
—Solo regresé al auto y esperé.
Ellos se sienten cómo adolescentes. «Pero los años no son un requisito para vivir el amor».
Pasan algunos minutos así, caminando por la playa platicando. Mientras tanto Peiton los espera en un hotel, lugar donde lo resguardó Karl después del incidente.
Antes de irse al hotel por Peiton, se quedan en el auto mirando hacia las olas del mar y a la resplandeciente luz lunar, está tan hermosa y gigante la luna.
Dentro del auto sentados en el asiento del copiloto, ella sobre él en su regazo y mejilla con mejilla pegadas, disfrutando de su contacto físico y de sus charlas...
—Cuando tenía catorce escribía sobre emociones negativas: odio, tristeza, irá, rabia.
—¿Y ahora?
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DE CEO A PROSTITUTO
RomanceKatherine es una escritora famosa que, en un día sin inspiración, decide contratar a un caballero de compañía para experimentar el calor humano y así mejorar sus descripciones. Sin embargo, esto la lleva a una terrible confusión cuando se encuentra...
