Capítulo diecisiete

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—Pero, vamos a ver... —Lili masticaba rápido su comida. Tragó antes de seguir—: ¿Entonces qué sois?

Los acompañaba el ruido habitual del comedor. Era miércoles y estaban en una mesa apartada.

—No hemos hablado de eso todavía. Es muy pronto.

—Eso ya me lo dijiste la última vez. Ya no es tan pronto.

—Te lo dije la semana pasada. Sigue siendo pronto.

Lili le dio un trago a su botella de agua. Lo miró enarcando una ceja.

—¿Es solo sexo? —Lo señaló—. Come.

Louis suspiró. Llevaba un rato ignorando su propia comida. Lili no le había dado una tregua en su bombardeo de preguntas.

—No... lo sé. Quiero decir, por mi parte no lo es y creo que por la suya tampoco. Estamos cómodos, aunque también es cierto que siempre que nos vemos pues es para... ya sabes.

—Ay, pero eso es normal. Al principio hay que estar como conejos. —Picoteó más de su comida—. Deberías preguntarle si estáis en el mismo punto. Te gusta mucho y antes de que estés hasta las trancas, deberías saberlo.

Respiró hondo y se recostó en la silla.

Hacía tres días estaba pasando otro fin de semana con Harry. Esa vez fue en su piso y tampoco salieron de la cama. Pidieron comida, se ducharon juntos y salieron a desayunar fuera. Harry lo acercó el lunes al teatro y desde entonces su día a día lo había absorbido como de costumbre.

Lili era la única que irrumpía de forma escandalosa en su limbo, haciendo que se planteara cosas. A las doce de la mañana y sin haber terminado de comer.

Bufó.

—No me gustaría agobiarlo.

—Pues si se agobia con esa pregunta tiene dos problemas, agobiarse y des agobiarse —dijo con elocuencia. Louis sonrió por la mueca que hizo luego—. No sois dos críos. Responsabilidad afectiva, es el mejor consejo que puedo darte.

—Tienes razón —admitió tras un breve silencio—. ¿Sabes? Yo creo que en realidad sí lo estamos. Cada vez nos conocemos un poco más, compartimos muchas cosas y hablamos todos los días. Este fin de semana también lo pasaremos juntos, va a volver a venir a casa.

Lili tomó rápido una servilleta y se estiró sobre la mesa para limpiarle la barbilla. La miró confuso.

—Para la baba —explicó muy seria.

Louis se echó a reír y la apartó de un manotazo.

—Pues mira, sí. Cuando conocí a Harry no me lo imaginaba para nada así. Al principio parecía serio, tenso, recto... Sin embargo, es amable, divertido y recuerda cada detalle, lo que le he nombrado que me gusta y lo que no... Es entregado, apasionado... ¡Y me regaló flores!

—... Y bueno en la cama. Es lo que te falta decir. Más bien, lo que le falta para que esté sacado del molde del hombre perfecto. Todavía no supero lo de las flores, por cierto.

Se sorprendió reprimiendo un suspiro.

—Es muy bueno en la cama. Aunque en general nadie es perfecto, todavía nos estamos conociendo. En la cama sí es perfecto —aclaró.

Lili dio un golpe en la mesa y elevó un dedo.

—Más bien, ¿qué es la perfección?

—Exactamente, amiga mía. Creo que la perfección es un concepto complejo y significa algo distinto para cada persona.

—Estoy de acuerdo.

Louis también se apoyó en la mesa y volvió a comer.

—La conclusión de todo esto es que Harry me gusta, me estoy dejando llevar y quiero que pase lo que tenga que pasar.

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