Nada en el mundo podría haberlo preparado para ese momento.
El pub estaba lo suficientemente lleno como para que las conversaciones se entremezclaran con la música, formando un ruido constante y envolvente, mas no molesto. Harry tenía una copa de vino blanco en la mano. La había estado sosteniendo desde hacía casi media hora. El vidrio estaba húmedo por la condensación, y sus dedos jugueteaban con el borde, mientras asentía a medias a algo que Niall acababa de decir.
—¿Estás escuchando o ya te fuiste a otro planeta? —preguntó Roxy, mirándolo de reojo con una sonrisa divertida.
Harry parpadeó, sacudiendo levemente la cabeza. Luego dejó escapar una risilla.
—Perdón, me perdí. ¿Qué decías? —Se llevó su copa a los labios, aunque apenas bebió.
—Que Niall es un drama. Quiere ir a la barra otra vez porque dice que las copas son diminutas —contestó Roxy, imitando a su marido con un tono exagerado.
—¡Son diminutas! —protestó Niall, levantando su propio vaso como si estuviera presentando pruebas—. Y aguadas. Esto no es un gin-tonic, es un vaso bonito, eso sí, de agua con pretensiones.
Harry soltó una breve carcajada al escucharlo.
Se sentía relajado. Sus amigos estaban animados, como cada vez que un plan así de improvisado cuajaba. Aquella noche no tenía nada de especial. No había algo que celebrar, pero tampoco que lo agobiara. Su semana había ido especialmente bien, ocupada en su justa medida.
—¿Entonces vamos o qué? —dijo Niall, empujando ligeramente a Harry para que se moviera.
—Vamos —respondió, dejándose llevar mientras los tres caminaban entre las mesas altas, esquivando a la gente con habilidad.
La iluminación reflejaba los destellos dorados de la chaquetilla de lentejuelas que Roxy llevaba puesta, mezclándose con el brillo de las botellas alineadas tras la barra. La dinámica con sus amigos siempre era fácil, natural. Y Harry lo agradecía.
—¡Pero no me quiero quedar en la barra! —exclamó Roxy, señalando una mesa alta libre—. Allí, rápido, antes de que alguien más la pille.
Los tres se movieron en sincronía, pero el lugar al que se dirigían ya estaba ocupado antes de que llegaran. Roxy resopló con frustración, Niall masculló y Harry solo dejó escapar un suspiro resignado mientras seguían avanzando.
Pronto, unos chicos dejaron libre otra mesa y Roxy se hizo rápidamente con ella, tirando a su marido de la chaqueta. Harry se posicionó a su lado.
—Ah, otra cosa que digo es que podríamos haber elegido un lugar con sillas de verdad. Esto de estar de pie me parece una especie de tortura moderna —volvió a soltar Niall, mirando uno de los taburetes con cierta inquina.
—Pero ¿qué es lo que quieres? ¿Un sofá reclinable? —replicó Roxy, dándole un suave empujón en el brazo.
—¡Hombre! No pido tanto. Esto de apoyar el culo en una silla fantasma no me parece.
Harry volvió a reír, llevándose la copa a los labios. Acto seguido se acercó a su amigo para que lo oyera.
—La próxima vez reservamos en un club privado. De sillones de cuero y puros caros, claro que sí.
—Exacto, Harry. Gracias —Niall alzó su copa como si estuviera haciendo un brindis, pero solo terminó chocándola torpemente contra la de Roxy.
Harry negó con la cabeza, riendo. Se giró.
Y entonces, pasó.
Al principio, no fue más que una sensación. Una especie de cambio en el aire, como si el tiempo hubiera decidido detenerse solo para él. Sus pies siguieron moviéndose, pero su mente se quedó atrás, atrapada en una fracción de segundo.
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Doppel
Fiksi PenggemarHarry perdió al amor de su vida, Alec, de una forma trágica, convirtiéndose en un hombre autómata y desolado. Louis llegó a Londres movido por su única pasión: el ballet. Cuando se cruzan, Harry se da cuenta de que no solo la mirada de ojos azules d...
