Lili iba a conocer a Harry.
Las semanas pasaron rápido; diciembre prácticamente se le había echado encima y la rutina de Louis hacía que perdiera la noción de cuándo terminaban y volvían a empezar las semanas. Sus encuentros con Harry, quien se había mostrado siempre atento, eran lo único que lo devolvía a la realidad. Llenó su despensa de comida no perecedera, en más de una ocasión se llevó su ropa para lavarla y le preguntaba a menudo, y con tacto, sobre el tema del coreógrafo y su compañero de trabajo. Jack seguía de viaje y Mario ojeroso, pero el ambiente en los ensayos era amable. Habían vuelto a hablar más de una vez del tema, perdidos en el dilema del inminente estreno de la obra y la necesidad de que la dirección de la compañía volviera a la normalidad.
En mitad de todo aquello, la primera función de Louis en El Cascanueces se aproximaba. En el reparto de horarios a él le tocaría la de fin de año y a Mario la de Navidad. Ya había llamado a su familia para informarles de que aquel año su estancia en Sheffield sería más corta; de apenas tres días. También había hablado con Harry de eso porque habían sugerido, entre bromas, pasar el año nuevo juntos. Harry aún tenía que cuadrar horarios y planes con su familia, pero ambos mencionaban convencidos que los dos juntos y Londres, después de la función de Louis, podía ser un buen plan.
En cada uno de los nuevos acontecimientos entraba Lili, que también iría al estreno de la obra. Lili y Harry iban a ser sus invitados y eso lo ponía nervioso. Su amiga llevaba una semana ansiosa por tal evento, incapaz de disimular su emoción. Ese mismo día iría a comer con ellos para que se conocieran.
Louis tenía un día largo por delante, pero amanecía bien. Aunque el despertador sonara escandaloso, Harry lo estaba abrazando por la cintura. Un día más, se despertaba en su casa.
Harry gruñó perezoso y apagó la alarma. Luego encendió la luz de la mesita y enterró el rostro en su cuello emitiendo un gruñido más alto. Louis sonrió y se estiró.
—Buenos días.
Harry, como respuesta, le besó el cuello y lo abrazó mejor.
—Buenos días —dijo también.
Louis tiró del edredón y pestañeó mirando al techo. Eran las seis de la mañana y Harry se incorporó a su lado. Cada vez disimulaba mejor que no era un gran aficionado a madrugar.
Louis ladeó el rostro, miró su espalda desnuda y hablo:
—Si pudiera, me quedaría todo el día en la cama contigo.
A él, por el contrario, nunca le molestó pegarse tales madrugones porque su recompensa era ir a bailar. Hacía tiempo que no le hubiese importado, en absoluto, darle un giro a esa rutina.
Harry se giró a mirarlo y sonrió marcando bien sus hoyuelos. A Louis le encantaba verlo así, risueño, aún somnoliento, sin peinar...
Él también se incorporó mientras el otro se acercaba a él.
—¿Seguro que no puedes entrar hoy un poco más tarde? —Le besó de nuevo el cuello—. Yo te llevo.
Louis rio porque su barba corta y áspera le hizo cosquillas.
—Puedo coger el autobús...
—No me prives de ir acariciándote un muslo mientras conduzco...
—¿Así que te ofreces a llevarme por eso? Solo quieres tocarme.
No pudo evitar volver a tumbarse. Harry hizo lo mismo a su lado.
—Me encanta tocarte, lo admito.
Bajo las sábanas Harry le acarició un muslo y luego le apretó una nalga. Louis pegó sus narices y lo besó.
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Doppel
FanfictionHarry perdió al amor de su vida, Alec, de una forma trágica, convirtiéndose en un hombre autómata y desolado. Louis llegó a Londres movido por su única pasión: el ballet. Cuando se cruzan, Harry se da cuenta de que no solo la mirada de ojos azules d...
