Akanemi alzo la vista cuando una doncella vestida de azul, con el cabello corto por los hombros y expresivos ojos, entró en la habitación. Un rato antes había entrado Yurine, un tanto preocupada por haberla perdido de vista durante la fiesta y la había ayudado a desvestirse.
—Princesa —dijo haciendo una profunda reverencia sin hacer contacto visual— mi nombre es Hinako y a partir de hoy le serviré en todo lo que necesite como su doncella, le asistiré con su ropa, peinado y eventos sociales —Dos doncellas más entraron tras ella y cada una se presentó de manera respetuosa, todas manteniendo la vista hacia el suelo.
—Mi nombre es Minami —dijo una dando un paso al frente de manera serena, su nariz afilada refinaba los rasgos de su cara— Me encargaré de la limpieza y la atención a los invitados.
—Mi nombre es Shiraha —dijo la otra con voz suave, su cabello peinado en un par de largas trenzas la hacían lucir mas joven de lo que en realidad era— me encargaré de su comida, por favor hágame saber sus gustos para complacerla.
—Nosinformaron que nuestra superior sería su doncella, que ahora pasaría a ser sudama personal de compañía— dijo Minami dirigiéndose a Yurine que se sorprendiópor la manera respetuosa en la que le hablaba— Agradeceríamos si luego podríainformarnos de los gustos de la princesa y de cualquier cosa que no sea de suagrado.
Akanemi siguió a la doncella, mientras Yurine se quedaba atrás conversando con las otras dos. Minami la guiaba por los pasillos del palacio que ahora era su nuevo hogar, un lugar demasiado grande y sobrecogedor para ella. Parecía un enorme laberinto, donde por más que caminaban no parecían llegar a ningún lado. Como su esposo la había traído dormida, aún no había visto nada del lugar salvo su cuarto. Se sentía raro el hecho de que ahora poseía un palacio. En Jensgerdh nunca había considerado la mansión del señor Aldous como su hogar, pero esto definitivamente era demasiado. Si un cuarto en una mansión nunca la había hecho sentirse cómoda ¿Cómo demonios se suponía que un palacio solo para ella debía hacerla sentir?
Se tropezaron con varias doncellas que hacían reverencias cada vez que pasaba cerca de ellas, deteniendo cualquier labor que estuvieran haciendo de manera inmediata, como si saludarla fuera la cosa más importante del mundo. Finalmente llegaron hasta la puerta del baño.
El lugar era impresionante y hermoso al mismo tiempo. Las paredes eran de mármol blanco al igual que el suelo. Al centro había magnífica tina de mármol azul, donde fácilmente cabrían más de veinte personas acostadas y aun así sobraría espacio. En los bordes de la tina, de unas estatuas con forma de luna emanaban pequeños chorros de agua caliente que la llenaban casi hasta el tope. Tres doncellas vertían en el agua pétalos de rosas, aceites aromáticos y esencias florales que llenaban el lugar con un delicioso pero delicado aroma. Hinako se acercó a su señora con la intención de ayudarla a quitarse la ropa, pero tuvo que retroceder desconcertada al ver que Akanemi comenzaba a hacerlo sola. Como Yurine no estaba para recordarle que tenía que actuar como una princesa, simplemente ignoró cualquier etiqueta y se desnudó.
Akanemi que no estaba acostumbrada a tanto lujo, ni a ser tratada con tanta delicadeza se sentía rara, fuera de lugar mientras entraba en el agua caliente. El agua parecía acariciar su cuerpo con delicadeza y los suaves olores la fueron relajando lentamente. La doncella lavaba su cabello con suavidad cuando Akanemi de repente preguntó:
—¿Cómo es él?
—¿Quién, mi señora? —preguntó a su vez Hinako sorprendida.
—Mi esposo ¿lo conoces?
Hinako permaneció en silencio por un instante meditando que respuesta ofrecer, francamente el príncipe le inspiraba temor, pero no podía decirle la verdad a su ama. Era una simple doncella, no estaba allí para dar opiniones de sus amos, eso estaba prohibido. Su trabajo se reducía a servir y acatar órdenes. Sin embargo no podía dejar de preguntarse cómo alguien como él había dado semejantes órdenes, que la hicieran sentir como en casa.
—¿Hinako? —insistió Akanemi al ver a la doncella dudando acerca de su respuesta.
—Lo siento, princesa —se disculpó con rapidez— el príncipe es... es un gran guerrero, es fuerte... valiente y...
—Me gustaría saber cómo es su carácter —dijo Akanemi al ver que no obtenía la respuesta que deseaba.
—Lo siento, pero no lo sé —mintió brutalmente la doncella bajando la cabeza mientras las otras doncellas intercambiaban rápidas miradas ante su respuesta, cosa que Akanemi no pasó por alto.
—No importa -—añadió pensativa intrigada por todo lo que había sucedido hoy, la manera en la que su esposo la había tratado. Su fuerte abrazo, la manera en que acarició su rostro y la tristeza que escondía en sus ojos.
Luego del baño, las doncellas se retiraron dejando a Akanemi sola con su vestido blanco de dormir. Yurine se retiró con cara de no querer hacerlo. Su señor vendría dentro de poco tiempo y ya se imaginaba lo que sucedería a continuación. Aunque era joven, las sirvientas en Jensgerdh, le habían contado acerca de lo que sucedía entre un hombre y una mujer en la habitación nupcial.
Sintió un ruido tras la puerta y se acercó lentamente. La puerta se abrió de repente y quien entro la tomó por sorpresa.
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El Dios de las espadas
FantasiaEn un mundo donde los dioses una vez caminaron junto a los humanos incluso sacrificando más que su inmortalidad. Tierras lejanas donde la magia es algo casi extinto que solo unos pocos elegidos pueden usar y las bestias míticas que antiguamente goza...
