Un ejército de hombres llegó a la muralla para entrar al palacio imperial en ordenada procesión, llevando en alto la bandera del imperio y el escudo de su general, la dama sol. Los lideraba una imponente figura con una armadura dorada que se bajó de su caballo al llegar a la entrada, donde una multitud de personas los esperaba. La joven mujer se quitó el casco y una larga melena oscura cayó sobre su espalda. Aunque su seria mirada provocaba un respeto inmediato, su hermoso rostro confundía a la hora de imaginar como sería ella en pleno combate.
La recibieron vítores y aplausos de todos los presentes celebrando su nueva victoria. Incluso un niño llegó corriendo a su encuentro y le extendió una flor. Ella le sonrió de forma amable y acarició su cabeza con suavidad. Luego alzó su mano en un corto saludo a los presentes, que provoco aún más emocionados gritos de la multitud, que fue dejada atrás a medida que la comitiva atravesaba la muralla en dirección al palacio.
Comenzó a subir las escaleras con lentitud, sumida en sus propios pensamientos y entró al palacio ignorando las curiosas miradas y los aplausos que algunos le dedicaban al pasar. Sabía que de seguro esa noche el emperador haría un banquete en su honor, pero sinceramente no le apetecía. Todos los sirvientes hacían profundas reverencias a su paso, que ella parecía no disfrutar en absoluto a juzgar por su mirada de molestia.
Alguien la esperaba recostado a uno de los muros con una sonrisa maliciosa. Ella intentó pasar de largo, pero el hombre se interpuso de forma fastidiosa en su camino.
—Vengo personalmente a felicitarte y decides ignorarme, qué maleducada —soltó Naito con sarcasmo
—¿Qué quieres? —escupió la mujer con furia mal contenida
— ¡Ah!, Así que ignorando las reglas de cortesía y sobre todo hacia un príncipe, eres valiente mujer..., disculpe general —se rio por lo bajo de su propio chiste mientras ella le lanzaba una mirada asesina
—Deja de hacerme perder el tiempo y sal de mi camino —advirtió con un peligroso tono de voz
—¿Estás amenazando a un príncipe? Mira que eso podría costarte la vida —ironizó Naito divirtiéndose aún más por su reacción.
Con una rapidez increíble, ella desenvainó su espada y apunto al príncipe sin miramientos.
—¡Maldita serpiente venenosa! —gritó perdiendo los estribos— Acaba de escupir que es lo que quieres, o de verdad se me va a olvidar quién eres y te mataré.
—Tranquila Kazue, como te dije antes, vine a felicitarte —dijo Naito alzando las manos de manera inocente— eres demasiado volátil, te molestas fácilmente solo por una felicitación.
Kazue envainó su espada y le dio la espalda a Naito, dando por concluida la conversación. Ya se alejaba cuando una voz tras ella habló, disfrutando el efecto de sus palabras:
Lástima que llegaste tarde para ver la boda de mi hermano, ¿O es que tu invitación se perdió? —soltó una cruel carcajada mientras la mano de Kazue volaba peligrosamente de regreso a la empuñadura de su espada— ¿Sabes?, creo que al final mi hermano tuvo mala suerte, al menos si te hubiera elegido serían la pareja perfecta de bestias, el uno para el otro...
Kazue respiró profundo, apretó los dientes mientras comenzaba a alejarse, ignorando a Naito y alejando su mano de la espada. Sentía un deseo asesino hirviendo en su pecho, así que mientras más rápido se alejara de allí, más evitaría cometer una locura. Se detuvo frente a su palacete y con rapidez salieron a recibirla un par de doncellas y un joven sirviente, todos vestidos de gris.
—Seki, Honoka, Jinzo ¿Alguna novedad en mi ausencia? —preguntó de manera brusca.
Ambas doncellas intercambiaron rápidas miradas, sabían que su ama no estaba de buen humor y conocían perfectamente el motivo. Era mejor guardar silencio que provocar su ira, así que simplemente negaron con la cabeza por toda respuesta.
Kazue entró al lugar, despojándose por el camino de sus pertenencias con furia mal contenida. Lanzó la espada al suelo enojada mientras el sonido metálico llenaba el lugar, más adelante tiró una parte de su armadura, luego otra. Llegó semidesnuda al baño, donde terminó de quitarse la poca ropa que le quedaba encima, mostrando su cuerpo desnudo en total esplendor. Tenía hermosas curvas acentuadas por su musculatura de guerrera, pero su piel también mostraba varias cicatrices de combate, suciedad y sangre que aún permanecían como recordatorio de su más reciente combate. Apestaba a muerte.
Cerró los ojos y respiró profundo mientras se metía en el agua caliente. No quería pensar, no quería sentir, quería desaparecer de este lugar.
Luego de lo que le parecieron horas, salió del agua y mientras envolvía una toalla en su cuerpo de forma descuidada, caminó hacia su habitación. No se sorprendió en absoluto al ver que alguien ya la esperaba.
Seiken la miró y tragó en seco. El cabello aún mojado caía sobre uno de sus hombros descubiertos, su piel húmeda invitaba a acariciarla, pero su cara de furia daba miedo. Kazue se abalanzó sobre él sin pensarlo dos veces y le asestó un fuerte puñetazo en el pecho. A un hombre común lo hubiera lanzado de inmediato al suelo, pero Seiken solo cerró los ojos por un breve instante, sabía que se lo merecía. Kazue arremetió nuevamente, pero esta vez él detuvo su puño con la palma de su mano y la agarró con fuerza. Atrayéndola hacia él, intentando envolverla en un fuerte abrazo.
Ella de manera ágil se zafó y le dio la espalda, no quería que Seiken viera su rostro, cualquier persona en el mundo, menos él, se sentía derrotada, frustrada, nunca antes nadie la había hecho sentir así. En el campo de batalla había hecho de cada hombre su enemigo, pero el único que había logrado derrotarla sin usar una espada era justo el que tenía parado enfrente.
—Sé que estás enojada... —comenzó Seiken con calma
Kazue segiró tratando de mantener una expresión neutra en su rostro, pero su resoluciónse desvaneció por completo al ver la expresión de desconsuelo reflejada en los ojos del hombre que tenía frente a ella, ante su rechazo.
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El Dios de las espadas
FantasyEn un mundo donde los dioses una vez caminaron junto a los humanos incluso sacrificando más que su inmortalidad. Tierras lejanas donde la magia es algo casi extinto que solo unos pocos elegidos pueden usar y las bestias míticas que antiguamente goza...
