Una figura solitaria caminaba por el frondoso bosque, cubierta con una capa oscura. La extraña aura dorada que la envolvía, provocaba que la hierba y las ramas entrelazadas en un temible laberinto se abrieran a su paso y luego se cerraran nuevamente tras ella, dejándolo todo en su impoluto estado anterior. Borrando las huellas de su misterioso visitante como si nunca hubiese estado aquí en primer lugar.
Un ser humano común jamás habría podido poner los pies en este lugar sellado a propósito para evitar que nadie encontrara nunca estas tierras sagradas que parecían haberse detenido en el tiempo. No se escuchaba sonido de animal alguno, pues ni siquiera ellos tenían permitido el acceso. Así que solo un aplastante silencio acompañaba a la persona encapuchada, que seguía avanzando con confianza como si ya conociera este camino con anterioridad.
Al llegar a lo que parecía ser una pared cubierta por enredaderas, alzó su brazo izquierdo y un símbolo brilló en el dorso de su mano. De inmediato, todas las plantas se retiraron, como si de una cortina se tratara, dejando al descubierto unas enormes puertas.
Bajó su capucha y el cabello blanco corto por los hombros que emergió de esta, se movió ligeramente con la suave brisa. Su piel bronceada hacía un raro, pero bello contraste con sus ojos dorados que miraban con melancolía las grandes puertas que tenía enfrente. La mujer de aspecto juvenil y finos rasgos pasó su mano con suavidad, acariciando la madera con nostalgia, como si se tratara de un viejo amigo de la infancia con el que te reencuentras después de mucho tiempo.
Un cosquilleo en su pierna robó su atención por un instante. Un felino negro, al menos dos veces más grande que un gato normal, se frotaba contra su piel emitiendo un suave ronroneo. Su esbelto y estilizado cuerpo estaba lleno de patrones grises. El animal agitó sus tres colas al unísono y le dedicó a la joven, una mirada de complicidad con sus ojos que compartían el mismo tono dorado.
La mujer, que apenas parecía tener unos veinte años, se agachó hasta quedar a la altura del felino y lo acarició tras las orejas mientras dejaba escapar un suave suspiro. El animal cerró los ojos disfrutando su toque, como si se tratara de algo a lo que estaba acostumbrado.
—Siempre logras hacer conmigo lo que quieres, pequeño travieso —expresó la joven mientras esbozaba una leve sonrisa
Se levantó y empujó las puertas, que se abrieron de par en par emitiendo un chirriante sonido que indicaba claramente que no habían sido tocadas por nadie en mucho tiempo. A simple vista el lugar parecía un antiguo templo abandonado y aunque su apariencia exterior protegida por la naturaleza se mantenía aparentemente intacta, el interior era una historia totalmente diferente. La imagen que mostraba era desastrosa, como si dentro hubiese ocurrido una batalla de proporciones épicas.
Los hermosos y multicolores vitrales que normalmente deberían mostrar representaciones de las vidas de los dioses y sus hazañas, estaban destruidos casi por completo. Faltaba gran parte del techo, que ahora estaba cubierto por enredaderas, al igual que gran parte del agrietado suelo. A través de las tupidas plantas se filtraba una ténue luz naranja que indicaba la caída de la tarde en el exterior. Las estatuas que solían representar a las deidades, donde los creyentes deberían rezar y ofrecer ofrendas estaban prácticamente hechas añicos, apenas algunos irreconocibles trozos habían sobrevivido. Columnas y paredes exhibían marcas de lo que parecían ser arañazos de alguna temible bestia de considerable tamaño.
Caminó con lentitud, pasando con suavidad su mano sobre algunos bancos de madera que aún se mantenían ilesos frente al paso del tiempo y la destrucción reinante. Casi acarició con los dedos los pedazos de mármol roto esparcidos por el lugar. Soltó un largo suspiro mientras continuaba avanzando como si conociera el sitio de memoria. Solo se detuvo al llegar a la altura de una estatua a la que le faltaba la cabeza y parecía ser de una diosa, a juzgar por su silueta femenina.
—Es increíble como todo fue destruido, menos tú —expresó la joven con una sonrisa sarcástica
Luego de lanzar un última mirada cargada de amargura a la estatua, la joven simplemente cerró los ojos y se arrodilló. Después cruzo los brazos sobre su pecho con las manos cerradas, con los puños apuntando hacia sus hombros y bajó la cabeza. Estuvo así durante un rato, hasta que la presencia de alguien más le indicó que no estaba sola.
—Vinieron más rápido de lo que esperaba, apenas pude presentar mis respetos a la guardiana de la paz —dijo abriendo sus ojos con lentitud sin cambiar su postura
—Es un honor haber sido convocado por usted Dai Lakshama —dijo en tono solemne una voz masculina a sus espaldas— Len Daram se presenta a su servicio
—No tienes que actuar con tanta formalidad, solo estamos nosotros —expresó la joven mientras se levantaba y sacudía sus rodillas de forma casual
—Realmente nunca pensé que pondría los pies de nuevo en este lugar —casi murmuró Len Daram mientras daba un rápido vistazo a su alrededor, con sus ojos de un tono púrpura, sin disimular su desagrado. Luego pasó una de sus manos por su cabello, del mismo color blanco que el de la mujer.
—Los que nos movemos en las sombras, manteniendo el equilibrio de este mundo, sabemos mejor que nadie que el mejor lugar para hablar de temas delicados, es aquel donde esta prohibido entrar. Justo donde a nadie se le ocurriría celebrar una reunión como esta —declaró Dai Lakshama con una fría sonrisa
—Entonces debo asumir que su Makhjana tuvo la misma visión —afirmó Len Daram mientras entornaba los ojos en dirección a la joven.
Dai Lakshama no respondió, simplemente abriósus manos con las palmas hacia abajo y luego unió sus dos dedosíndices y sus dos pulgares armando un triángulo con ellos. Del centro emergióuna llama dorada que se quedó flotando en el aire. Colocó una mano debajo y elfuego se dividió en cinco llamas más pequeñas que al unísono salieron volandohacia las lámparas que aún quedaban en el lugar. En el centro de cada unahabían cristales que al entrar en contacto con el fuego se encendieron,otorgando una brillante luz a su alrededor.
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El Dios de las espadas
FantasyEn un mundo donde los dioses una vez caminaron junto a los humanos incluso sacrificando más que su inmortalidad. Tierras lejanas donde la magia es algo casi extinto que solo unos pocos elegidos pueden usar y las bestias míticas que antiguamente goza...
