38 - El viento del cambio (Continuación)

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—Kie Grothe se presenta a su servicio —dijo una voz masculina en tono solemne. Perteneciente a un segundo hombre, que acababa de llegar, de ojos con los iris de un tono gris plateado y el cabello igualmente blanco.

—El poder de ver el futuro siempre nos ha sido inmensamente útil. Pero esta vez es un mal augurio, sobre todo porque los siete vieron lo mismo —intervino una joven de largo cabello blanco atado con una cinta del mismo tono rosa de sus ojos que apareció de forma repentina—. ¿No hay manera de detener o cambiar algún evento? —preguntó mientras se cruzaba de brazos

—Preséntate debidamente ante la Dai Lakshama, aunque estemos solo nosotros, debes ofrecer tus respetos —soltó Len Daram irritado, regañando a la recién llegada

—Jha Kiher se presenta a su servicio —dijo la joven a regañadientes

—Responderé a tu pregunta con algo que todos sabemos y que es parte de nuestras leyes ancestrales —comenzó Dai Lakshama con voz calmada—. Solo los involucrados en dicho evento pueden cambiar el resultado final, de ellos depende cualquier cambio en el destino. Nosotros tenemos totalmente prohibido intervenir.

—Entonces, si solo podemos observar y esperar, ¿cuál es su motivo para convocarnos? —preguntó Kie Grothe con tono neutral

—Precisamente esa es mi razón para hacerlo —afirmó Dai Lakshama mientras daba un par de pasos hasta la estatua y le lanzaba una mirada desafiante— La contradicción que supone "observar y esperar", cuando el peligro de un desastroso final acecha tan cerca que el hedor de la destrucción es perceptible —luego miró a cada uno de los presentes saboreando el efecto de sus palabras y continuó— Justo como aquella vez. No hicimos nada siguiendo las reglas, obedeciendo a nuestros mayores y el resultado fue catastrófico. Si supuestamente nuestro trabajo es proteger y mantener el equilibrio de este mundo, pero en su lugar dejamos que todo sea destruido, que deje de existir por no intervenir, por seguir las reglas. Entonces, al final, no habrá nada que proteger... una interesante paradoja. ¿No es cierto? —El sarcasmo en su voz era demasiado evidente.

—¿Iria usted en contra de nuestros ancestros? ¿En contra de nuestros mayores? —replicó Len Daram de repente con seriedad. En su rostro se veía reflejada la incredulidad por tan solo escuchar tal blasfemia

—Algunos de los antiguos dioses ya renacieron y caminan entre nosotros, con un poder lo suficientemente destructivo como para cambiar el mundo que conocemos —dijo Dai Lakshama por toda respuesta— Esta vez no pienso solo observar. Como Hiskar, debemos mantener el equilibrio, quizás no podemos hacer nada de manera directa para no romper ninguna de nuestras leyes, pero de ser necesario podemos mover algunos hilos dentro de las sombras para cambiar ciertos eventos y hacer que todo sea diferente.

—¿Para esto fue que nos convocó? por mas que la respetemos, si los doce se enteran de esta reunión, estara en grandes problemas —expresó Kie Grothe con tono severo

—Exactamente por esto los llamé —afirmó Dai Lakshama— los escogí, porque creo que son los únicos lo suficientemente inteligentes para escuchar lo que tengo que decir y decidir si vale la pena o no ayudarme a corregir el rumbo del destino. Algo que los doce debieron haber hecho hace mucho tiempo, pero al parecer la comodidad de su posición les ha hecho olvidar la verdadera misión de los Hiskar.

—Tenia curiosidad por saber de que se trataba. Pero ahora creo que esta yendo demasiado lejos, su adoracion hacia los antiguos dioses ha nublado su juicio —la voz de Len Daram estaba cargada de decepción y molestia

—Esto va mas alla de la adoración —afirmó Dai Lakshama— ellos sacrificaron su divinidad para salvar toda la existencia, otorgaron la habilidad de usar la magia a nuestros ancestros y quedaron atrapados en un ciclo de reencarnacion sin fin. Así que creo que es hora de retribuir su sacrificio.

—Me has convencido Dai Lakshama —sonrio Jha Kiher aceptando sin refutar nada de lo que había escuchado— y hace tiempo que no hago nada divertido.

—¿Acaso tú también perdiste el juicio? —le preguntó sorpendido Len Daram a la joven de ojos rosa, que simplemente se encogió de hombros por toda respuesta.

—Debo admitir que las palabras de Dai Lakshama son totalmente razonables. Es justo retribuirle a los dioses sus sacrificios por nosotros o ¿es que acaso crees que con las ofrendas que les damos calmamos su sufrimiento? —intervino Kie Grothe con toda lógica sin perder la compostura ni por un instante— una de nuestras leyes es la retribución, asi que técnicamente no estaríamos haciendo nada malo

—Es algo hipócrita querer calmar sus almas en pena con ofrendas que nunca llegarán hasta ellos —dijo Jha Kiher con voz pensativa

—Kie Grothe, Jha Kiher —soltó Len Daram dirigiéndose a los que habían hablado sin creer lo que escuchaba— esto significa traicionar a nuestros mayores... —comenzó con voz temblorosa en un último intento por convencerlos, aunque claramente sabía que sus argumentos eran totalmente válidos.

—No los traicionamos si no saben de  lo que hablamos aquí —lo interrumpió Kie Grothe— haremos un voto de silencio acerca de nuestra reunión, así no habrá peligro alguno.

—Ya todos están de acuerdo con esto —murmuró Len Daram bajando la cabeza derrotado

—Como hemos llegado a un entendimiento, entonces deberíamos empezar con el tema de las visiones —dijo Dai Lakshama mientras daba un par de palmadas para llamar la atención de todos— Algunas interpretaciones erradas del futuro pueden tergiversar el resultado de los eventos.

—Eso significa que si queremos evitar un suceso e intervenimos para hacerlo, tal vez nosotros podríamos convertirnos la causa del evento —señaló Jha Kiher de forma acertada

—Exactamente, por eso la interpretación es algo clave y muy delicado —concordó Dai Lakshama mientras asentía con la cabeza

—Todos los Makjhana vieron lo mismo: destrucción y a los antiguos dioses envueltos en el desastre, pero no sabemos si lo que vieron es provocado por proteger este mundo, por simple destrucción al azar o por un despertar cargado de ira y resentimiento —dijo Kie Grothe

—O sea, que si no encontramos a los antiguos dioses no sabremos sus intenciones —sentenció Len Daram casi en un murmullo


El Dios de las espadasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora