El paisaje que se percibía a través de la ventana había ido cambiando gradualmente desde que había comenzado el viaje. Las montañas comenzaron a desaparecer una hora después de su partida y en ese momento solo quedaba alguna meseta en la lejanía y los pastos y árboles comenzaron a ocupar el lugar.
El camarote en que se encontraban era cálido y reconfortante. Crista había puesto una parte de sus ahorros para poder viajar cómodos.
Luego de la batalla, los dos estaban exhaustos y apenas habían hablado. Sabían que estaban escapando de algún peligro y eso no los ponía de buen humor. Sabían que deberían irse lejos y esconderse, pero a la vez, tratar de vivir la vida, pues tampoco sabían que debían hacer y en ese momento, Heben y Crista, debían cuidar de la piedra filosofal.
Ella la sentía latir dentro de su mochila. Por un lado estaba preocupada con lo que fuera a suceder, por sus amigos y por ellos, pero aquella piedra fantástica le transmitía una calma casi divina.
Heben miró a su amada, quien estaba recostada contra el respaldo del asiento y la mirada perdida posada en la ventana.
Él también estaba perdido y se sentía algo inseguro. Sí en sí, sabía que aquel Circo, en el que toda su vida había vivido, le había traído desconfianza, nunca hubiera pensado que se trataba de una secta. Un grupo de locos que buscaban aquella piedra que él estaba cuidando en esos momentos y que había asesinado a la madre de Crista.
Desde que comenzó el viaje en aquel tren, los dos tuvieron tiempo de pensar un tiempo a solas en las cosas que habían vivido en una sola noche.
Crista se había enterado que no solo su madre era una alquimista, sino que había sido asesinada por el Circo del cual la persona que amaba y que tenía frente a sus ojos había sido parte de el. A pesar, de que Heben no estaba de acuerdo con todo ello. Más bien, ignoraba lo que realmente hacía esa secta.
Heben no tenía tanto en que pensar. Solo en que había sido ignorante de la verdadera naturaleza del lugar que lo había acogido y en esos momentos, empezó a desconfiar su verdadero origen ¿De dónde había salido él? ¿Sería hijo del algún loco de aquella secta? ¿Sus padres lo habían abandonado?
Nunca se había preguntado nada de esto. Solo empezaba con una pregunta fácil y luego cambiaba de tema. No quería tener una razón para hablar de su pasado, que no conocía.
Los dos compartían un pasado lleno de mentiras, estaban compartiendo un presente juntos que habían logrado por sus propios medios y compartirían un futuro cuidando y buscando el verdadero objetivo de la piedra que estaba en sus manos.
Una hora más tarde, Crista pareció despertar de su trance, luego de pensar en todo lo que su madre le había ocultado. No entendía por qué no le había dicho lo que verdaderamente hacía y más, cuando ella le había demostrado amor por la alquimia. Ni siquiera en su muerte pudo saber que había pasado, y hasta desconfiaba del origen del abandono de su padre. Aunque, cuando le había preguntado a su madre en el pasado y ella comenzaba a sollozar por la angustia, sabía que no le había mentido. Aquellas lágrimas eran muy verdaderas.
Le lanzó una mirada fugaz a Heben quien yacía con los ojos cerrados y con la cabeza recostada sobre el respaldo del asiento.
Él no estaba durmiendo, pero Crista creyó que sí y se sentó a su lado, mirándolo con una sonrisa dulce mientras le quitaba el flequillo rubio de sus ojos.
Ella estaba muy feliz por no estar en ese camino sola y agradecía de todo corazón que Heben hubiera resultado buena persona.
Heben no se movió, pues estaba disfrutando de las dulces caricias de Crista y sabía que si abría sus ojos, ella se retraería por vergüenza y no sería lo mismo.
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Exilio
Teen FictionHeben y Crista escapan de Rosae Crucis hacia un nuevo destino teniendo en sus manos la piedra filosofal. Los dos comienzan con una nueva vida alejándose de sus amigos y sin poder mirar atrás...
