Capítulo 26: Replicas

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-¿Puedo preguntar la razón de todo esto?-la voz de Betty, cargada de reproche, irrumpió en la calma de la cocina donde Clelia preparaba un poco de café para los adultos.

Para su suerte y por tranquilidad, los padres de Bruno y Sandy, habían venido a buscarlos y se encontraban en sus casas. Sin embargo, Nico, siendo mayor de edad había decidido quedarse, no solo por seguridad, ya que desconfiaba de aquel hombre, sino, porque realmente le interesaba la historia de Crista y si tenía alguna oportunidad de ayudarla, lo haría.

Augusto, se había quedado en la habitación de Camila acompañándola, luego de que la niña se despertara con todo el alboroto y no quisiera dormir para enterarse de lo que sucedía.

-Ya lo sabrás cuando llegue el momento-se limitó él a contestar y Betty frunció el ceño.

-Siempre hacías lo mismo << Los sabrás de todas formas>> <<Ya te enteraras>> <<Si no es por mí, lo sabrás por otro>>-comenzó diciendo y luego, mezclando las situaciones y sintiéndose furiosa con su antiguo amigo inquirió-Siempre dices eso para no hacerte cargo de ninguna situación, para que nadie te eche en cara nada. Pero, las cosas no se olvidan y siempre vuelven, y cuanto más tardan, más duro es el golpe-concluyó.

Eiber la miró inexpresivo y suspiró. Después, comenzó a reír, dejándola atónita en el lugar.

Nico frunció el ceño molesto, pero él lo ignoró.

-¿De qué te ríes?-las mejillas de Betty estaban sonrojadas de la vergüenza.

-De lo dura que eres con tus palabras. No has cambiado nada-su sonrisa, que se reflejó sincera en su rostro la confundió aún más.

-Hum-protestó ella-Así soy.

-Lo sé...-susurró Eiber y Beatriz, cansada de todo aquello luego de un día largo, se sentó casi sin energías en una silla al lado de Nico.

Clelia volvió al comedor con una bandeja con cinco tazas de café. Solo depositó dos y luego, miró a Nico.

-¿Podrías ayudarme con estas?-le preguntó ella al chico-Debo llevarle una a Augusto también.

Nico medio atontado porque le pidieran ayuda con algo tan insignificante, se levantó de su asiento y tomó la bandeja que Clelia le tendía. Ella tenía un paquete de galletas en la mano, que supuso, serían para su hija.

-Charlen con tranquilidad-inquirió la mujer en un susurro saliendo de la habitación y Betty miró con impaciencia a su amigo. Aunque, a esas alturas no sabía si se trataba de un amigo o un conocido tiempo atrás.

-¿Te das cuenta de que le haces daño a Crista, no?-le preguntó sin reparos y sin sutileza, pues después de lo que había hecho, realmente no se merecía trato mejor.

-¿Vas a echarme en la cara todo lo que hice mal hasta ahora?-la voz de Eiber sonaba adusta y sin gracia. Él sabía muy bien lo que sucedía.

-Sí, porque alguien debe echártelo. O por lo menos, un adulto, además de tu hija, quien es la primera en hacerlo, puesto que ella es quien lo sufrió.

-Tengo mis motivos-él no daría el brazo a torcer tan fácilmente.

-Sean cuáles sean tus motivos, no es manera.

-¿Manera?-ahora no entendía ¿Acaso el sermón sería realmente largo? Se preguntó y vio de reojo cuando Nico volvía y se sentaba otra vez al lado de Betty, quien acostumbrada a su compañía no le hizo el menor caso.

-Quiero decir-ella suspiró creyendo que era un cabeza hueca-Que te apareciste de la nada y pretendes hablar normalmente con tu hija, a quien por si no recuerdas abandonaste hace diez y siete años ¡Y déjame terminar!-le dijo cuando estaba punto de replicar-Y si, supongo que tienes tus razones, pero si las tienes, entonces deberías ser más precavido ¿Hablar en unos minutos? ¿Acaso eres idiota? ¿No la ves desde hace, no sé, casi dos décadas?

-¡Ya entendí!-gritó exasperado tapándose las orejas con las manos y recordando de mala gana, que ella siempre había sido así. Regañándolo al comer mucho, regañándolo al no hacer los deberes, regañándolo por si se portaba mal con Ekatherina...

-Espero que lo hayas entendido ¡Cabeza hueca!

-¿Cabeza hueca? ¿Cuántos años tienes?

Betty volvió a enrojecer.

-¿¡Acaso no sabes que a las mujeres no se les pregunta la edad!?

-¿Acaso no es así, cuando pasan los cincuenta?-sonrió de lado, sabiendo que aquello le molestaba a sobremanera.

Nico al escucharlos, dándose cuenta de que habían olvidado que él estaba allí, se dio cuenta de que se parecían bastante a Heben y a Sandy cuando peleaban. Luego, sonrió para sus adentros y miró a su profesora, de la cual, no sabía mucho, pero en ese momento estaba frente a uno de sus antiguos amigos y por si no entendía mal, otro alquimista.

-Grosero como siempre.

-Delicada como siempre.

Los dos fruncieron las bocas y luego soltaron unas risotadas, que descolocaron a Nico, quien los miró creyendo que se habían vuelto locos.

-Hacía tiempo que no te veía Bea. Debería haberte visitado.

-No soy la única a la cual debías haber visitado-ella sonrió de lado, demostrándole que no lo olvidaba.

Eiber tiró la cabeza hacia atrás.

-Deja los sermones.

-Eiber ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué la abandonaste y regresas ahora?

El alquimista volvió su mirada posándolos en los de Betty.

-Tuve que escapar-su voz sonó rotunda y Betty se dio cuenta de que no mentía.

Abrió la boca para hablar, pero él a detuvo con una mano. Nico lo miró expectante.

-A quien debo contarle primero es a mi hija. Ella tiene más derecho-la cortó y Beatriz asintió.

-De acuerdo-suspiró-Pero, trata de no ser brusco. Dale su tiempo.

-Lo sé. Lo sé... Créeme, no estoy para nada contento con esta situación. Yo...-Eiber dejó las palabras en el aire, sintiendo él también un nudo en el estómago y volvió la cabeza hacia la puerta del pasillo-Alguien viene...-Cayó, expectante.

Beatriz y Nico lo miraron sin entender y de repente, la puerta de adelante se abrió. Ellos dos se sorprendieron y estaban a punto de levantarse, cuando él los paró con una mano.

Su cara estaba seria mirando el pasillo.

Entonces, Crista y Heben aparecieron en el umbral con expresiones serias y reacias. Ella estaba completamente molesta y estaba utilizando todas sus fuerzas para estar allí.

-Creo que me debes una explicación-le exigió con la voz firme y dura, y Eiber asintió.

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