-¡Ah!
-¿¡Qué sucede!?-preguntó Almendra sobresaltada con la voz llena de desaprobación después de que Feuer, de repente, gritara en el medio de la calle.
Varias personas se los quedaron mirando en el medio de la calle, encontrándose en la zona céntrica de Trenque Lauquen.
-Lo siento-se disculpó encogiéndose de hombros-Es que me frustré con un pensamiento y me salió un grito.
-Vaya, sí que eres extraño-comentó Idra con el ceño fruncido y sorpresa en su rostro.
Sus compañeros, a pesar de que querían a Feuer y eran mucho más amables, asintieron apoyando el comentario de Idra.
Aaron suspiró.
-Trata de no gritar. No queremos llamar la atención-lo regañó molesto.
-Lo sé-bufó Feuer-Pero, no aguanto más. Quiero ver a Crista y saber que está bien.
-No soy la única enamorada y rechazada-susurró Idra mirándolo de reojo con una sonrisa burlona.
Feuer le sonrió.
-Sí, estamos igual. Pero, por lo menos yo ya lo eh aceptado.
Idra no le prestó atención a la sonrisa de Feuer y miró hacia otro lado.
-Yo también lo eh aceptado. Aunque, es irónico que los dos terminaran juntos.
-Tal vez...-Feuer no podía suponer si había sido casualidad o amabilidad por parte de Crista, ya que gracias a ella Heben había cambiado y se había enamorado, terminando juntos. Quizás, Crista era una persona perfecta para dar amor y Heben era perfecto para recibirlo y apreciarlo.
Aquel pensamiento hizo sonreír a Feuer por dentro dándose cuenta de que se había vuelto muy cursi últimamente.
Aeris refunfuñó.
-No eres el único que quiere verla-dijo mirando hacia todos lados, buscándolos fervientemente con la vista. Habían estado desde la mañana recorriendo toda la ciudad y preguntando si los habían visto. Por suerte, Heben y Crista eran personas con rasgos poco comunes, sin embargo, nadie sabía nada de ellos. O por lo menos, no, en ese lugar.
-Creo que todos queremos ver a Crista-exclamó Almendra con tristeza por no tener a su mejor amiga cerca, después de todas las pérdidas que habían sufrido esas últimas semanas. Con solo recordar a su padre pálido y quemándose allá, donde alguna vez había sido su hogar en Bariloche, su cara se llenaba de acongoja y su corazón dolía como si alguien lo estuviera estrujando por dentro.
-Yo no-inquirió Idra rotunda y todos la miraron con cara de pocos amigos.
Al momento, se encogió de hombros.
-Al fin y al cabo, tú no quieres ver a nadie-Feuer la miró con desgano.
Ella frunció la boca.
-No sabes nada-le cortó.
-Puede que tengas razón. Ninguno sabe nada de nada, por lo tanto, podríamos dejar de criticarnos ¿No?
Idra lo miró algo sorprendida y confusa por la manera de manejar la forma de hablar de Feuer. Desde un principio le había parecido una especie de mono proclive a quemarse con su propio fuego. Sin embargo, cuánto más pasaba el tiempo, más cambiaba su opinión al respecto.
Feuer miró disimuladamente el rostro de ella, y se fascinó con sus rasgos perfectos y la ternura de la expresión sorprendida de alguien que se mostraba tan a la defensiva y con cierto aire de asesina.
-Sí-respondió con la voz firme cediéndole la partida. Después de todo, él solo quería calmar las cosas.
Feuer asintió satisfecho y miró a Aaron, quien parecía nuevamente decepcionado pues, la ciudad se estaba terminando y aún no habían encontrado ni una sola pista sobre la ubicación de sus amigos.
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Exilio
Ficção AdolescenteHeben y Crista escapan de Rosae Crucis hacia un nuevo destino teniendo en sus manos la piedra filosofal. Los dos comienzan con una nueva vida alejándose de sus amigos y sin poder mirar atrás...
