Capítulo 12: Mientras tanto...

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-¿Pudiste lograr algo?-preguntó Almendra entrando en la habitación.

Hubo un momento de silencio.

-No...-contestó por fin, Aaron, desilusionado al no encontrar rastro de Crista y Heben, luego de haber intervenido teléfonos y preguntando a personas si habían visto a tales personas con ciertas características. Sin embargo no podían explayarse demasiado porque debían cuidar de que Rosae Crucis no los estuviera escuchando o vigilándolos de alguna manera.

Aaron golpeó la mesa con fuerza.

-¡Debí haber arreglado con ellos un lugar de encuentro!-gritó frustrado.

Almendra se acercó a él y puso una mano sobre su hombro. Luego, lo miró con entendimiento y le sonrió para reconfortarlo.

-Hiciste lo que pudiste-comenzó diciendo-Recuerda que los salvaste y gracias a ti pudieron escapar.

-Lo sé...-suspiró-Pero, no puedo evitar sentirme frustrado.

Ella asintió y le dio un abrazo. Al principio, Almendra pudo sentir que Aaron se tensionaba, lo cual era por la sorpresa, sin embargo, un segundo después el posó su cabeza sobre el hombro de ella y una sonrisa se dibujó en su rostro.

Aeris llegó un segundo después a la habitación y con sus aires de malhumorada, carraspeó para interrumpirlos. Los dos pegaron un salto y la miraron sorprendidos.

La usuaria del aire les mostró las bolsas de comida que llevaba en sus manos y puso cara de duda.

-¿Idra sigue en su sitio?-preguntó dejando las bolsas a un costado y se sentó sobre la cama con las sábanas echas un bollo.

Almendra asintió.

-Feuer la está cuidando.

-...entonces se calló al agua. Fin de la historia-concluyó Feuer sentado en el piso del pasillo y con la espalda apoyada sobre la puerta cerrada.

Idra, del otro lado reboleó los ojos con una sonrisa ante la estúpida historia del alquimista.

-Qué final tan tonto-exclamó volviendo a ponerse enojada recordando su situación de cautiva. Sus ojos violáceos se pasearon por las paredes llenas de círculos de transmutación de cierre que Aaron y Feuer habían conseguido lograr luego de varios intentos, para encerrarla en la habitación y no tener que estarla reteniendo a la fuerza siempre y poder descansar después de haber podido escapar de Rosae Crucis y haber llegado a un hotel que quedaba en medio de un pueblo pequeño y a donde nadie iba.

Feuer rio.

-Lástima que nunca te conté sobre mi abuelo y sus monedas, cuando debía contarlas al comprar algo y perdía la memoria...

-La verdad no me interesa-inquirió de repente cortando la anécdota, aparte de ser horribles eran aburridas y no se aguantaba más las ganas que tenía de romperles la cara a todos ellos.

Sin embargo, a la vez, pensaba con pesar, si hubiera sido al revés, es decir, si la hubieran capturado los de Rosae Crucis seguramente no estaría en esas condiciones, sino mucho peores y no recibiría ni siquiera anécdotas pavorosas.

Feuer vislumbró a Aaron y a los demás en el pasillo y se levantó, después de suspirar por enésima vez.

-¿Cómo está la leona?-preguntó Aeris con desagrado. No le hacía ninguna gracia cuidar de una enemiga y darle buen trato, cuando ella seguramente no lo haría.

Feuer levantó los pulgares en aprobación.

-Aguantó varias de mis historias eso cuenta para algo ¿No?

Almendra y Aaron ladearon la cabeza preocupados, sabiendo que las historias que Feuer contaba eran horribles.

-¿Pudieron averiguar algo?-inquirió al momento y no recibió buenas caras.

Ellos negaron con la cabeza.

-No podemos arriesgarnos demasiado por Rosae Crucis y al parecer, en cierto modo es una buena noticia, Heben y Crista se escondieron muy bien.

Feuer sonrió ante aquello e Idra con la oreja sobre la puerta se rio con ganas.

-No van a poder reunirse nunca con sus amigos y la secta los encontrará-dijo con voz burlona.

El ambiente se tensionó al momento.

Almendra se acercó a la puerta.

-Te recuerdo que no estás en posición de molestarnos-le dijo tratando de intimidarla, pero por lo general a ella no se le daban bien esas cosas.

Idra siguió riendo.

Aeris apartó a Almendra de la puerta y se apoyó sobre la cadera con tranquilidad.

-Pobrecita, se ríe creyendo que va a ganar-exclamó con voz tranquila como si nada.

Idra dejó de reír.

-Me rio porque me imagino tu cabeza colgada de un cable.

Aeris sintió repugnancia.

-Qué extraño, yo no. Pero, si me imagino a mí dándote una paliza.

Idra volvió a reír burlona y Aeris frunció el ceño, pero cuando amagó a abrir la puerta Aaron se interpuso.

-Ya basta-la cortó y Aeris se quedó en el lugar cruzada de brazos y con el ceño aún fruncido, como una niña caprichosa.

Aaron se volvió a los demás.

-Creo que podemos sacar algo de información-dijo.

Los demás se lo quedaron mirando.

-¿De dónde?-preguntó Almendra llena de dudas. Estaba perdiendo poco a poco las ganas de seguir con todo ello, se sentía como en una de esas películas fantásticas que tanto le gustaban, pero solo dentro de la parte de tensión y sin creer del todo que aquello podría tener un final feliz.

Aaron señaló la puerta de la habitación de Idra.

-Ella conoce a Heben, quizás pueda deducir algo.

Feuer ladeó la cabeza con duda.

-¿Y cómo le sacaremos información?

El alquimista de metal volvió a suspirar con desgano.

-Ya encontraremos la forma-sentenció volviéndose a la puerta y abriéndola con cuidado.

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