Almendra corrió con fuerza. Fuerzas que no sabía de donde sacaba, pero que la hacían seguir, para encontrarse por fin con su amiga.
Los demás, también motivados, pero con menos energías que ella, la seguían un metro atrás, luego de que se hubiera enterado, por un grupo de chicos que encontraron en el camino dirigiéndose también allí, Sandy y Bruno, que Crista y Heben se encontraban en el Hostel <<Las Ballenas Azules>>.
-¡Almendra, espera!-gritó Aaron con el aliento blanco frente a su cara mientras hablaba y respiraba.
-No puedo esperar-exclamó-Quiero verla. Además, ustedes nos dijeron que su amigo que estaba con ellos los llamó repentinamente-miró a Sandy y a Bruno quienes corrían a la par de los demás, preocupados luego de que ellos, rápidamente mientras corrían, les explicarán todo lo que había sucedido y quienes eran Heben y Crista.
Sandy asintió.
-Es extraño que Nico moleste a estas horas. Tal vez...
-¿Habrá sucedido algo?-preguntó Bruno con la voz entrecortada mientras corría a largas zancadas y con sus lentes rebotando sobre sus ojos.
Feuer hizo una cara de disgusto.
-¿Nos habrán alcanzado?-se preguntó a sí mismo pensando en las arpías y lo rápido que habían llegado a Trenque Lauquen antes que ellos. Esperaba que no fuera demasiado tarde.
Aaron negó con la cabeza, solo para que no se preocuparan. Si llegaba a ser así, no lograrían nada con desesperarse antes de tiempo.
-¡Sigamos!-gritó el alquimista de metal-No perdamos el tiempo con especulaciones.
Feuer asintió olvidando la preocupación.
Idra, quien iba detrás de todos, miró la ciudad con cierto aire de nostalgia y terror. Unos segundos antes, habían pasado por la calle que ella había destruido y en ese momento, se encontraba arreglada y un pequeño edificio de tres pisos, ocupaba el lugar que antes había pertenecido a una casa.
Sintió un nudo en el estómago al saber que se encontraban en el Hostel de sus padres y pensó, que Heben era un maldito cerdo al dirigirse allí, siendo consciente de ser un lugar conocido, y donde ella misma podía pensar que estarían. Después de todo, Puerto Madryn había sido una de las opciones.
-Doblen a la izquierda-les ordenó Sandy indicándoles la dirección, nadie de ellos, excepto Idra conocían el lugar.
Todos siguieron la orden de Sandy y doblaron la esquina, de repente se encontraron con otro grupo de personas.
-¡Eres un maldito!-inquirió con un espasmo de furia Lis, mientras Eiber las detenía, congeladas y exhaustas en una pared fuera del Hostel, luego de que hubieran saltado por la ventana en busca de Heben y Crista, quienes rápidamente habían desaparecido-¡No te saldrás con la tuya!-le gritó.
-No-dijo él rotundo-Quienes no se saldrán, nunca más con la suya, serán ustedes-posó una mano sobre el cuello de esta y lo congeló.
¿Debería matarlas? Se preguntó, siendo consciente de su propia moral, pero luego pensó que debería hacerlo, por los mismo motivos de que habían participado en los asesinatos de sus amigos y su amada, y porque unas asesinas que podrían ir tras su hija y los hijos de sus amigos, no tendrían razón de vivir.
Con una mueca de disgustó, dirigió su mano a la frente de la arpía mayor.
-No te atreverías-lo retó en un siseó de odio y frustración. Nunca se doblegaría o lloraría frente a él.
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Exilio
Teen FictionHeben y Crista escapan de Rosae Crucis hacia un nuevo destino teniendo en sus manos la piedra filosofal. Los dos comienzan con una nueva vida alejándose de sus amigos y sin poder mirar atrás...
