La estación de San Antonio Oeste era pequeña y con un aspecto rústico pero lindo. Con su cartel que lo indicaba a lo lejos y con todo el aspecto de una vieja estación pero bien conservada.
Crista y Heben bajaron del tren sintiendo que sus cuerpos pesaban mucho por el cansancio. Si bien se habían curado completamente, sus cuerpos necesitaban descanso. Después de todo, desde que comenzó el ajetreo no habían podido parar ni un segundo.
Crista se dirigió a Heben mientras salían de la estación y se dirigían a la ciudad.
-¿Qué hacemos ahora? ¿Nos quedamos aquí?-le preguntó ella, poco convencida. Aunque, admitía que era una bella ciudad.
-Es bonito, pero no es lo que tenía en mente-exclamó Heben-Pensaba dirigirnos a Madryn.
-¿Dónde hay Orcas, Ballenas y Pingüinos?-Crista se esperanzó casi como una habilidad infantil. Amaba a los animales y aquella ciudad, además de ser fría y poseer mar, también tenía a unos kilómetros una reserva natural llena de animales, aparte de los ya nombrados, como zorros, caballos y lobos marinos salvajes.
Heben la miró con duda.
-Sí, pero no es por eso.
Crista carraspeó.
-No, claro-dijo intentando ponerse seria-Lo siento, me emocioné.
Heben sonrió de lado ante la ternura de ella y luego le señaló que comenzaran a caminar. Pronto sería medio día y con el desayuno del tren no les alcanzaría para todo el día.
Luego de caminar media hora, se encontraron con un almacén y compraron algo para comer. Después se dirigieron a la costa, con las famosas grutas. Cuevas que se veían cuando la marea bajaba, y para su suerte esta se encontraba baja cuando llegaron a la calle que daba a los balnearios y proporcionaba una gran vista.
-Bajemos-le dijo Crista a Heben, tomándolo de la mano y empujándolo para bajar a la playa.
Cuando llegaron, ella se sentó en una piedra mirando el mar cristalino y sacó lo que habían comprado, haciéndole señas a Heben para que se sentara a su lado.
Él suspiró resignado y se sentó junto a ella tomando un poco de la comida, mientras miraban la vista con los ojos entrecerrados por la claridad del día.
La playa estaba atestada de gente que aprovechó aquel fin de semana lleno de Sol para salir y tomar aire fresco.
Heben se quedó mirando a unos nenes que jugaban con la arena intentando hacer castillos de arena, y le sorprendió, extrañamente, el hecho de que se divirtieran con algo tan sencillo.
Crista se lo quedó mirando mientras masticaba y se dio cuenta que sucedía. Luego, dejó la comida a un lado y tomó la mano de Heben, quien la miró al instante.
-¿Ya te quieres ir?-preguntó serio.
Ella negó con la cabeza y lo obligó a bajar a la arena.
-¿Qué haces?-le preguntó esta vez sonriendo creyendo que era una broma.
Ella le siguió sonriendo y sin previo aviso lo lanzó hacia abajo sin que él pudiera evitar caer. Las rodillas de él golpearon contra la arena y cuando estaba por levantarse Crista lo retuvo.
-Juguemos-exclamó.
Heben la miró con los ojos entrecerrados.
-¿Te cayó mal la comida?
-¡No! Pero, mientras hacemos la digestión podemos jugar un rato.
Él se la quedó mirando sin entender y creyó que algo estaba tramando, porque Crista podía ser infantil pero se estaba pasando, pensó él.
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Exilio
Teen FictionHeben y Crista escapan de Rosae Crucis hacia un nuevo destino teniendo en sus manos la piedra filosofal. Los dos comienzan con una nueva vida alejándose de sus amigos y sin poder mirar atrás...
