-¿Cómo es que terminamos en esto?-la voz resignada de Heben interrumpió a Crista, quien atenta y bien predispuesta, distinta a él, se encontraba maquillando al grupito de niñas aprendices de Chemia.
La última de las niñas gritó de alegría y se miró en el gran espejo con una sonrisa gigante que compartió con las otras cinco, que segundos después se dispersaron y se fueron del lugar.
Crista se dio vuelta y le sonrió a Heben.
-¿De qué te quejas? La verdad es que ese traje se te ve bien-exclamó ella, en parte bromeando y en parte sincera, observando el traje de príncipe, que Beatriz le había obligado a ponerse, luego de que en el sorteo a él le tocara hacer de príncipe en la pequeña obra de teatro que la mujer había organizado días antes y les había avisado el día anterior, sin darles oportunidad de decir no.
Heben suspiró. No tenía energías para enojarse. Demasiada humillación por ese día, luego de que el idiota de Nico hubiera salido libre de la obra encargándose de la escenografía. Pero, lo peor, era que a Sandy le había tocado hacer de princesa y Crista estaría ayudando a Nico con las luces en escena, cerca de él.
Heben frunció el ceño ante ese pensamiento.
Bruno, haría la música de fondo.
-No puedo creer que deba hacer de enamorado de esa mocosa insufrible-protestó con desgano y se quedó callado. Trataría de guardar lo que le quedaba de energía para la obra y aguantarse la cara de pocos amigos de Sandy cuando lo regañara por olvidarse alguna línea de diálogo o la pisara al bailar. Aunque, aquello no le parecía tan mal si la hacía rabiar después de todo.
-Hum, voy a tratar de no ponerme celosa-bromeó Crista y Heben le sonrió mientras se sentaba en la silla de la habitación.
Los dos se encontraban en una de las habitaciones del Hotel de Clelia y Augusto, quienes, al enterarse de la obra y de que les costaba encontrar un lugar donde poder realizarla, habían ofrecido las instalaciones de allí. Utilizando el patio y uno de los balcones del hotel que daban a este desarrollándose en el lugar la obra de teatro. Por alguna extraña razón, Clelia había querido ayudar, no solo a Crista y a Heben, sino también a Beatriz.
-¡Uf! Porque Sandy es tan hermosa y agradable-inquirió con sarcasmo y se escuchó un golpe que provenía de la habitación de al lado.
-¡Te escuché!-gritó Sandy, quien se estaba preparando en el cuarto contiguo y los dos reprimieron unas risas ante la imagen de la niña enfurruñada escuchando detrás de la pared.
Crista asintió y se acercó a Heben. Después, se sentó sobre sus piernas. Él la recibió con una expresión seria pero intensa, posando sus manos en sus caderas de manera delicada.
-Qué lindo príncipe eres-la cara de Crista era una mueca de gracia, pero a la vez de deseo y cariño.
Hasta ese momento, luego de la persecución y teniendo en custodia la piedra filosofal, no hubieran creído poder llegar a tener ese instante. Trabajando juntos en algo que habían dedicado su tiempo desde niños, a los circos que alguna vez habían pertenecido, y teniendo un rato de alegría, risas y amor, donde pudieran relajarse aunque sea los cuarenta minutos que duraba la pequeña obra de teatro.
-Y tú la alquimista más hermosa-profirió Heben mirándola alternativamente ente su boca y sus ojos-¿Sabes que es lo peor de todo esto?-le preguntó de repente y Crista enarcó una ceja.
-¿Qué?
-Que me importa un bledo la obra si ahora comienzo a besarte. Cosa que intuyo, que no podré parar.
Crista, con una sonrisa avergonzada, le pegó en el hombro en broma y acostó su cabeza acomodándola en el hueco de su cuello y pecho, mientras reía.
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Exilio
JugendliteraturHeben y Crista escapan de Rosae Crucis hacia un nuevo destino teniendo en sus manos la piedra filosofal. Los dos comienzan con una nueva vida alejándose de sus amigos y sin poder mirar atrás...
