-¡Dije que te callaras!-Sandy tenía las mejillas rojas de la furia, mirando con ojos enardecidos a Heben, quien, sin poder evitarlo volvía a molestarla, aprovechando que Crista había ido al baño y no había regresado.
Clelia y Beatriz se incorporaron al grupo desde el pasillo y los miraron con sonrisas. Observaron a cada uno. Nico hablando tranquilamente con Bruno, Sandy furiosa gritándole a Heben y Crista uniéndosele para regañarlo por molestarla luego de volver del baño.
-Haces un buen trabajo con estos chicos-le reconoció Clelia sonriéndole de lado.
Betty asintió feliz.
-El tuyo no está nada mal. Gracias por haber confiado en mí y haberles insistido para que fueran a verme.
La cara de Clelia se llenó de sorpresa.
-¿Cómo es que...?
-Crista me lo dijo-la interrumpió-pero, por supuesto que solo se le escapó. No lo dijo con ningún otro sentido ya que ella ignora nuestra antigua relación.
-Ya veo...-Clelia sonrió para sus adentros y luego posó la mirada en Heben y Crista. Estaba feliz de tenerlos cerca y creía que aquello era una oportunidad para recordarle a su hija y buscarla. Disculparse con ella y aguantar lo que tuviera que aguantar.
De repente, se escucharon golpeteos provenientes de la puerta de entrada.
-¿Quién podrá ser a esta hora?-se preguntó la mujer mientras miraba, en su trayecto a la entrada, el reloj del pasillo, donde marcaban las doce de la noche.
Beatriz fue detrás de ella, con el solo hecho de vigilar que no fuera nadie que quisiera buscar problemas.
Las dos pasaron al pasillo y Augusto salió de una de las habitaciones de abajo.
-¿Quién es?-preguntó el hombre y Clelia negó con la cabeza.
-Aún no lo sé-dijo al lado de la puerta y se volvió para abrirla. Cuando lo hizo se encontró con un completo desconocido.
Un hombre con un saco largo oscuro y sombrero negro, que escondían debajo de su sombra cabello oscuro como la sombra con algunas canas esparcidas ordenadamente y unos ojos azules que le parecieron muy familiares.
Clelia dudó en la puerta.
-Buenas noches ¿Qué se le ofrece?-su pregunta quedó en el aire, cuando Betty, quien se asomó por la puerta para mirar, ahogó una exclamación.
-¿Eiber?-la voz de Beatriz estaba llena de duda y confusión.
Eiber sonrió.
-¿Lo conoces?-le preguntó Clelia volteándose hacia ella y vio que Augusto se acercaba.
-¿Qué sucede?-preguntó su esposo.
-No sucede nada-la voz de Eiber cortó la confusión del momento y todos se dieron la vuelta para mirarlo.
El hombre arrastró su abrigo negro y se acercó un paso. Luego, se quitó el sombrero y les sonrió.
-¿Puedo pasar?-preguntó y Clelia miró a Beatriz confiando en su juicio, ya que ella no tenía idea. Aunque, si hacía memoria, una imagen lejana de cuando ellas eran adolescentes, le venía a la cabeza y si mal no recordaba alguna que otra vez había visto a Beatriz con aquel hombre y otras personas más que ya no estaban en esa ciudad desde hacía tiempo.
-Es de confianza-inquirió Betty y Clelia, confiando en ella, abrió completamente la puerta para dejarlo entrar.
-Muchas gracias-exclamó Eiber y se quitó su abrigo posándolo en una mano. Se volvió hacia ellos y extendió la otra-Mi nombre es Eiber Velum.
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Exilio
Genç KurguHeben y Crista escapan de Rosae Crucis hacia un nuevo destino teniendo en sus manos la piedra filosofal. Los dos comienzan con una nueva vida alejándose de sus amigos y sin poder mirar atrás...
