El hijo de Griselda miró a Feuer y a Crista con una expresión completamente vacía. Desde que había nacido, permanecía entrenando en un lugar alejado de todo. Los únicos que habían sido alguna vez sus "amigos" eran un pájaro que hacía tiempo ya había muerto y su madre, quien lo visitaba ocasionalmente hasta que lo necesitaba.
Tampoco tenía un nombre.
No conocía la amistad o el amor. Tampoco sentía lástima u odio al no conocer estos, pues sin amigos amados a quienes no lamentar y luego odiar por aquella pérdida ¿Cómo haría entonces para sentirlo? Por lo tanto, no solo era una fachada. Aquel chico realmente no sentía nada y solo obedecía órdenes de su madre.
Crista lo observó desde su lugar. Él no se había movido luego de su ataque. Supuso que la estaría estudiando y quizás esperaría a que atacara para hacer su movimiento. Sin embargo, unos segundos después, el chico se inclinó hacia adelante y como un torpedo salió al frente con una mano enardecida en fuego.
-Fuego y hielo-susurró cerca de ella, cuando levantó su mano y ella lo apagó con viento completamente helado.
Feuer se le apareció por detrás y sopló una gran bocanada en dirección a este, que con un movimiento rápido lo esquivó y el fuego se disipó en el ambiente, creando una ola de aire caliente.
-¡Crista detrás de ti!-la advirtió rápidamente Feuer cuando el chico se posicionó detrás de ella, siendo más rápido y logrando quemarle parte de su mejilla cuando ella se lanzó lo más rápido posible hacia atrás.
-¡Ugh!-se quejó Crista tambaleándose en el asfalto y acuclillándose para estabilizarse, mirándolo con un ojo cerrado cerca de la quemadura. Rápidamente pasó agua por allí y se mordió el labio ante el ardor.
-¡¿Estás bien?!-Feuer se acercó corriendo esquivando y lanzando ataques al chico que no se quedaba quieto, mirándolos solo para sondearlos.
No se preguntaba nada y ni pensaba en nada, más que las órdenes de su madre.
-Sí-mintió Crista y lanzó varias estalactitas por detrás de la espalda de Feuer para hacer al chico.
-No se ve bien-sentenció Feuer frunciendo el ceño y mirando hacia atrás para recibir el ataque nuevo.
Una bocanada de fuego que intentó absorber con sus propios poderes, mezclándola con su fuego, reciclándolo y vuelto a mandar en la dirección en la que vino, impactando en el lugar del hijo de Griselda. El fuego, quemando el asfalto crepitaba y ellos aprovecharon el momento para hablar.
-Debemos hacer algo. Este tipo es fuerte-le susurró a Crista sintiéndose molesto.
¿Por qué en ese momento Rosae Crucis les daba tantos problemas, cuándo los habían enfrentado en el pasado sin ningún inconveniente? ¿Acaso se debía a sus nuevas adquisiciones? ¿Griselda los había guardado para un momento así?
Muchas preguntas se le venían a la cabeza a Feuer y mientras él le miraba la herida, Crista abrió los ojos de repente mirando por sobre el hombro de él.
-¡Feuer cuidado!
-Vaya, vaya. Los discípulos quieren enfrentar a su maestro-inquirió Griselda comenzando a sonreír para no perder la calma. Sabía que era poderosa, pero si algo había que no le gustaba era perder el tiempo y en ese momento habían perdido mucho. Además, para ella, Heben e Idra siempre habían sido muy fuertes. En especial ella, aunque le había faltado carácter, sin embargo en ese momento, sus ojos a pesar de que se veían menos reacios y vacíos, tenían otro tipo de determinación que no le gustaban nada.
-No creo que un maestro mate a los padres del discípulo y encima se lo esconda-le recriminó Heben, comenzando a elevar piedras.
El suelo bajo los pies de Idra estaba brillando en rojo vivo.
ESTÁS LEYENDO
Exilio
Teen FictionHeben y Crista escapan de Rosae Crucis hacia un nuevo destino teniendo en sus manos la piedra filosofal. Los dos comienzan con una nueva vida alejándose de sus amigos y sin poder mirar atrás...
