-Y... ¿Qué deberíamos hacer?-fue la pregunta que hizo Crista, luego de que Beatriz los felicitara por su decisión de contribuir a la causa alquímica, así la había llamado, y después los hizo pararse fuera de su oficina y dijo:
-Vean que encuentran y decidan ustedes. Son artistas, aparte de alquimistas y la creatividad también debe fluirles. Suerte.
Literalmente, nos dejó a nuestra suerte, pensó Heben frunciendo el ceño al darse cuenta de que había sido mala idea. Y se enojó aún más, cuando se dio cuenta de que Nico lo miraba desde el otro extremo del galpón con una sonrisa de desafío.
De repente, él sintió algo cálido en su espalda y miró a Crista. Ella había posado su mano en él y lo miraba con tranquilidad y apoyo.
-Somos alquimistas, lo demás es cuenta corriente-exclamó ella.
Heben enarcó una ceja al no entender.
-¿Qué?
-Que solo debemos demostrar lo que sabemos-le guiño un ojo y Heben sonrió ante la astucia de ella.
Crista se encaminó hacia unos diábolos que se encontraban en un rincón lleno de utilería y sabiendo que el grupo de alquimistas de su edad los estaban observando y probando a la vez, se volvió a Heben y le hizo una seña para que la ayudara.
Él al comprender, tomó el diábolo que ella le extendió y los dos comenzaron con el espectáculo. Así como Betty lo había dicho, eran artistas y cirqueros, y lo que hacían estos, era demostrar sus habilidades dando a la vez un gran espectáculo.
Heben y Crista comenzaron a girar los diábolos en forma circular por sobre sus cabezas y espaldas, al principio de manera desconectada entre sí. Luego, posicionándose cada uno frente a sí, los giraron acercándolos al del otro hasta unirlos.
Los hilos silbaron ante la unión y los diábolos chocaron entre sí con un sonido de plástico hueco.
Nico, Sandy y Bruno los miraron con aburrimiento sin entender a que se debía aquella demostración tan sosa para la edad y la presencia que parecían tener.
Sin embargo, las niñas y niños pequeños que había esparcidos haciendo algunas tareas básicas de alquimia, se los quedaron mirando, no solo porque les atraía lo que hacían, si no también, porque creían que Crista y Heben hacían una gran pareja.
De repente, sin aviso, Crista lanzó sus hilos y el diábolo al aire y con ello Heben se preparó para tomarlos, mientras ella realizaba otro movimiento.
Con un salto, hizo una vuelta y pasó sobre la cabeza de Heben cayendo a su espalda, justo cuando él le devolvía el diábolo y ella lo volvía a tomar, sin perder el movimiento, con gran sincronía.
Nico sonrió ante aquello y miró a Crista con mayor interés que antes. Sandy frunció el ceño al darse cuenta y se cruzó de brazos, molesta.
Los diábolos, aún unidos y en movimiento se desprendieron con un movimiento rápido de Heben, quien hizo varias volteretas junto con el diábolo y Crista lanzó el suyo nuevamente al aire con otro salto seguido de ella.
Hizo un pequeño silbido y Heben, cayó a su lado limpiamente y detuvo los diábolos en el aire, terminando con la función.
Los pequeños niños creyendo que aquello era de verdad un espectáculo aplaudieron encantados y Crista les sonrió llena de ternura. Además, la idea de ser minie alquimistas le parecía dulce.
Al momento, otro aplauso se sumó al de los niños y los dos alquimistas se volvieron hacia Nico quien los estaba felicitando.
Sandy y Bruno también lo miraron sorprendidos.
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Exilio
Novela JuvenilHeben y Crista escapan de Rosae Crucis hacia un nuevo destino teniendo en sus manos la piedra filosofal. Los dos comienzan con una nueva vida alejándose de sus amigos y sin poder mirar atrás...
