Capítulo 16: Oferta aceptada

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Crista miró los papelessobre la mesa y luego la mochila debajo de esta con la piedra filosofal dentro.A veces se preguntaba cómo su madre había creado algo tan maravilloso y sintióuna opresión en el pecho al recordarla.

-No sé si debamosaceptar-inquirió Heben cortando con sus pensamientos.

Ella se dio la vueltapara verlo. Él estaba acostado sobre la cama mirando el techo.

-Pero, si no aceptamosnos quedaremos sin trabajo-le dijo Crista sentándose a su lado.

Heben se sentó y la miró.Luego, suspiró.

-¿Y qué? Debemos ayudarlacon aquellos niños que vimos, como aquel pelmazo que se hizo el lindo contigo.

-¿Te refieres al delrayo?-Crista lo miró sorprendida. Heben se estaba mostrando ¿Celoso?

-Sí-asintió-Aunque, nocreo que ese necesite demasiada ayuda. Tu misma viste lo que hizo.

-Realmente fueimpresionante. Aquel chico debe tener varias generaciones de alquimistas en susangre-convino ella.

Heben se sintió molestoal ver que Crista estaba impresionada por aquel estúpido, pero cuando iba ahablar golpearon la puerta.

-Pase-inquirió Crista yCamila abrió la puerta, mientras Clelia entraba junto con una bandeja congalletas y jugo.

-Hola, les traje algopara comer-dijo la mujer y Camila se sentó junto a Crista y a Heben.

-¿Hoy harán otroespectáculo?-preguntó la niña mirándolos con una sonrisa de ensoñación.

Heben frunció el ceñosintiéndose molesto y Crista miró a la niña con comprensión.

-Camila, ve a jugarabajo-le dijo Clelia dándose cuenta del estado de Heben y Crista.

Camila refunfuñó molestade que la sacaran siempre de las conversaciones que ella creía de "adultos".Luego, a regañadientes se fue de la habitación y cerró la puerta de un portazo.

Crista se encogió dehombros, cuando Clelia pasó la mirada por los papeles en el escritorio.

-¿Acaso aquella mujer lesofreció algo?-preguntó ésta sentándose en una silla.

Crista y Hebenasintieron.

-Nos dijo que no podemoshacer más espectáculos callejeros, porque los alquimistas de la ciudad y losalrededores corren peligro de ser descubiertos. Pero-Heben se cruzó de brazos-acambio, nos ofreció un trabajo en su especie de taller artístico dondeayudaremos a los niños con sus poderes alquímicos.

Clelia miró a Heben conatención.

-¿Sabes? Hubiera sidobuena idea haber escuchado a aquella mujer tiempo atrás-suspiró dándose cuentade que aquel tema ya lo habían hablado y no tenía sentido seguir diciéndolo. Elerror era suyo y de su marido-Creo que, no es mala idea y podrían ayudar amuchos alquimistas jóvenes que aún no controlan sus poderes.

-Es lo mismo que le dijeyo-inquirió Crista mirando a Heben con insistencia.

Este resopló.

-¿Acaso soy el único que desconfía de aquellamujer?-preguntó sintiéndose enojado-No quiero volver a caer en otra trampa otravez ¿Cómo sabemos si esta tal Beatriz no conoce a Rosae Crucis y puededelatarnos?

Crista decayó de hombrossintiéndose decepcionada.

-No creo que seaasí-exclamó Clelia con seriedad-Aquella mujer los vio aquella noche y podríahaberlos delatado tranquilamente. Además, ella está aquí antes de que RosaeCrucis pisara esta ciudad y supongo que habrán visto su taller y por laimpresión de Crista, no era un lugar horrible ¿O no?

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