-Heben, Crista despierten. Hemos llegado-inquirió Fausto volteándose hacia ellos, luego de detener el auto en la entrada de la ciudad de Madryn.
Crista y Heben refunfuñaron como niños ante la voz de Fausto, pero los dos abrieron los ojos de golpe luego al darse cuenta de que habían llegado. Ella se despegó del hombro de él, quien comenzó a estirarse. En un instante, estaban completamente despiertos.
-Muchas gracias-dijo Crista mientras abría la puerta.
El aire frío de la noche traspaso la puerta, invadiendo el auto.
Fausto sonrió.
-No hay problema. Debo admitir que fueron unos acompañantes muy tranquilos y me hicieron buena compañía-él ya se encontraba afuera junto a Crista.
Heben salió un segundo después y con una leve sonrisa de sinceridad, extendió su mano hacia él.
-Realmente le agradezco.
-Heben-dijo amistoso estrechándosela y atrayéndolo para darle un abrazo palmeándolo en la espalda como si fueran amigos.
Él se sorprendió ante tanta cercanía, pero se sintió feliz y sin darse cuenta, aquello se parecía mucho a un gesto paternal que él no había sentido hasta el momento.
-Nos vemos. Suerte-les dijo Fausto deseándosela de corazón y se metió al auto. Hizo señas de luces y desapareció sobre la ruta.
Ya casi eran las once de la noche allí en Madryn. El viaje había tardado más de lo previsto al encontrarse con un control policial que examinaba cada auto y el tema de explicarles a los policías que eran mochileros no les había sido fácil.
Crista se abrazó a sí misma, sintiendo el frío que se colaba por su ropa. Al parecer, Madryn era más frío que Bariloche, aunque eso se debía a la costa, la humedad lo volvía más resistente y fácil de invadir hasta los huesos.
Sin embargo, a ella le gustaba mucho ese clima. Heben, era el que quizás parecía más reacio.
Los dos se miraron de repente, dispuestos a pensar que seguiría. La primera en hablar fue Crista.
-Creo que debemos buscar algún lugar en donde quedarnos-comenzó diciendo mientras empezaba la marcha, pero al ver que Heben no avanzaba lo miró con duda-¿Qué sucede?
Él se balanceó sobre sus tobillos y se rascó la nuca.
-Tengo un lugar en el cual, quizás podamos quedarnos-dijo.
Crista parpadeó.
-¿Por esa razón querías venir aquí?
Heben asintió.
-Pero, no estoy seguro si nos recibirán-se atajó algo preocupado. No quería que Crista pasara, ni frío ni hambre.
-Tranquilo-lo apaciguó-No nos cuesta nada intentarlo.
-Tienes razón-Heben suspiró sintiéndose mejor al tener a alguien que lo apoyara, en vez de tirarlo abajo siempre, como le había sucedido anteriormente.
-¿Para dónde?-preguntó Crista, sin saber dónde estaba parada. Nunca, anteriormente, había tenido la oportunidad de visitar aquella ciudad. Sin embargo, las ganas de hacerlo no le faltaban.
Heben señaló a la izquierda. Aún se encontraban en la entrada de la ciudad muy cerca de la ruta y debían meterse en la zona más céntrica.
-Debemos caminar un poco, pero no está lejos.
-¿Viniste antes aquí?-Crista sentía gran curiosidad por el pasado de Heben, a pesar de que sabía que muchos de sus recuerdos debían ser tristes.
ESTÁS LEYENDO
Exilio
Teen FictionHeben y Crista escapan de Rosae Crucis hacia un nuevo destino teniendo en sus manos la piedra filosofal. Los dos comienzan con una nueva vida alejándose de sus amigos y sin poder mirar atrás...
