-Heben, despierta dormilón-inquirió Crista tocándole la nariz con las yemas de los dedos, mientras miraba su rostro dormido. Los rasgos de Heben se veían tranquilos y relajados, dándole a ella la impresión de un niño.
Él refunfuñó entre sus brazos, desde que se habían dormido ninguno había cambiado de posición. Luego, tirando de ella para abrazarla y llevar su cabeza a su pecho, exclamó:
-Un rato más-su voz era dormilona y risueña.
Crista se sintió algo avergonzada pero feliz. Su cuerpo estaba más relajado y aquel dolor de cabeza había desaparecido por completo.
-No podemos. Si queremos desayunar debemos ir ahora-continuó-Ya son las diez y media.
Heben bufó y se apoyó sobre sus brazos para mirar a Crista desde arriba con una sonrisa de enamorado. Después de todo, era la primera vez que dormía tan tranquilo en años. Ella se sintió pequeña en comparación al cuerpo de Heben, pero su mirada la tranquilizaba.
-Está bien-respondió al fin-Pero antes, quiero un beso.
Crista se sorprendió ¿Desde cuándo Heben le pedía un beso, y de esa manera?
Sin embargo, él no esperó una respuesta de ella y bajando sobre ella, tomó su mentón inclinándolo hacia arriba y juntó sus labios sobre los de Crista. Los apretó con fuerza, cerrando los ojos embriagado por la situación. Ella se mantuvo sorprendida por unos segundos hasta que reaccionó.
Heben abrió su boca con movimientos más rápidos y su lengua tocó la de ella, recorriendo cada zona de su boca, mientras Crista se retorcía levemente por debajo de él.
Un leve gemido se escapó de los labios de Crista, el cual enloqueció casi completamente a Heben y mientras su mano se posaba por detrás de su cuello para atraerla aún más, su otra mano se deslizó pasando por su busto como una leve caricia cayendo por su vientre e inclinándose hasta su cadera y muslos, quedándose allí, acariciando con cariño y deseo.
Las piernas de ella se separaron casi por instinto y una de ellas se afianzó a la cadera de Heben, lanzándolo hacia la de ella.
Cuando Heben estaba punto de bajar por debajo del pantalón de pijama de Crista, alguien carraspeó en la puerta.
Los dos se voltearon sobresaltados, con el corazón latiéndoles a mil por hora, por un lado, por estarse besando sin reparos y por el otro, por saber que alguien los había observado.
Augusto, era quien había carraspeado y con el ceño levemente fruncido los miraba desde la puerta.
-El desayuno está listo. Sí quieren bajar, les doy hasta diez minutos, luego no habrá más-soltó con voz dura y sin esperar respuesta se marchó.
Heben y Crista se habían sentado de sopetón sobre la cama, luego del espectáculo que habían dado sin darse cuenta.
-Creo que deberíamos bajar-dijo ella avergonzada con la piel blanca de su rostro ruborizada.
En las mejillas de Heben también podía percibirse un poco de rubor.
-Sí-se aclaró la garganta-Vamos-indicó luego levantándose de la cama y mostrándose tierno, le extendió la mano a Crista.
Ella la tomó con una sonrisa y entrelazó sus dedos con los de él.
La mesa del comedor estaba cubierta de bandejas con medias lunas de manteca, magdalenas y brownies, junto con dos teteras de metal que parecían contener, por el olor, café y té. Cinco tazas estaban dispuestas sobre ella y cinco platos, blancos.
Las bocas de ellos se hicieron de agua al ver tanta comida deliciosa y con tranquilidad se sentaron a la mesa.
Augusto estaba del otro lado con una taza llena de café negro mientras leía el diario. Camila comía una magdalena con interés y los miró con una sonrisa cuando se sentaron.
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Exilio
Teen FictionHeben y Crista escapan de Rosae Crucis hacia un nuevo destino teniendo en sus manos la piedra filosofal. Los dos comienzan con una nueva vida alejándose de sus amigos y sin poder mirar atrás...
