Elowin
Lucca fue el primero en reaccionar. Se apartó ligeramente, pero no con prisa. En cambio, mantuvo su mano en mi mejilla por un segundo más antes de bajarla lentamente. Su rostro seguía cerca del mío, como si no tuviera prisa por romper por completo la cercanía entre nosotros.
—¿Quién demonios entra sin tocar? —gruñó, su voz aún cargada de esa suavidad que solo yo conocía... y que, por alguna razón, me hacía temblar más que sus gritos.
—Tocaron —dije en voz baja, sin atreverme a mirar a la puerta todavía. Mi corazón latía como si acabara de correr por mi vida, no por un beso.
Giré el cabeza justo a tiempo para ver a un hombre alto, de cabello oscuro y piel clara, con una cicatriz delgada recorriéndole el pómulo izquierdo. No era parte del personal que había conocido. Vestía con formalidad y una expresión cuidadosamente neutral, aunque sus ojos brillaban con una mezcla de sorpresa y diversión contenida.
—Lo siento, Lucca —dijo él, con un tono que no parecía para nada arrepentido—. No sabía que estabas... ocupado.
—No estabas invitado —dijo Lucca con frialdad, recomponiéndose con rapidez. Se sentó más derecho en la cama, el tono de su voz ahora mucho más firme.
—Pensé que te gustaría saber que Evert ha desaparecido. Dejó una nota diciendo que no le gusta el clima de aquí... y que agradece la hospitalidad.
Me tensé de inmediato.
—¿Desapareció? —pregunté, más para mí misma que para ellos.
—¿Y tú le crees? —preguntó Lucca, con un dejo de amenaza en su tono.
—No. Por eso estoy aquí. —El hombre se acercó un paso más, pero se detuvo al notar cómo Lucca lo miraba—. Solo quería que supieras que estamos revisando el perímetro.
Lucca asintió con lentitud y le hizo un gesto con la cabeza, claramente despidiéndolo. El hombre se retiró con una sonrisa ligera en los labios.
Tan pronto como la puerta se cerró, un silencio espeso cayó sobre la habitación. Mis dedos todavía temblaban ligeramente y el sabor de la fresa seguía en mis labios.
—¿Quién era él? —pregunté.
—Mateo. Uno de mis hombres más antiguos. —Lucca se pasó una mano por el cabello y me miró con algo que no supe leer del todo—. Y también uno de los pocos que sabe cuándo no hacer preguntas. Aunque... claramente no sabe cuándo alejarse.
—¿Evert realmente se fue?
—No lo creo —admitió—. Al menos, no sin planear algo.
Mi estómago se revolvió. Evert se me había metido bajo la piel con una mezcla de miedo y desconfianza. No podía quitarme de la cabeza la manera en que me miraba. Como si me conociera. Como si me debiera algo... o quisiera algo de mí.
Lucca me estudió por un momento.
—No tienes que preocuparte por él. No se te acercará. Yo me encargaré de eso.
—¿Y si intenta hacerlo?
Él frunció el ceño. Se inclinó hacia adelante y me tomó la mano. Su pulgar acarició el dorso de mi piel con una delicadeza que contrastaba con el acero en su voz.
—Si intenta acercarse a ti, Elle, no vivirá para intentarlo de nuevo.
Tragué saliva. No sabía si sentirme protegida o asustada.
Esa noche, mientras me acurrucaba en el sofá frente a la habitación, con una manta ligera y un libro entre las manos que no lograba leer, mi mente giraba en círculos. El beso. Las fresas. La advertencia. Evert.
Y lo más inquietante de todo: cómo una parte de mí, por muy pequeña que fuera, se sentía más segura aquí... con Lucca... que en cualquier otro lugar.
Me dormí con su respiración tranquila en la habitación contigua y el eco de sus palabras resonando en mi mente.
"Cuando se trata de ti, siempre soy serio."
*
*
Creen que la decisión de Elle fue justa al permitir que Lucca no matara a Evert?
Nos vemos el lunes, que tengan buen fin de semana, no olviden sus comentarios y votos si les gustó el capítulo.
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La Mujer de la Bestia
RomanceCuando una camarera torpe y llena de fuego en la mirada entra en la vida de un hombre marcado por su oscuro pasado, nada volverá a ser igual. Entre secretos, pasión y un amor que desafía todas las reglas, La Mujer de la Bestia revela qué sucede cuan...
