Elowin
Los seis meses que siguieron a mi escape fueron una montaña rusa.
Los primeros tres se sintieron como una tortura lenta. Cada vez que encendía el televisor, ahí estaban ellos. Lucca y Violet. En cada noticiero de entretenimiento, en cada revista, en cada rincón digital. Sonriendo, tomados de la mano, proyectando una imagen perfecta.
Verlo amándola—o al menos fingiendo hacerlo—era como recibir una puñalada repetida al mismo lugar. Incluso Nathaly... ni ella intentó contactarme.
Mi corazón estaba roto. Despedazado.
Y luego, como si no fuera suficiente, anunciaron su compromiso.
Me dolió. No: me destrozó.
Pasé noches enteras llorando. En silencio, abrazada a una almohada, mientras la imagen de Lucca con Violet me atormentaba como un fantasma.
Diogo no sabía la magnitud de lo que pasaba. Sabía que mi ex todavía me afectaba, pero no tenía idea de que ese ex era Lucca Kingston, el soltero más visible de toda Irlanda, cuya vida se exponía en cada medio, como si fuera una celebridad de Hollywood. No podía escapar de él. Era como si, aun habiéndome marchado, él siguiera ahí, persiguiéndome.
Cuando Diogo finalmente descubrió quién era Lucca, se quedó en shock. Pero no hizo preguntas. Solo hizo algo que muy pocos harían: decidió ayudarme a olvidar.
Me sacó del encierro. Nada de televisión en vivo. Nada de redes sociales. Me llevó a probar cosas que jamás habría imaginado: paracaidismo bajo techo, senderismo en lo profundo del bosque, kayak al amanecer. Incluso me convenció de bailar, y eso fue un milagro en sí mismo.
Había un bar que organizaba noches de karaoke y se convirtió en nuestro refugio. Él subía al escenario solo para cantar canciones ridículamente cursis que nadie soportaba... y lo abucheaban con alegría. Solo para hacerme reír.
Era exactamente lo que necesitaba: un hombre dulce, amable, respetuoso. Planeaba las mejores citas, pero también sabía simplemente estar. En silencio. Escuchando.
Una semana después de que se anunciara el compromiso, Lucca y Violet se casaron. Así, de pronto, los medios se aburrieron y los titulares desaparecieron. Por fin, podía abrir una revista sin ver esos ojos helados mirándome desde una página. Respiré. Me sentí ligera. Libre.
Una noche, mientras caminábamos de regreso a casa tomados de la mano, me detuve.
Él me miró con curiosidad. Me puse de puntillas, lo atraje hacia mí... y lo besé.
Un estremecimiento recorrió mi cuerpo. Fue breve, fugaz... pero fue real. No fue fuego. No fue caos. Fue... paz.
Me alejé con una sonrisa.
—¿Y eso? —preguntó él, todavía con los ojos brillando.
—Gracias —dije simplemente.
Desde ese día, algo cambió. Éramos más que dos personas intentando sanar. Éramos pareja. Felices. Estables. Saludables.
Yo era feliz.
Pasaron los meses. Entonces una tarde cualquiera, encendí el televisor... y ahí estaba él otra vez.
Lucca.
Esos malditos ojos azules.
La noticia era otra: el padre de Violet había muerto. Ella cayó en una crisis, su matrimonio se volvió tóxico... y se divorciaron.
La vieja yo se habría quebrado. Pero en ese momento, solo suspiré, encogí los hombros... y cambié de canal.
La vida seguía.
ESTÁS LEYENDO
La Mujer de la Bestia
RomanceCuando una camarera torpe y llena de fuego en la mirada entra en la vida de un hombre marcado por su oscuro pasado, nada volverá a ser igual. Entre secretos, pasión y un amor que desafía todas las reglas, La Mujer de la Bestia revela qué sucede cuan...
