Narrador
Dos semanas después...
El sol brillaba cálido sobre el jardín decorado con luces tenues, flores blancas y sillas perfectamente alineadas. Las hojas se mecían suavemente con la brisa mientras todos los presentes contenían la respiración, esperando las palabras que cambiarían sus vidas para siempre.
Lucca tomó las manos de Elowin, mirándola con una mezcla de ternura, respeto y adoración absoluta.
—Elowin, desde el día en que te vi y cuando derramaste ese café en mi camisa, entraste en mi vida y supe que me cambiarías para siempre. Nunca pensé que sería yo el que estaría aquí, en posición de novio. Y eso es posible gracias a ti. Sé que al principio no fui lo que esperabas, pero si me lo permites, a partir de hoy eres mi reina y siempre te trataré como tal. Y si alguna vez me desvío del camino, sé que me guiarás de vuelta. Te amo. Y sé que me enamoraré de ti todos los días.
Las palabras de Lucca hicieron que los ojos de Elle se llenaran de lágrimas de felicidad. Nunca pensó que estaría de pie frente a Lucca, el hombre que en un principio le había parecido la peor decisión de su vida, y que ahora era, sin duda, la mejor.
Gill, con una amplia sonrisa y la licencia obtenida por internet en mano, bendijo a los recién casados en una ceremonia sencilla, en el patio trasero de la mansión. Fue una celebración íntima, compartida con el personal del hogar y algunos compañeros del trabajo.
Cuando llegó el momento de la recepción, Elle cambió su vestido de novia por uno plateado con detalles brillantes. El escote en forma de corazón resaltaba delicadamente su figura, y su moño pulido le daba el aspecto de una reina moderna.
Aunque consideró invitar a su exjefe y a su mejor amiga, Elle sabía que ese capítulo estaba cerrado. Era mejor no mezclar su nueva vida con viejos conflictos, especialmente considerando todo lo que habían vivido desde el día del secuestro.
Violet llegó acompañada de su nuevo prometido, un hombre amable con ojos sinceros. Aunque todavía no eran amigas, Elle y Violet compartieron sonrisas genuinas. Había un esfuerzo por comenzar de nuevo. Una voluntad de sanar.
Cuando la noche llegó a su fin, Nathaly se retiró discretamente a su habitación, al igual que Gill. Y entonces, los recién casados se dirigieron a la suite principal, donde les esperaba una sorpresa del personal de la casa.
Elle abrió las puertas y una mezcla de asombro y nerviosismo la invadió. La habitación estaba decorada con pétalos de rosas rojas y blancas, velas perfumadas y una tenue luz cálida que creaba un ambiente íntimo y romántico.
Aun así, sus nervios le jugaron en contra. Sentía mariposas revoloteando en su estómago, y por un momento pensó en huir.
Lucca se acercó por detrás y la abrazó, besando suavemente su cuello.
—Espera, Lucca, no estoy lista. No creo que pueda hacer esto. Tal vez...
Lucca la giró para mirarla a los ojos.
—Oye, está bien. No tenemos que hacer nada que no quieras. Tenemos todo el tiempo del mundo. ¿De acuerdo? Podemos ver algunas películas, comer fresas con chocolate o disfrutar un poco de vino en el jacuzzi. Lo que tú quieras.
Elle suspiró, aliviada. Lo besó en la mejilla.
—Vamos a cambiarnos, ¿de acuerdo? —propuso Lucca, guiándola hacia el vestidor.
Lucca comenzó a desabrochar su vestido con delicadeza, dejando un rastro de besos por sus hombros y espalda. Elle jadeó suavemente por el contacto. El vestido cayó, y él le colocó una bata sobre los hombros. Se volvió para mirarlo y soltó una risa.
—Eres mi esposo.
—Y tú eres mi esposa —dijo él, besándola con ternura.
Elle se sentó y observó mientras Lucca se quitaba la ropa. Cuando llegó a su bóxer, ella lo detuvo:
—No, no... también el bóxer. Quítatelos.
—¿Te gustó el espectáculo, princesa? —se burló él, pero obedeció.
Cuando estuvo completamente desnudo, se dispuso a tomar su bata, pero Elle lo detuvo otra vez:
—No la necesitas.
—¿Y por qué no?
—Porque yo lo digo —respondió con picardía y se dirigió al baño.
Lucca, obediente, se acostó en la cama. Desde el baño, Elle gritó:
—¡Cierra los ojos!
—Sí, cariño —contestó él entre risas.
Ella se dio ánimo frente al espejo. "Vale, puedes hacerlo, Elle. Él es tu esposo. Estoy lista."
Salió del baño con nerviosismo. Su traje de encaje negro sobre tela color carne realzaba sus curvas y dejaba poco a la imaginación. Caminó hasta él.
—Vale, abre los ojos —dijo finalmente.
Lucca la miró... y se quedó sin aliento.
—Vaya... hola —murmuró con una sonrisa embobada.
Elle giró tímidamente sobre sí misma.
—¿Y bien?
—Te ves exquisitamente hermosa —suspiró Lucca, rodeándola con sus brazos.
Él la besó y la llevó a la cama, desnudándola con cuidado. Elle se retorcía bajo sus caricias, sus labios ardían de deseo, y sus jadeos llenaban la habitación.
Lucca la complacía con devoción. Su lengua, sus dedos, sus labios: cada parte de él adoraba cada parte de ella.
—¡Lucca! —gritó ella entre gemidos, agarrando su cabello.
—Di mi nombre de nuevo —le ordenó, y cuando ella lo hizo, se sintió el rey del universo.
Cuando por fin se unieron, sus cuerpos encontraron un ritmo, un lenguaje secreto hecho de jadeos, suspiros y caricias.
—Te amo —suspiró Elle.
—Y yo te amo con locura —respondió Lucca.
Se acurrucaron entre las sábanas.
—¿Otra ronda? —preguntó Elle con una sonrisa traviesa.
Lucca la miró, encantado.
E hicieron el amor otra vez.
Y esta vez, fue para siempre.
Así, querides lectores, fue la historia de La Mujer de la Bestia.
Fin.
ESTÁS LEYENDO
La Mujer de la Bestia
RomanceCuando una camarera torpe y llena de fuego en la mirada entra en la vida de un hombre marcado por su oscuro pasado, nada volverá a ser igual. Entre secretos, pasión y un amor que desafía todas las reglas, La Mujer de la Bestia revela qué sucede cuan...
