Capítulo 13

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Elowin

Esa noche, después de la tregua no tan pacífica que habíamos sellado con un beso y una amenaza velada, Lucca y yo permanecimos en silencio por lo que pareció una eternidad. Y, sin embargo, no era incómodo. Era como si el universo entero hubiera soltado un suspiro, satisfecho de que, por fin, dejáramos de resistir lo inevitable.

La brisa nocturna acariciaba mi rostro mientras me acurrucaba en su regazo. La ciudad brillaba a lo lejos, como una alfombra de luciérnagas, y su calor me envolvía como una manta invisible.

—¿Sabes? No pensé que esto sería así —murmuré, sin apartar los ojos del cielo.

—¿Esto qué? —preguntó él, su voz baja, vibrando en mi oído.

—Nosotros. Tú. Esto... sintiéndose real.

Lo sentí tensarse levemente debajo de mí, pero no dijo nada de inmediato. Su silencio era distinto esta vez: no era frialdad, era contención.

—Tampoco lo planeé, Elle. —Su voz era cruda, sincera—. Pensé que podrías ser una distracción más. Algo temporal. Pero ahora... si te fueras, no sé qué haría.

Mi corazón tambaleó ante la vulnerabilidad que rara vez dejaba ver. Me giré un poco para mirarlo. Sus ojos, normalmente tan helados, ahora estaban cubiertos de una tormenta suave, como si por fin admitiera que sentía más de lo que estaba dispuesto a decir en voz alta.

—Entonces no me empujes, Lucca. No me confundas. No me lastimes solo porque no sabes cómo manejar lo que sientes.

—Te prometo que no te haré daño —susurró, tomando mi rostro con ambas manos—. Pero tienes que saber algo... si esto sigue, no hay vuelta atrás. No solo porque no quiero perderte, sino porque soy egoísta. Porque si alguien más te toca, haré cosas que no deberían decirse en voz alta.

Sonreí con tristeza. Había oscuridad en él. Lo sabía. Lo sentía. Pero había luz también. La forma en que me miraba. La forma en que su mano temblaba apenas un poco cuando acariciaba mi mejilla.

—Estoy asustada —confesé—. Porque cuando algo se siente tan bien, suele terminar mal.

—Entonces no lo dejemos terminar —dijo sin dudar—. Quédate. Quédate conmigo. Aunque sea un poco más.

No respondí. Solo me incliné y lo besé, como si pudiera sellar esa promesa con mis labios.

Al día siguiente, las cosas parecían... distintas. Más suaves. Lucca había ordenado que prepararan el auto. Dijo que quería llevarme a "algún lugar bonito".

—¿Esto cuenta como una cita oficial? —pregunté mientras me ponía una chaqueta ligera.

—Es un intento. Todavía no tengo práctica en esto. —Levantó una ceja—. ¿Alguna preferencia? ¿Playa, bosque, ciudad?

—Sorpréndeme —respondí, dándole una sonrisa nerviosa.

Y lo hizo.

El lugar era una cabaña junto a un lago, escondida entre colinas. Silenciosa, como un secreto. No había nadie más alrededor, salvo un par de ciervos que se alejaron cuando llegamos.

—¿Vienes aquí seguido? —pregunté, bajando del auto.

—Nunca he traído a nadie. —Dicho eso, se alejó hacia la orilla. Lo seguí.

La noche cayó más rápido de lo que esperaba, y al poco tiempo estábamos sentados junto a una fogata improvisada. Las llamas bailaban mientras el reflejo del fuego creaba sombras suaves en su rostro.

—¿Me vas a contar por qué eres así? —pregunté, tomando un sorbo del vino que él había traído.

—¿Así cómo?

—Controlador. Mandón. Extremadamente guapo, pero emocionalmente constipado.

Él se rió con esa risa que hacía que se me revolviera el estómago de una manera peligrosa.

—Porque el mundo en el que crecí no permitía debilidades. Ni sentimientos. Solo control.

—Bueno, eso apesta —dije simplemente. Él me miró, sorprendido por la franqueza.

—Sí. Lo hace.

Y por un momento, solo escuchamos el crujido de la leña y los sonidos del bosque nocturno.

—¿Tienes miedo? —preguntó de repente.

—Todo el tiempo.

—¿Y aún así estás aquí?

Lo miré, mis ojos buscando los suyos a través del resplandor del fuego.

—Sí. Porque algo me dice que tal vez valga la pena.

No respondió. Solo me besó.

Y esa noche, bajo un cielo cargado de estrellas, sentí por primera vez que tal vez, solo tal vez, no estaba tan rota como creía. Y que Lucca, con todos sus defectos y sombras, podría ser el pegamento peligroso pero necesario para las grietas de mi alma.

Pero una voz en miinterior, esa parte aún cautelosa y herida, me susurró: ¿Y si es él quientermina 


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Aww no me espere esa disculpa por parte de Lucca, que lindo y de paso como llegó a la habitación de Elle con la excusa de que le cambiara el vendaje.

La Mujer de la BestiaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora