Capítulo 17

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Lucca

La observé en silencio.

Nathaly colocaba los platos sobre la mesa con una precisión mecánica, evitando mirarnos, como si tanto Violet como yo no estuviéramos allí.

—Gracias, Nathaly —dijo Violet con ese tono burlón que usaba para sentirse superior.

Nathaly no respondió. Ni una mirada. Ni una palabra.
Solo se dio la vuelta y regresó a la cocina con la cabeza alta y la mandíbula apretada.

No sabía exactamente qué me molestaba más: su desprecio silencioso o el hecho de que, por primera vez en mucho tiempo, me importaba.

Me levanté y la seguí, dejando a Violet sola con su veneno.

—Nathaly —dije con calma al entrar en la cocina—. ¿Hasta cuándo vas a estar enfadada conmigo? Ya te dije la razón por la que esto está sucediendo.

Ella se movía entre la encimera y el fregadero, fingiendo que yo era invisible, igual que lo había hecho en la mesa.

Por un segundo, creí que me ignoraría por completo.

Pero entonces, en voz baja, casi como si hablara consigo misma, preguntó:

—¿La vas a recuperar?

—¿A quién? —pregunté, genuinamente confundido por el cambio de dirección.

Giró ligeramente la cabeza, sin mirarme, y lo dijo como si la palabra doliera:

—Elle. ¿Ya la olvidaste?

Su nombre cayó en la cocina como un cuchillo.
Y no supe si Nathaly estaba más sorprendida de tener que decirlo... o dolida de que yo no lo hiciera primero.

—No. Por supuesto que no —respondí, casi de inmediato.

¿Cómo podría olvidarla?

Cada rincón de esta casa, cada silencio desde que se fue, me recordaba su ausencia.

Ella me había atravesado el alma con una facilidad que no sabía que alguien podía tener.

—¿Entonces... la vas a recuperar? —insistió, esta vez girándose lo suficiente para mirarme de reojo.

—Sí —afirmé con una convicción que sonó más a orden que a promesa.

Solo necesitaba acabar con este maldito "asunto" que tenía entre manos. Poner las piezas en su lugar, limpiar los rastros... y entonces, ir por ella.

—¿Cuándo? —preguntó Nathaly. Y no fue una pregunta casual.

Fue una advertencia.

—Porque si esperas demasiado... puede que ya no quiera volver.

Sus palabras se clavaron como un anzuelo bajo la piel.

No querer volver.

A mí.

Eso no estaba en mis planes.

—Tendrá que volver —dije, sin pensarlo demasiado—. Le guste o no.

El silencio que siguió fue brutal.

Nathaly dejó el trapo sobre la encimera y me miró por fin, directo a los ojos. No con ternura. No con piedad.
Con decepción.

—Conociendo a Elle... creo que ella se te escapó —dijo, con una serenidad tan cruel que me dolió más que si me hubiera gritado.

—Buena suerte, Lucca. Porque de verdad, metiste la pata en esta.

La Mujer de la BestiaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora