Anabella De Angelis
Me desperté por la agresión sonora del teléfono. Luca. Sus llamadas siempre significaban que la paz estaba por terminar.
Hace dos meses que no veía a Luca, dos meses desde la última noche de indulgencia en Ibiza. Khristeen se había ido a Suiza, exiliada a su prisión de lujo. Y yo... yo estaba concentrada en lo único que me quedaba: rendir las últimas materias para acabar con mi carrera. El papel de abogada era mi último chaleco salvavidas antes de que la mafia decidiera qué hacer conmigo.
Respondí con un gruñido.
—¿Luca? Si llamas para sermonearme, te cuelgo.
—Bella —Su voz era tensa, sin su habitual tono de niño malo—. No es por eso. ¿Dónde estás?
—En mi apartamento. ¿Dónde más?
—Pasaré por ti. Iremos a un lugar —El tono de Luca se había endurecido.
—¿Ir dónde? ¿Y por qué?
—Necesito que veas algo.
—Está bien —respondí, la adrenalina reemplazando la calma.
Luca no tardó. Su McLaren, un destello bajo y caro, apareció frente a mi edificio. Abrí la puerta, me subí al asiento del copiloto. El olor a cuero nuevo y peligro llenaba el coche.
—¿Vas a hablar ahora, o tengo que sacártelo a golpes? —demandé.
Luca me miró de reojo, su expresión era grave, sin rastro de burla.
—Solo espera, Bella. Vas a querer verlo por ti misma.
Luca condujo sin decir una palabra, la velocidad del McLaren era una agresión constante contra las leyes de tránsito. Yo no dije nada. Si Luca estaba serio, era que la mierda era grande. Aparcó en una calle de un barrio que solo conocía por las noticias de alta sociedad: edificios de lujo, vigilancia extrema.
Frente a nosotro se alzaba un apartamento de mármol y cristal, tan caro que gritaba impunidad. Nos quedamos en el coche. Luca apagó el motor, y el silencio se hizo profundo, roto solo por el murmullo del tráfico distante.
—Bien. Hemos llegado. ¿Me vas a decir ya por qué tengo que mirar este jodido palacio? —demandé.
Luca se reclinó en el asiento de cuero, poniéndose las gafas de sol aunque ya era casi de noche. Estaba jugando.
—Paciencia, Bella. Estamos esperando a alguien.
—¿Qué se supone que tenemos que ver aquí? ¿A tu nuevo ligue? —dije, buscando una fisura en su compostura con un chiste.
Luca no rió. Su seriedad era un mal augurio que me heló el estómago. Su mirada se fijó en la entrada del edificio.
Yo seguí su mirada. Y entonces, salieron.
Valentina. La perfecta, la hija modelo. Llevaba un vestido elegante que costaba más que mi renta anual. Su cabello castaño brillaba bajo la luz de la calle. Estaba sonriendo: esa sonrisa que usaba para suavizar las esquinas jodidas del mundo.
Pero no estaba sola.
Y a su lado, de la mano, con una familiaridad que me revolvió el estómago hasta la bilis: Francesco.
Él. El hombre de la mirada asesina en la cena. El que me había humillado y que, hace solo dos meses, me había tomado con esa posesión brutal en esa jodida sala privada.
Estaban juntos. De la mano. La imagen era tan dulce que me provocó arcadas. La sonrisa de Valentina era pura, una puñalada, y la de él... se había suavizado en esa expresión posesiva que ahora reconocía como peligrosa. La escena era la definición gráfica de la traición.
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Mafia Y Amor [+18]
RomantikAnabella de Angelis lo tiene todo: fama, belleza y secretos. Andrey Nikolaev no cree en el amor, solo en el poder. Él es la mente más temida de la Cosa Nostra. Ella, una mujer condenada por su propio cuerpo. Una pasión incontrolable. Y una verdad qu...
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