Capitulo 41

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Anabella

El peso del vientre me obligaba a caminar con lentitud, cada paso sobre el césped perfectamente cortado del cementerio familiar se sentía como una pequeña batalla contra la gravedad. El aire fresco de la tarde removía los mechones de mi cabello, y por un momento, el silencio de las lápidas me resultó más acogedor que el bullicio protector de la mansión.

Vincenzo y Luca se habían quedado a una distancia prudencial, dándome ese espacio sagrado que solo se le concede a quien va a hablar con los muertos. Me detuve frente a la estructura de mármol gris, donde el nombre de Alexander Nikolaev brillaba bajo los últimos rayos del sol.

Me dejé caer de rodillas con cuidado, soltando un suspiro que llevaba semanas contenido en mi pecho. Apoyé una mano sobre la piedra fría y la otra sobre mi vientre, donde sentí una pequeña sacudida.

—Hola, Alexander —susurré, y mi voz se mezcló con el susurro del viento—. Siento haber tardado tanto en venir. Pero creo que entenderás las razones.

Miré la foto grabada en el metal; esa mirada que tanto se parecía a la de Andrey, pero con una chispa que la muerte no había logrado borrar de mi memoria.

—Tú sabías lo que era proteger a esta familia con la vida —continué, mientras las lágrimas empezaban a nublar mi vista—. Ahora entiendo por qué lo hacías. Tengo miedo, Alexander. Tengo un miedo que me paraliza los huesos. Siento que mi cuerpo es una casa que se está desmoronando, pero tengo que aguantar... tengo que mantener el techo firme para ellos dos.

Cerré los ojos y apreté la mano contra el mármol, buscando una fuerza que ya no encontraba en mí misma.

—Andrey está perdiendo la cabeza. Intenta ser el roble que nos sostiene a todos, pero lo veo en sus ojos cuando cree que no lo miro: está aterrado. Cree que si construye muros más altos y compra más armas, podrá detener lo que viene. Necesito que me ayudes, donde quiera que estés. Cuida de él si yo... si yo no puedo hacerlo. No dejes que el monstruo se lo coma del todo. Prométeme que, si el destino decide que mi tiempo se acabó, tú guiarás su mano para que sea el padre que nuestros hijos merecen.

Un movimiento brusco en mi interior me hizo jadear. Me incliné hacia adelante, pegando mi frente a la piedra fría, sintiendo la conexión entre la muerte que descansaba allí y la vida que luchaba por salir de mí.

—Me hubiera gustado tanto que estuvieras aquí —continué con la voz quebrada—, que conocieras a mis bebés, que vieras a Nikolai, Alessio y Ayshane tan grandes. Están creciendo muy rápido y todos los días me piden que les cuente historias sobre ti.

Suspiré, dejando que el frío del mármol calmara.

—Khristeen les contará la verdad a tus pequeños; ellos necesitan saber que su padre no regresará. Y ella... ella está rehaciendo su vida. Sé que eso, donde quiera que estés, te molesta. Tu orgullo Nikolaev siempre fue tu mayor virtud y tu peor defecto. Pero ella tiene que hacerlo, Alexander. No puede quedarse congelada en el tiempo mientras el mundo sigue girando.

Me quedé en silencio, dejando que mis palabras flotaran sobre la tumba. El viento pareció arreciar, agitando las flores frescas que Khristeen siempre se encargaba de reponer con una devoción casi religiosa.

—Ella te amó como a nadie —continué en un susurro apenas audible—, pero el dolor de tu ausencia es un desierto demasiado grande para caminarlo sola. Está intentando sonreír de nuevo, está intentando que el color regrese a sus mejillas. No la culpes. Tú, mejor que nadie, sabes que en este mundo nuestro, la felicidad es un botín que se roba segundo a segundo. Solo cuídala, como cuidas a Andrey. Danos la paz que no pudiste tener tú.

Mafia Y Amor [+18]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora