Anabella
Andrey se acercó, hasta que nuestras bocas quedaron a escasos centímetros y yo ya no aguantaba más. Incliné la cabeza, dispuesta a sellar el pacto con un beso, pero él se apartó.
—Levántate. Nos vamos.
Me ofreció la mano. La tomé. Recogí mis cosas e inmediatamente colocó la mano que tenía libre en mi espalda, un toque que era tanto una caricia como una orden, y me condujo fuera del salón privado.
—Señor Nikolaev, es un placer tenerlo aquí esta noche —dijo un hombre de cabello gris con porte de ser el gerente del restaurante, poniéndose en nuestro camino.
—Pon todo a mi cuenta —lo cortó Andrey antes de que pudiera decir más, y lo esquivamos.
Salimos del restaurante a la noche, su mano guiándome. Ha sido la cena más larga de mi vida, y eso que apenas tocamos nuestros platos.
En un movimiento rápido, me acorrala frente a una de las columnas de mármol dorado. Coloca ambas manos a los lados de mi cabeza y se inclina hasta que nuestras bocas quedan a escasos milímetros, pero aun así, no me toca. Es una tortura calculada.
—Me muero por besarte —profundiza su voz, llena de una lujuria reprimida. Su aliento choca contra mí y me embriaga.
Quiero que lo haga. Me importa muy poco donde estemos.
—Bésame —exijo.
—No me tientes. —Sus ojos son un pozo azul oscuro.
—¿Puedo conocer tu casa? —pido con la curiosidad de quien quiere conocer el lugar donde reside un demonio.
Entre su voz ronca y los juegos, pierdo la poca cordura que me queda. Alcanzo a besarlo, pero antes que pueda hacer algo más, se aparta inmediatamente, dejándome aturdida y necesitada.
Pasamos por la enorme puerta y lo sigo fuera. El aire fresco de la noche choca contra la piel expuesta de mi espalda. El juego de control de Andrey es peligroso y adictivo.
Salimos del restaurante. El Ferrari de Andrey, esa bestia roja, estaba aparcado en la doble fila, una declaración descarada de su desprecio por las reglas. Me abrió la puerta del copiloto. Subí, y el olor a cuero caro, colonia amaderada y peligro me envolvió de inmediato. El olor de él.
Se deslizó en el asiento del conductor. El motor rugió, un sonido gutural que me recordaba la fuerza que él controlaba. La mano de Andrey se posó en el cambio, justo entre mis piernas, su pulgar rozando accidentalmente mi muslo. La electricidad era instantánea y brutal.
—Abróchate el cinturón, gatita —ordenó, sin mirarme, ajustándose el espejo retrovisor.
Hice lo que me dijo. El coche salió disparado. La velocidad era mi droga favorita, y con él al volante, la sensación era exaltante y aterradora. Las luces de la ciudad se difuminaron en una línea borrosa.
La tensión sexual se siente en el aire tanto que podría cortarla con un cuchillo.
Llegamos a un... Un enorme edificio cubierto de cristal oscuro se alza frente a nosotros. Me trago mi expresión de sorpresa y muy en el fondo espero que el auto no se detenga ahí, pero lo hace. Andrey entra por un estacionamiento subterráneo donde hay lámparas encendidas que iluminan el lugar perfectamente.
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Mafia Y Amor [+18]
RomanceAnabella de Angelis lo tiene todo: fama, belleza y secretos. Andrey Nikolaev no cree en el amor, solo en el poder. Él es la mente más temida de la Cosa Nostra. Ella, una mujer condenada por su propio cuerpo. Una pasión incontrolable. Y una verdad qu...
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