Capitulo 10

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Andrey

Dos días después, el aire frío y metálico de Nueva York me recibió. Aterricé con el jet privado y fui directamente a la oficina. El fin de semana había sido una burbuja de hedonismo y promesa con Anabella, una tregua salvaje que ahora debía pagar con trabajo.

Entré a mi oficina. El espacio era tan minimalista como siempre, con una pared de cristal que ofrecía una vista vertiginosa de Manhattan. Pero había una anomalía.

Anthony estaba sentado en mi silla giratoria de cuero negro. Mi hermano menor. Su postura era demasiado relajada para alguien que debería estar en Milán o Moscú. Llevaba una de sus habituales sudaderas de marca cara y sus ojos azules, estaban agudos y fijos en mí.

—Mira quién decidió honrarnos con su presencia —dijo Anthony, empujándose de la mesa. Su tono era mordaz.

Cerré la puerta con un golpe seco. La energía de la posesión aún latía en mí. Llevaba una sonrisa de satisfacción que no se molestaba en ocultar.

—Buenos días para ti también, brat —respondí, usando el ruso. Me acerqué a mi escritorio y le arrebaté la silla.

Anthony se apoyó en el borde de caoba.

—Dos días desaparecido. Alexander estaba a punto de enviar un equipo de búsqueda. ¿Y todo por la chica de la portada?

Me quité el traje y lo colgué. No iba a mentirle. Anthony era listo y directo.

—Anabella es mi novia ahora. Lo es oficial.

Anthony levantó una ceja, su expresión inexpresiva.

—¿Novia? No sabía que teníamos que pedir eso. Nosotros vamos directo al matrimonio, Andrey. Es menos... sentimental. ¿Qué te hizo cambiar el protocolo?

Me recosté en la silla, girando ligeramente. La sonrisa no desapareció de mi rostro.

—Ella lo exigió —respondí, el orgullo en mi voz era innegable—. Exigió lealtad antes que diamantes. Exigió ser mi equipo en este jodido desastre. Y me obligó a hacer algo ridículo con las luces de la ciudad.

Anthony me miró como si hubiera perdido la cabeza.

—¿Luces de la ciudad? ¿Estás de coña? —Él soltó una carcajada seca—. El gran Andrey Nikolaev, el bábnik , pidiendo permiso para ser novio. ¿Y Alexander lo sabe?

—Alexander lo sabrá cuando lo considere oportuno —corté, mi tono se volvió brusco—. Y a ti, brat, te sugiero que te concentres en los problemas que tenemos, no en mi vida sentimental.

Anthony dejó de reír y se enderezó, sus ojos azules se convirtieron en hielo.

—Ella es un problema. Es visible, es una celebridad. Es el blanco perfecto. ¿Crees que un título de "novia" la protegerá de un ataque?

Me levanté de la silla de golpe, golpeando la palma de mi mano contra la caoba.

—Sé exactamente qué es ella, Anthony. Es un cebo, un blanco, y el único ser vivo que me ha obligado a dar un paso. El título la ata. La lealtad la protege. Anabella ahora está bajo la protección de mi apellido. Quien la toque, se enfrenta a la guerra total de los Nikolaev.

—Estás jodido, hermano —Anthony negó con la cabeza—. Te enamoraste. Y lo hiciste por completo, por eso estás rompiendo el protocolo y pidiendo tonterías de adolescentes.

Sentí un ardor familiar, el mismo que sentía cuando era niño y el miedo me atacaba. Me puse rígido.

—No digas estupideces —espete—. Yo no creo en esa mierda de enamorarse. Yo creo en la posesión. Ella es mía, es un reclamo, y punto. La necesito para mantener la puta cabeza cuerda. El amor es para los débiles.

Mafia Y Amor [+18]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora