Capitulo 21

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Andrey

Salí del baño como si un lanzallamas me hubiera prendido fuego por dentro. La furia era un rugido sordo en mis oídos. El puto beso, su respuesta, y luego la maldita mentira: "Lo amo".

Me había usado una última vez para confirmar que la odiaba lo suficiente. La hipocresía me hacía hervir la sangre.

Ella me ama a mí, lo sé, su cuerpo lo gritó, su boca me lo devolvió con la misma rabia, pero miente. Miente para irse con ese imbécil. Ella prefiere la seguridad de un Capo antes que la jodida realidad que éramos.

Que se joda. Que se queme con Luca. La detesto.

Sé que miente. La conozco. La forma en que me miró antes de pronunciar el nombre de Luca, la desesperación en sus ojos verdes... Anabella nunca amaría a un hombre con una calma tan calculada. Ella ama el caos, el fuego. Sé que miente. La conozco. La forma en que me miró antes de pronunciar el nombre de Luca, la desesperación en sus ojos verdes... Anabella nunca amaría a un hombre con una calma tan calculada. Ella ama el caos, el fuego. Su mentira es su escudo para herirme y para irse.

Me detuve en el umbral de la habitación, respirando con dificultad. Me obligué a mirar hacia la cuna temporal. Nikolai dormía profundamente, ajeno al huracán que era su padre.

Me acerqué a la cuna. Mis ojos se fijaron en el pequeño, mi error. Él era mío, una extensión de mi carne. Me incliné sobre él, estudiando su rostro diminuto, idéntico a una versión en miniatura de mis hermanos. Era un Nikolaev.

La yema de mi dedo rozó la mejilla suave del pequeño, y sentí un escalofrío. Instintivamente, incliné mi cabeza y deposité un beso rápido, en su pequeña frente. Sentí algo, sí, una punzada que no supe nombrar, pero la ignoré. Era debilidad, y la debilidad se cortaba de raíz.

No quería ser su padre. Yo solo quería que la madre se lo llevara y le diera una vida mejor, lejos de este infierno. Un infierno que yo ya no podía abandonar. La única salida para él era estar fuera de esto, y su madre era la única que podía sacarlo de mi vida de forma definitiva.

Salí de la habitación, sin ponerme la camisa, dejando la puerta entornada. No iba a buscar a Elena Smith por responsabilidad paternal o amor. Iba a buscarla por la brutalidad con la que había tratado a mi sangre.

Me dirigí directamente a la bodega subterránea de la mansión, el lugar que Alexander utilizaba para interrogatorios. Anthony me había llamado y me había contado sobre las quemaduras de cigarrillo. Yo había fingido indiferencia en ese momento, pero la imagen de esas pequeñas cicatrices me estaba volviendo loco.

Ella no solo lo abandonó, lo torturó.

Encontré a Dimitri vigilando la entrada.

—¿Dónde está?

—En la celda cinco. Alexander ordenó mantenerla aquí hasta que se decida qué hacer.

—Alexander no decidirá nada —gruñí.

Bajé las escaleras frías de piedra. No había luz en la celda cinco, solo la tenue luz de una bombilla en el pasillo. La vi acurrucada en una esquina. Elena. La perra que parió a mi hijo.

—Creí que me habías pagado para irme —su voz era un murmullo de miedo y resentimiento.

—Lo hice. Pero volviste a poner a mi hijo en mi puerta. Y luego, mi hermano me contó algo que no me gustó.

Me acerqué, sintiendo el ansia de violencia que había mantenido reprimida

—Las quemaduras, Elena. La deshidratación. El cordón infectado. ¿Así cuidas a mi sangre?

Mafia Y Amor [+18]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora