Capitulo 5

668 43 2
                                        

Anabella

Bailaba. Movía mi cuerpo sensualmente, consciente de los ojos hambrientos de los hombres sobre mí, y me aseguré de darles un espectáculo. Era más fácil controlar mi cuerpo y la reacción predecible de los hombres que intentar descifrar algo más profundo. Los hombres siempre pensaron que sabían lo que obtendrían conmigo, pero no era así. Diablos, ni siquiera me conocía a mí misma por completo.

Algo siempre me detuvo. Algo de mi pasado que simplemente no podía entender. Parecía que toda mi existencia giraba en torno a sueños rotos y deseos imposibles. Quería un hombre que me hiciera sentir completa. Sin asfixiarme, sin limitarme. Quería un compañero leal y que me amara tal como soy. No quiero cambiar por nadie; quiero que me acepten como soy.

De repente, se me erizó el vello de la nuca. Pude sentir un ligero temblor recorriendo mi cuerpo. No fue exactamente desagradable, pero tampoco me gustó. Era como si un depredador invisible acabara de entrar en mi radio de acción.

No era exactamente una mujer sutil y tímida. Sí, tenía mi propio conjunto de problemas, pero tener los ojos de los hombres sobre mí nunca fue uno de ellos. Sabía lo que cargaba y lo que valía. Pero esta sensación... esta era diferente. Era posesión pura, sin disimulo, y venía directamente hacia mí.

Los cuerpos en la pista de baile se movían juntos, las caderas rodando, los labios tocándose. Era un caos de carne y alcohol, y yo estaba en el centro, ajena, concentrada en el ritmo.

Una gota de sudor rodó por mi espalda. El balanceo de mis caderas, el deslizamiento de mis manos a través de mi cabello. Me moví más lento mientras mis ojos recorrieron sutilmente la pista de baile, mi cuerpo nunca detuvo los movimientos, pero mi mente buscaba el origen de esa sensación de ser cazada.

Y entonces, lo encontré.

Ojos azules. Expresión oscura.

Mis movimientos vacilaron, deteniéndose en un temblor. Nuestras miradas chocaron. El hombre estaba parado al fondo de la pista de baile, separado del frenesí. Alto, ancho, vestido con una elegancia que gritaba peligro millonario. Una mujer a su lado, sus ojos brotando sobre él, sus labios moviéndose en una súplica silenciosa.

Pero toda su atención estaba en mí.

No era solo admiración. Era posesión fría, calculada, violenta. Sus ojos eran del color del hielo profundo, fijos. Me veían. Me conocían.

Y yo... yo no podía respirar. El temblor recorrió mi cuerpo de nuevo, más fuerte. La música pareció desvanecerse. Él era el depredador invisible que había sentido.

¿Quién diablos era?

Incluso bajo las tenues luces moradas y rojas de la discoteca, pude ver que era alto y musculoso, una figura cincelada en mármol. Había algo familiar acechando en mi mente, un recuerdo que no quería manifestarse, pero no podía entenderlo.

Lo ignoré. Tenía que ignorarlo.

Volví a bailar. Muevo las caderas al compás de la música, sintiendo mi cabello agitarse de un lado a otro. Solo tengo veintiún años, pero a veces me siento más vieja de lo que soy. Bailar siempre me regresa a la vida y me recuerda lo afortunada que soy de seguir aquí, de seguir viva, de seguir libre. Mi cuerpo siguió agitándose, buscando la liberación en el caos.

Y de repente, entre el ajetreo de la gente, la presión de la multitud y un giro mal calculado, me topé con alguien.

Abrí los ojos por la sorpresa y me encontré con esos mismos ojos azules mirándome fijamente.

Estaba justo ahí. Lo había evitado con la mirada, pero mi cuerpo lo había encontrado. La colisión fue leve, pero el impacto fue eléctrico. Mi mano se apoyó instintivamente en su pecho, duro y caliente, y la corriente me atravesó.

Mafia Y Amor [+18]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora